La última oportunidad
Por Lara Hernández — eldiario.es – eldiario.es

A día de hoy, hay algo claro: las organizaciones políticas de Sumar, Podemos y otras no van a tener una segunda oportunidad. La cuestión es muy clara: el 29 de noviembre, ¿va a haber una o varias candidaturas de la izquierda. ¿Vamos a sintonizar con la calle o no?
Ha llegado la hora.
Esta puede ser nuestra última oportunidad y tenemos que estar a la altura del momento histórico que nos ha tocado vivir. Llevamos mucho tiempo hablando y discutiendo: en los despachos, en los discursos, en las redes sociales… no estamos ante una época de cambio, estamos ante un cambio de época. Para muestra un botón: el ascenso de la extrema derecha en los países del entorno europeo, la amenaza constante de la guerra que inunda las portadas de los medios de comunicación internacionales, la necesaria defensa de la paz, la carestía de la vida y la emergencia habitacional, el problema de los salarios, etc… la imposibilidad en definitiva, de gestar proyectos de vida individuales y colectivos sobre la base de la certeza y la seguridad material. De todo ello tenemos que hacernos cargo, tiene que hacerse cargo la izquierda en todas sus declinaciones: sindical, estudiantil, ecologista, movimientista y también política.
Las calles han hablado y lo han hecho con fuerza y con contundencia. Las manifestaciones por la vivienda no solo claman por garantizar un derecho tan básico como es el poder acceder a un techo, sino que han puesto encima de la mesa el regreso de la política en mayúsculas. Ocho años de gobierno de coalición progresista, desgastan. Es una cuestión de pura aritmética, como así lo ha demostrado la propia aritmética parlamentaria en esta última legislatura: hacer políticas de izquierdas en el Consejo de ministros choca con un hemiciclo de tendencia claramente conservadora.
Esto, sin duda, junto con otros factores de tipo sociológico, ha llevado a un desgaste del espacio de la izquierda estatal que se traduce en una desafección hacia la política institucional en un electorado, el progresista, que es sin duda, exigente. Pero no todo está perdido. Tenemos una última oportunidad y eludiendo cualquier pesimismo que invite a la inacción, sí es cierto que ha llegado el momento de aplicar la máxima gramsciana con más fuerza que nunca: ha llegado la hora del optimismo de la voluntad frente al pesimismo de la inteligencia.
Por eso, el próximo 29 de noviembre nos jugamos mucho y nos lo jugamos de verdad: no se trata solo de defender y blindar las conquistas sociales y materiales de los últimos ocho años, no se trata solo de seguir empujando por garantizar las subidas del SMI, los permisos de crianza, la reforma laboral que blinda los contratos indefinidos, no se trata solo de situar en el centro de la conversación pública de una vez por todas, el derecho a la vivienda, se trata de defender la democracia con todas sus letras. No en balde en la acampada de Sol no solo se escuchan proclamas en pro de la defensa del artículo 47 de la Constitución, sino que los cánticos antifascistas y en favor de la democracia se mezclan y susurran como un bajo continuo que lo une todo. Democracia frente a fascismo. Derechos humanos frente a barbarie.
La papeleta que en la próxima cita electoral lleve el nombre de Frente Amplio, no nos llamemos a engaños, muestra hasta ahora una clara tendencia a la baja en todas las encuestas que se han ido realizando en el último periodo… eppur si muove. No está escrito que deba continuar así. Podemos revertirlo. Han sido muchos meses, algo más de un año ya desde aquella reunión telemática en la que personas de IU, Comuns, MM y Movimiento Sumar constituimos el espacio de dirección política de la coalición. Era el último eslabón de la cadena que quedaba por armar: había un consejo de ministros, un grupo parlamentario con su dirección pero teníamos una asignatura pendiente, la de los partidos políticos. Han sido muchos meses de un trabajo silencioso, discreto, pero público a su vez, que de una manera honesta y leal ha ido tejiendo poco a poco el horizonte de la tan manida unidad de la izquierda.
Pero esta no es la historia de Penélope que tejía de día y destejía de noche: el telar está a punto de ser finalizado y la clave de bóveda de su éxito residirá en la capacidad que tengan estas formaciones políticas y sus dirigentes de anteponer los intereses del país, los intereses de la ciudadanía a los suyos propios.
La tarea es ardua, propia de años, no de meses, pero la confianza del pueblo progresista, de las personas que vemos el vaso medio lleno es a día de hoy total. Después del 29N vendrán otros debates no de menor calado, ¿es necesario repensar las fórmulas organizativas clásicas en el espacio de la izquierda? ¿Es necesario abordar el urgente relevo generacional? Tengo respuestas para todas estas cuestiones. Pero a día de hoy, hay algo claro: las organizaciones políticas de Sumar, Podemos y otras no van a tener una segunda oportunidad. La cuestión es muy clara: el 29 de noviembre, ¿va a haber una o varias candidaturas de la izquierda. ¿Vamos a sintonizar con la calle o no? ¿Vamos a frustrar las esperanzas despertadas en millones de personas o vamos a materializarlas? La responsabilidad, en momentos históricos, tiene nombres y apellidos. En sus manos y no en otras, está.
Y, sÍ me reafirmo, esta es nuestra última oportunidad.
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