Fortaleza musulmana del siglo XIII, este castillo pertenece a un auténtico pueblo fortificado de calles empedradas y casas tradicionales
Por Alberto Gómez — eldiario.es – eldiario.es

Los elementos de clara impronta islámica del Castillo de Castellar, en la provincia de Cádiz, reflejan la maestría constructiva militar y justifican su declaración como Bien de Interés Cultural
Construido en el siglo XVIII con forma de U, este palacio fue regalado a Sissi y es uno de los monumentos más grandes de este país
El curioso castillo extremeño pero de estilo italiano que fue una cárcel y que hoy se mantiene en pie en un pueblo abandonado
En lo más alto de un cerro de laderas escarpadas, en pleno Parque Natural de Los Alcornocales, uno puede admirar el Castillo de Castellar como testimonio vivo del pasado medieval gaditano. Estratégicamente situado entre los ríos Guadarranque y Hozgarganta, este enclave ofrece una panorámica sobre la masa forestal, la bahía de Algeciras, Gibraltar y hasta la costa norteafricana. Desde su emplazamiento, el visitante descubre no solo una estructura defensiva, sino una fortaleza habitada donde el tiempo parece haberse detenido. Su impresionante perspectiva explica la relevancia geopolítica que ostentó durante siglos la comarca del Campo de Gibraltar.
Los orígenes documentados de esta majestuosa edificación árabe de la provincia de Cádiz se remontan al siglo XIII, época en la que fue concebida como baluarte defensivo para la taifa de Algeciras y el reino nazarí de Granada. Su misión principal consistía en vigilar las rutas comerciales y militares del Estrecho de Gibraltar frente a las incursiones enemigas. El recinto fronterizo formaba parte de una amplia red de fortalezas diseñadas para salvaguardar los accesos del territorio andalusí. A lo largo de la Edad Media, la guarnición islámica mantuvo el control de este punto estratégico, aprovechando la escarpadura natural del terreno para repeler ataques y consolidar el dominio musulmán.
Tras la conquista cristiana efectuada en el siglo XV por Juan de Saavedra para la corona de Castilla, la fortaleza redefinió su uso defensivo dentro del esquema señorial. La propiedad del castillo y sus tierras colindantes quedó vinculada a los condes de Castellar, integrándose más tarde en el patrimonio de la casa ducal de Medinaceli. Durante este periodo, la estructura militar sufrió diversas modificaciones adaptativas sin perder su esencia. La historia del recinto estuvo marcada por pleitos e importantes transformaciones sociales hasta que, bien entrado el siglo XX, parte de sus dominios pasaron a titularidad pública y comunal.
Tras una etapa de deterioro, las actuaciones de rehabilitación y restauración pública lograron rescatar el patrimonio histórico
Desde la distancia, la arquitectura exterior del conjunto impresiona por su planta de geometría irregular adaptada a la orografía de la cumbre. El sólido recinto amurallado combina lienzos de mampostería y tapial reforzados con cubos, barbacanas y varias torres de flanqueo. El acceso principal se realiza atravesando una imponente puerta en recodo, pertrechada con saeteras defensivas y enmarcada por arcos peraltados y de herradura. Estos elementos de clara impronta islámica reflejan la maestría constructiva militar y justifican su declaración como Bien de Interés Cultural en el año 1949.
Al cruzar la histórica puerta de entrada y superar el pequeño patio de armas, se revela el gran tesoro de Castellar: un auténtico pueblo fortificado que pervive dentro de las murallas. Sus calles empedradas, estrechas y sinuosas discurren entre viviendas tradicionales de fachadas encaladas y adornadas con vistosas macetas de flores. Este trazado urbano de influencia islámica ofrece una atmósfera tranquila donde las galerías de arte y talleres artesanales se entrelazan con la vida cotidiana. La combinación entre la piedra defensiva y la blancura tradicional convierte cada rincón en un escenario repleto de encanto y memoria.
Entre las edificaciones más destacadas que articulan el núcleo histórico sobresale el alcázar de los condes de Castellar, presidido por la emblemática Torre del Homenaje que hoy alberga instalaciones hoteleras. Junto al alcázar se sitúan el antiguo ayuntamiento y la iglesia del Divino Salvador, templo de sobrio estilo barroco comunicado con el palacio mediante un pasadizo denominado algorfa. El recorrido urbano incluye asimismo el histórico aljibe medieval y lugares cargados de simbolismo como el Balcón de los Enamorados, mirador legendario sobre el embalse del Guadarranque que regala panorámicas de inigualable belleza.
Nueva localidad
El devenir del siglo XX trajo consigo profundas transformaciones demográficas derivadas de la falta de espacio para la expansión urbana dentro del perímetro fortificado. En la década de 1970 se planificó la creación de Castellar Nuevo en el llano, propiciando el traslado de numerosa población local hacia la nueva localidad. Tras una etapa de deterioro progresivo, las rigurosas actuaciones de rehabilitación y restauración pública lograron rescatar el patrimonio histórico del caserío. La reconversión de antiguas viviendas en espacios culturales y alojamientos turísticos garantizó la sostenibilidad del recinto sin alterar su autenticidad.
Actualmente, Castellar de la Frontera se erige como una joya patrimonial de valor incalculable e integrado en la red de los Pueblos Más Bonitos de España desde el año 2019. Su modélico proceso de conservación demuestra la viabilidad de armonizar la protección del patrimonio medieval con el dinamismo turístico y cultural contemporáneo. Visitar esta fortaleza musulmana supone sumergirse de lleno en la historia viva de Andalucía, recorriendo un enclave donde cada piedra relata siglos de historia. El perfecto estado de sus murallas y el cuidado de sus vecinos aseguran la salvaguarda de este legado histórico.
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