Los incas usaban coca para adornar llamas antes de enterrarlas posiblemente vivas y el hallazgo cuestiona lo contado por los cronistas españoles
Por Héctor Farrés — eldiario.es – eldiario.es

Religión andina – Una investigación arqueológica en Tambo Viejo identifica restos vegetales asociados a ceremonias de hace cinco siglos y aporta pruebas que permiten revisar las descripciones que han llegado hasta hoy
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Los cronistas españoles dejaron abundantes relatos sobre las ceremonias incas, pero existe un pequeño problema con algunos de sus testimonios: quizá nunca presenciaron aquello que describían. Esa es la sospecha de Lidio Valdez, arqueólogo peruano de la Universidad de Calgary, que investiga los sacrificios realizados en Tambo Viejo, al sur de Perú.
Los documentos coloniales hablan de hojas de coca quemadas o reunidas en ofrendas, aunque sus descripciones apenas permiten reconstruir cómo se desarrollaban esas prácticas. La falta de escritura entre los incas convirtió aquellos relatos en una referencia fundamental para estudiar su religión.
Hallan coca entre llamas sacrificadas por los incas en Perú
Una investigación publicada en la revista científica Ñawpa Pacha ha encontrado las primeras pruebas materiales del empleo ceremonial de hojas de coca en Tambo Viejo. El equipo dirigido por Valdez identificó restos de la planta adheridos a animales sacrificados hace más de cinco siglos. El descubrimiento permite revisar las versiones transmitidas por los españoles y conocer mejor una ceremonia que hasta ahora apenas podía reconstruirse mediante documentos históricos.
El asentamiento de Tambo Viejo se encuentra en el valle peruano de Acarí, donde los incas establecieron un centro provincial sobre las ruinas de una antigua población fortificada. Su construcción comenzó a principios del siglo XV, y las excavaciones arqueológicas se desarrollan desde 2018.
La arqueología permite revisar las crónicas sobre los sacrificios incas
Las investigaciones han descubierto plazas, edificios de piedra y numerosos restos animales asociados a ceremonias. La aridez del territorio ha favorecido una conservación excepcional, incluso de materiales vegetales que suelen desaparecer en otros yacimientos andinos.
La búsqueda de coca había dado resultados escasos pese a que los arqueólogos conocían su importancia dentro de las creencias incas. En investigaciones anteriores aparecieron semillas y algunas hojas almacenadas, indicios de que la planta estaba disponible en la zona.
Sin embargo, faltaba encontrarla asociada inequívocamente a una ceremonia. La oportunidad llegó en 2024, cuando los investigadores examinaron el subsuelo de un recinto denominado Estructura 4 y localizaron fragmentos vegetales atrapados entre la lana de tres llamas, una disposición que no aparecía descrita en las crónicas españolas que han llegado hasta nuestros días.
Los enterramientos revelan cómo preparaban las ofrendas animales
El descubrimiento se produjo dentro de una construcción de piedra de unos 432 metros cuadrados que contenía un depósito ceremonial cuidadosamente preparado. Los arqueólogos identificaron 44 llamas en el recinto, nueve de ellas agrupadas en una esquina. Varias conservaban borlas de colores, collares y marcas de pintura roja en la cara. Sus patas estaban dobladas y sujetas con cuerdas, una disposición que los investigadores relacionan con el sacrificio ritual.
La disposición de los restos permite reconstruir varias acciones realizadas antes de que el recinto quedara definitivamente cerrado bajo un pavimento de arcilla. Sobre las llamas se extendió arena limpia procedente del río y después se colocaron cuatro cobayas, cubiertas también con arena.
La colocación de camélidos adornados, pequeños mamíferos, sedimentos fluviales y una hoguera permite reconstruir distintas actuaciones
Encima se encendió una hoguera, aunque todavía se desconoce si allí ardieron hojas de coca. Los análisis indican que predominaban los animales jóvenes y que apenas presentaban lesiones, por lo que el equipo considera posible que murieran asfixiados durante el enterramiento.
Las ofrendas animales formaban parte de las relaciones religiosas que los incas establecían con las divinidades vinculadas a los territorios conquistados. Su expansión exigía consolidar la autoridad sobre poblaciones que no siempre aceptaban a los nuevos gobernantes. Los matrimonios políticos, los banquetes y las ceremonias contribuían a ese propósito.
Según las dataciones por radiocarbono, los sacrificios estudiados se realizaron entre 1450 y 1500, antes de levantar los primeros edificios de aquel emplazamiento, circunstancia que apunta a una ceremonia destinada a obtener el favor de los espíritus locales.
La coca conserva su importancia para comprender la religión andina
La interpretación religiosa de la coca también tiene consecuencias para comprender el tratamiento que recibió esta planta después de la conquista española. Las autoridades coloniales condenaron su utilización en 1569, y su asociación con prácticas perseguidas ha perdurado posteriormente.
Valdez defiende que los hallazgos arqueológicos ayuden a reconsiderar esa valoración histórica. La coca ocupaba un lugar importante en las sociedades andinas mucho antes de la llegada de los europeos, y su presencia en estas ofrendas documenta una relación cultural que sobrevivió al paso de los siglos.
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