La maratón olímpica de 1904: la carrera más caótica de la historia que acabó con un atleta en coche y otro dopado

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Por Laura Cuesta — eldiario.es – eldiario.es

La maratón olímpica de 1904: la carrera más caótica de la historia que acabó con un atleta en coche y otro dopado

Las trampas y las condiciones extremas fueron las protagonistas en esta competición de los primeros Juegos Olímpicos celebrados en Estados Unidos

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Los Juegos Olímpicos modernos apenas llevaban ocho años de historia cuando, en el verano de 1904, cruzaron por primera vez el Atlántico para celebrarse en Estados Unidos. La ciudad elegida fue San Luis, en Misuri, donde se consiguió reunir a unos 600 deportistas, en su inmensa mayoría estadounidenses. 

Entre las pruebas que se celebraron estaba, como no podía ser de otra manera, la popular maratón, una de las disciplinas más exigentes del atletismo que aquel año, sin embargo, quedó relegada a un segundo plano. Apenas 32 hombres participaron en la carrera, pero esto no fue lo más llamativo de la competición. 

La maratón de 1904 fue una de las más caóticas de toda la historia de las Olimpiadas, y todo empezó con sus condiciones. La carrera se disputó el 30 de agosto, con temperaturas que rondaban los 32 grados y un recorrido de unos 40 kilómetros por caminos sin asfaltar que incluía colinas con grandes y exigentes pendientes.

Una de las fotos tomadas durante la carrera de 1904.

Una de las fotos tomadas durante la carrera de 1904.

Los coches que transportaban a los entrenadores y a los médicos circulaban junto a los corredores, levantando polvo y provocando ataques de tos a los deportistas, y a esto se sumó el problema del agua. Los organizadores habilitaron un único punto oficial para beber, situado aproximadamente a los 19 kilómetros, por lo que los corredores tuvieron que correr la mitad de la carrera prácticamente sin hidratarse.

El caos del final

Uno de los episodios más insólitos de la carrera lo protagonizó el estadounidense Fred Lorz. Después de correr unos 14 kilómetros, empezó a sufrir calambres y decidió abandonar la carrera pero, en lugar de retirarse definitivamente, se subió a un coche y recorrió en él buena parte del recorrido. 

Cuando el coche sufrió una avería, el hombre se bajó del vehículo, volvió a correr y cruzó la meta como si hubiera completado la maratón. Había completado la carrera en apenas 3 horas y 13 minutos, un logro que el público recibió entre aplausos, aunque pronto se empezó a sospechar que Lorz había mentido. Él mismo acabó confesando que había hecho trampas y que se trataba de no más que una broma.

Mientras se descubría el engaño, el verdadero ganador, Thomas Hicks, avanzaba hacia la meta. Estaba tan exhausto que iba acompañado de sus entrenadores, que lo animaron a continuar la carrera hasta el final cuando el corredor les insinuó sus intenciones de abandonar. Pero estos no solo le dieron ánimos, también le fueron administrando pequeñas dosis de estricnina, una sustancia tóxica que entonces se utilizaba como veneno para ratas, mezclada con clara de huevo y acompañada de brandy.

Solo 14 de los 32 corredores consiguieron cruzar la línea de meta aquel 30 de agosto de 1904. Hicks y Lorz volvieron a encontrarse en la maratón de Boston al año siguiente, que Lorz ganó, esta vez, sin ninguna ayuda extra.

Fonte: eldiario.es – eldiario.es

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