Illa aprieta a Moncloa para salvar la gigafactoría // Oliu: de Caixa a caja y sigo porque me toca

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Por Manuel Pérez Arias — Portada

Manuel Pérez Arias

Manel Pérez

Adjunto al director

Illa aprieta a Moncloa para salvar la red eléctrica y la gigafactoría // Oliu: de Caixa a caja y sigo porque me toca

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12/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Prisa eléctrica. Una de las consecuencias de la disolución de las Cortes por el adelanto electoral es que han decaído hasta 300 iniciativas parlamentarias que están en tramitación. El Gobierno de Pedro Sánchez ha aprobado dos decretos ley en materia de vivienda cuyo rechazo en el Congreso desencadenó la convocatoria electoral y que se tramitarán por vía de urgencia para su aprobación en la diputación permanente del Congreso, en la que los votos de Junts no son necesarios para que la iniciativa salga adelante.

En el caso de Catalunya, dos de los expedientes más relevantes que han quedado en la cuneta han sido el nuevo modelo de financiación autonómica y la quita del Fondo de Liquidez Autonómico (FLA), que abarca la deuda de las comunidades autónomas con el Estado, y con la que la Generalitat esperaba ahorrar hasta un total de 1.500 millones de euros en intereses.

Salvador Illa 
Salvador Illa  Joan Mateu Parra / Shooting

Pero otro expediente que el Govern de Salvador Illa considera muy importante es la planificación de la red de transporte eléctrico, que implica unas inversiones de 17.140 millones de euros y que prevé la creación de hasta 791 nuevas posiciones, puntos de distribución en subestaciones eléctricas, tanto para nueva demanda de distribución como para conexión directa. De las 300 posiciones en distribución, a Catalunya le corresponden 40. Son inversiones cruciales que afectan al consumo urbano y al suministro a nuevos parques de viviendas, la industria o el transporte. Y la descarbonización energética. La planificación de ese nuevo mapa ha correspondido a la Conselleria de Territori, Habitatge i Transició Ecològica, que dirige Sílvia Paneque, y a su director general, Daniel Pérez. También ha intervenido el conseller de la Presidencia, Albert Dalmau ,en temas relacionados con la gigafactoría y el puerto de Barcelona.

Uno de los proyectos que necesita tener asegurada esa capacidad eléctrica adicional es la futura gigafactoría de Móra la Nova, que la Unión Europea adjudicará a partir del 3 de diciembre. La primera fase, que requiere 54 megawatios, ya está asegurada. Pero para la segunda, en torno al 2030-2032, serán necesarios 125. Y para ello es esencial que el mencionado plan se haya aprobado con adelanto suficiente.

Y en el Govern temen que, si no se aprueba ya el diseño de un nuevo plan, esos desarrollos queden en manos de un futuro gobierno cuyo color ahora no se conoce, pero que podría ser del PP en coalición con Vox. Por eso Illa está interviniendo activamente, en contacto con el presidente del Gobierno y el jefe de su oficina económica, Manuel de la Rocha, para que se finalice su tramitación. Al ser un real decreto, sin el carácter de ley, se trata simplemente de informar a la comisión permanente del Congreso, no se requiere la aprobación, y esto se podría hacer hasta prácticamente el último día hábil antes de las elecciones del 29 de ­noviembre.

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Mientras en Madrid algunos financieros calenturientos especulaban con la idea de que un posible nuevo gobierno de la derecha podía reabrir el desembarco del BBVA en el Sabadell, la cúpula de este respira aliviada tras el acuerdo de entrada en su capital del grupo francés BPCE, que podría alcanzar el 10%. El presidente de la entidad catalana, Josep Oliu, es un especialista en articular alianzas con inversores para seguir manteniendo la independencia accionarial del banco.

Oliu estrenó su presidencia, hace la friolera de 26 años, con un acuerdo estratégico con La Caixa, que entonces presidía Josep Vilarasau, recientemente fallecido. Esta última pasaba a ser accionista del primero, con un 15%. Este pacto era el paso previo a la salida a bolsa del banco vallesano. Aspiración inveterada de Oliu que, sin embargo, exponía al banco a un desembarco hostil si no tenía un núcleo duro con el control de una parte importante del capital. Ese fue el papel que jugó La Caixa hasta su marcha, cuando vendió las acciones, a finales del 2006, con unas plusvalías de cine de más de 650 millones.

Después se constituyó un núcleo de accionistas de burgueses de Barcelona – Isak Andic (Mango), José Manuel Lara (Planeta) y Joaquín Folch-Rusiñol (Titan), entre otros– que sufrieron cuantiosas pérdidas cuando estalló la burbuja inmobiliaria y financiera en el 2008.

Ese grupo se descompuso –por la vía de la ruina de su inversión– y dejó al Sabadell sin escudo en el caso de que alguien ajeno a su equipo directivo, descendiente de las familias fundadoras, quisiera quedárselo a buen precio.

Josep Oliu 
Josep Oliu  Nacho Vera / Propias

Durante bastantes años, que a Oliu se le debieron hacer muy largos, intentó engordar el balance para que el trago fuera lo más indigesto posible al eventual tiburón. Y en un juego de seducción y picardía fue sorteando las varias acometidas que recibió para abrir las puertas del Sabadell a compradores no invitados.

Hubo contactos con el Popular, el banco del Opus Dei, cuando aún gozaba de la fama de ser el más rentable del mundo. También con el sucesor de Vilarasau al frente de La Caixa, ya convertida en CaixaBank, Isidro Fainé. Este creyó haber alcanzado con Oliu un acuerdo verbal de fusión mientras el primero estaba simplemente organizando la resistencia. Otro tanto ocurrió con Carlos Torres, el presidente del BBVA, en las dos acometidas negociadoras fallidas, hasta que este decidió dar el osado salto a la opa hostil, saldado con un fracaso que ya forma parte de los anales de la historia económica ­española.

Ahora, Oliu parece haber vuelto a los orígenes. El BPCE es un banco propiedad, a partes iguales, de cajas de ahorros y cooperativas. Como lo era La Caixa de los primeros 2000. El francés está menos acosado por la presión financiera que supone cotizar en bolsa; como también lo era La Caixa en los años de Vilarasau. En fin. un socio tranquilo, con una experiencia bancaria menos agresiva que la del catalán y que dará a este cobertura sin la ambición de mandar en casa ajena. Algo que Vilarasau no tenía tan ­claro.

Manuel Pérez Arias

Manel Pérez

Adjunto al director

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Adjunto al director de La Vanguardia. Periodista especializado en información económica

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