Las zonas de los radiadores que acumulan más suciedad y cómo limpiarlas antes de encender la calefacción
Por Edu Molina — eldiario.es – eldiario.es

El polvo puede quedar oculto entre paneles, rejillas y huecos traseros durante meses, por lo que conviene retirarlo a fondo antes de la temporada de frío
Los pasos imprescindibles para comprobar si está lista la caldera para la temporada de calefacción
Con la llegada del otoño, muchos hogares empiezan a preparar la calefacción para los meses de frío. Después de permanecer apagados durante buena parte del año, los radiadores necesitan una puesta a punto antes de volver a funcionar. Además de comprobar que calientan correctamente, conviene dedicar unos minutos a limpiarlos, ya que durante ese tiempo pueden acumular polvo y pelusas en zonas poco visibles.
A simple vista, un radiador puede parecer limpio, sobre todo si la superficie exterior se repasa durante las tareas habituales de casa. Sin embargo, buena parte de los restos termina en ranuras interiores, huecos entre paneles o en el espacio que queda junto a la pared. La propia forma del aparato, con numerosos relieves y aberturas, hace que algunas partes queden fuera de una limpieza rápida.
Cuando la calefacción vuelve a ponerse en marcha, el movimiento del aire caliente puede levantar esas partículas y repartirlas por la habitación. Además, si los conductos por los que circula el aire están muy sucios, la transmisión del calor puede verse dificultada. Por eso, una limpieza más completa antes del primer encendido ayuda a dejar despejadas las zonas que intervienen en el funcionamiento del radiador. No hacen falta productos especiales, pero sí prestar atención a los puntos que normalmente pasan desapercibidos.
Las zonas de los radiadores que más suciedad acumulan
Uno de los puntos que más conviene revisar es el interior, especialmente entre las láminas y las aletas metálicas. Estas piezas ayudan a transmitir el calor al aire de la habitación, pero los pequeños huecos que quedan entre ellas favorecen que el polvo se quede atrapado. En los modelos de doble panel, el espacio central puede resultar especialmente difícil de alcanzar porque queda oculto entre ambas superficies.
La rejilla superior es otro lugar habitual de acumulación. Sus aberturas permiten que circule el aire, pero también dejan pasar pelusas hacia el interior. Algunos radiadores incorporan rejillas que pueden retirarse para acceder mejor, mientras que en otros el sistema de sujeción hace más complicado llegar a determinadas partes. Cuando sea posible desmontarla con facilidad, limpiarla por separado permite retirar mejor los restos que quedan justo debajo. En los demás casos, un cepillo largo o un accesorio estrecho puede resultar más útil que una bayeta.
La parte trasera también merece atención, sobre todo cuando el aparato está instalado muy cerca de la pared. El poco espacio disponible dificulta introducir la mano o utilizar una aspiradora convencional, por lo que el polvo puede permanecer allí durante meses. A esto se suman la zona inferior, los laterales, las válvulas y las conexiones, donde también pueden quedar pequeños restos. En algunos casos, las corrientes de aire caliente pueden dejar incluso marcas grisáceas en la pared, una señal de que el polvo se ha ido desplazando con el uso de la calefacción.
Cómo limpiar los radiadores antes de encender la calefacción
Antes de empezar, la calefacción debe estar apagada y el radiador completamente frío para evitar quemaduras. También puede colocarse una toalla vieja o un paño debajo para recoger lo que vaya cayendo. El primer paso consiste en pasar una aspiradora con una boquilla estrecha o un accesorio de cepillo suave por las aberturas superiores y los huecos accesibles. Para llegar más al fondo pueden utilizarse cepillos largos para radiadores o plumeros flexibles, introduciéndolos con cuidado para no dañar las aletas metálicas.
Otra posibilidad es recurrir a un secador de pelo con aire frío y una intensidad alta. Al dirigirlo hacia el espacio entre el radiador y la pared, parte del polvo suelto puede desplazarse hacia abajo. La toalla colocada previamente ayudará a recogerlo, aunque después conviene aspirar también el suelo. Este método resulta útil en lugares donde no cabe la boquilla de la aspiradora y puede combinarse con un cepillo alargado para desprender los restos que sigan pegados.
Una vez limpio el interior, el exterior puede repasarse con una bayeta suave ligeramente humedecida con agua templada y jabón neutro. El paño debe estar bien escurrido para evitar que el agua llegue a juntas o conexiones. Después hay que retirar cualquier resto de jabón y secar bien la superficie. No es recomendable utilizar estropajos abrasivos ni productos agresivos, ya que pueden dañar la pintura protectora. Tampoco conviene echar agua directamente por las rendijas, porque puede quedar retenida en puntos difíciles de secar.
Si se trata de un radiador eléctrico, debe permanecer desenchufado durante todo el proceso y hay que evitar que entre humedad por las aberturas de ventilación. En los sistemas de agua, si al volver a encender la calefacción aparecen ruidos de burbujeo o la parte superior sigue fría, puede ser necesario purgarlo siguiendo las instrucciones del sistema. Durante los meses de uso, una limpieza superficial periódica ayudará a retirar el polvo nuevo antes de que vuelva a acumularse en el interior y hará más sencilla la siguiente limpieza a fondo.
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