Por Sergio Manuel Heredia Tapia — Portada

Sergio Manuel Heredia Tapia

Sergio Heredia

Redactor de deportes

La leyenda que friega los baños

por la escuadra

14/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

El hombre-maratoniano dio un salto para la humanidad hace siete años: el 12 de octubre de 2019, en tiempos prepandémicos, Eliud Kipchoge rompió la barrera de las dos horas en el maratón.

Lo hizo en el Proyecto Ineos, cuando recorrió a largas zancadas el parque Prater de Viena durante un ejercicio de laboratorio tan eficiente como marketiniano, revisado al milímetro por Nike y seguido universalmente. Miles de vieneses se concentraron en las orillas del recorrido y millones de personas lo hicieron ante las televisiones y ante los ordenadores, todos excitados ante aquel momento.

(Se habla de 500 millones de espectadores a nivel global; en X, mientras Kipchoge se desayunaba un kilómetro tras otro, el episodio acaparó cinco de las siete principales tendencias globales).

Eliud Kipchoge, el domingo pasado en Melbourne
Eliud Kipchoge, el domingo pasado en Melbourne James Ross/AAP / via REUTERS

Contemplado por el mundo, Kipchoge acarició el cielo y cumplió su propósito: corrió en 1h59m40s, más rápido que nadie nunca. Y así, el mito keniano trascendió las carreras en ruta, trascendió el maratón y trascendió el deporte.

Eliud Kipchoge se convirtió en leyenda, en un atleta jerárquicamente superior, como Jesse Owens, Bob Beamon, Carl Lewis o Usain Bolt.

(Aunque él siempre ha preferido compararse con sir Roger Bannister, el caballero de la Orden del Imperio Británico que quebró la barrera de los cuatro minutos en la milla en 1954, en los tiempos del atletismo amateur, de fotografías en sepia e imágenes en blanco y negro).

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Y a partir de aquel día de 2019, Eliud Kipchoge levitó. Y filosofó.

Y tuve la oportunidad de preguntarle:

–A estas alturas de la vida, a sus 34 años, con la vida económica resuelta y la gloria en sus manos, usted sigue viviendo en el austero centro de entrenamiento de Kaptagat, a 30 km de su familia en Eldoret. Y comparte el cuarto con sus compañeros y lava los baños cuando le toca. Y solo rompe su rutina los sábados por la tarde, cuando viaja a Eldoret para ver a sus tres hijos y a su mujer, y ya en la noche del domingo vuelve al centro de trabajo. ¿Su mujer no le pide que lo deje estar ya? ¿No le dice: “Eliud, vuelve a casa y quédate con nosotros”?

Siete años después de romper las dos horas en el maratón, Kipchoge se declara uno más en Kaptagat

Y Kipchoge, entre risas, me contestó:

–Pues sí.

–¿Y entonces? ¿Por qué sigue corriendo?

–Porque quiero hacer del mundo un lugar mejor. Quiero que todos nos pongamos a correr porque un mundo que corre es un mundo más relajado y satisfecho consigo mismo.

El domingo pasado, Kipchoge ganó el maratón de Melbourne. Lo hizo en unos discretos 2h09m08s, pero sonriendo en los últimos kilómetros, pues eso es lo que ha hecho siempre cuando sufre: sonríe y así metaboliza el dolor.

Tiene 41 años. Tantos como Cristiano Ronaldo.

Hoy saldré a correr.

Sergio Manuel Heredia Tapia

Sergio Heredia

Redactor de deportes

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Licenciado en Derecho (UB) y Periodismo (UPF). En La Vanguardia desde 1995. Estuvo en Sociedad, Política y Economía. Hoy escribe retratos y columnas en Deportes. Autor de ‘Soñé que estaba vivo’ y ‘Soy un superhéroe’

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