‘Per Barcelona’, las memorias nada convencionales de Lluís Permanyer

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Por Àlex Tort Sagués — Portada

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El último manuscrito del mejor cronista de Barcelona

Un año después de la muerte del periodista, Destino publica un libro póstumo, testimonio de su estima a la ciudad

Lea aquí dos extractos de la publicación

Lluís Permanyer retratado en el 2011 sobre el mosaico de Joan Miró de la Rambla de Barcelona 

Lluís Permanyer retratado en el 2011 sobre el mosaico de Joan Miró de la Rambla de Barcelona 

Roser Vilallonga / Archivo

Àlex Tort Sagués

Àlex Tort

Barcelona

11/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Le daba reparo y no estaba del todo convencido, porque si hacía unas memorias tendría que hablar mal de ciertas personas y de muchas cosas que a veces no serían agradables de explicar”. Finalmente el periodista Lluís Permanyer las escribió y las entregó, tal como explica su hijo Marc. Poco después de pasarlas a la editorial, el reconocido cronista de Barcelona de La Vanguardia murió. No las pudo ver publicadas.

Es ahora, coincidiendo con el primer aniversario de su muerte a los 86 años, que Destino las publica póstumamente con el título Per Barcelona , a la venta a partir del miércoles. Con todo, las cerca de trescientas páginas del libro no son unas memorias convencionales, porque no hay detalles de infancia, de juventud, y casi nada de su vida cotidiana. Al contrario, el interés de Lluís Permanyer fue dar cuenta de su relación con Barcelona a través de la recopilación de anécdotas e historias con gente conocida y con caché de la ciudad.

Y todo eso se da sobre todo a partir de 1987, cuando pensó que “sería más útil” en La Vanguardia “como cronista barcelonés” después de 22 años en la sección de Internacional del diario.

Lluís Permanyer con Antoni Tàpies, en su estudio de Barcelona. 
Lluís Permanyer con Antoni Tàpies, en su estudio de Barcelona.  Familia Permanyer

“El director me comentó que esperaba que mis crónicas sobre los plenos municipales fueran las mejores; le repliqué que deseaba no entrar en política, porque mi propósito era mantener el perfil de opinante independiente para estar siempre a favor de la ciudad”, escribe Permanyer. Esta actitud es la que le permitió, incluso, modelar Barcelona con sus artículos, como si se tratara del más afanoso arquitecto o urbanista, profesando la máxima estima a su ciudad. De hecho, puede decirse que Permanyer extraoficialmente se convirtió el máximo exponente de aquella campaña emprendida por el Ayuntamiento en diferentes etapas: “Barcelona, posa’t guapa”.

El libro recoge vivencias sobre todo desde 1987, cuando pasa de la sección de Internacional a cronista de Barcelona

Esta capacidad de modelar la ciudad la explica su hijo: “La fuerza de sus artículos era evidente, no era lo mismo que denunciara o sugiriera él algo, que lo hiciera otro periodista”. Y vaya si provocaba cambios.

Lluís Permanyer da ejemplos a espuertas en el libro. Gracias en buena parte a sus escritos, pero también a su intermediación y amistad con grandes artistas y personalidades, entre otras consecuciones están la apertura al público el jardín del Palau Robert, el sí de Chillida a que lucieran obras suyas en Barcelona, como Elogio del agua en la Creueta del Coll (“Lluís, estoy en deuda contigo”, le dijo el entonces alcalde Pasqual Maragall), o que se dedique una plaza a George Orwell.

Lluís Permanyer (d) con Joan Miró (izq.), en su estudio de Son Boter (Mallorca)
Lluís Permanyer (d) con Joan Miró (izq.), en su estudio de Son Boter (Mallorca) Familia Permanyer

En Per Barcelona también explica que se dedicó en cuerpo y alma a hacer de Cicerón a Stephen Hawking por Barcelona, con el fin de que pronunciara el discurso de apertura de los Juegos Paralímpicos. Había rehusado hacerlo en 1988 en Seúl. Permanyer, en cambio, se salió con la suya.

La firma de Permanyer tenía valía y era escuchada. “Escriba, escriba y proteste, a usted le harán caso”, dice Lluís Permanyer que le insistió una señora mayor ante las casi siempre sin funcionar escaleras mecánicas que remontan hacia el MNAC y Montjuïc.

“Lluís, estoy en deuda contigo”, le dijo Maragall por ayudar a que Chillida trajera obra suya a la ciudad

A veces, incluso, no era necesario escribir. En ocasiones, asegura a Permanyer, le ha ido mejor el teléfono para explicar el caso. “La mayoría de las veces, la conversación acababa así: ‘Mire, señor Permanyer, no publique nada y ya lo arreglaremos”, explica en el capítulo La solució dialogada .

Los responsables municipales de urbanismo como Oriol Bohigas o Josep Acebillo y todos los alcaldes le escuchaban. Pero también hubo fracasos. El periodista lo reconoce sin tapujos escribiendo “ FRACASOS”, así, en mayúsculas, con la palabra sola en la página 225 para anunciar lo que se encontrará el lector a partir de entonces: por ejemplo, la petición de retirar “la horrorosa” cabina de teléfono de delante de la casa Amatller no es atendida; su propuesta de añadir el nombre de Miró o Gaudí para el aeropuerto de E l Prat quedó en agua de borrajas ante la idea de ponerle Josep Tarradellas, “un localismo que no aporta nada”. Opina en La Rambla: deixin pas! que cualquier obstáculo que impida pasear a los peatones “resulta inaceptable y tiene que ser eliminado”. “Por ejemplo, el llamado Maradona con sus filigranas en el dominio del balón o las esculturas humanas, no por ocupar sitio excesivo, sino por formarse a su alrededor un círculo enorme de mirones y obstaculizar, ellos sí, el heredado rito contagioso de pasear, tan mediterráneo, atractivo y sensual,” escribe. La problemática continúa vigente hoy.

Eduardo Chillida y Lluís Permanyer, en la Fundació Miró con motivo de una exposición del artista. 
Eduardo Chillida y Lluís Permanyer, en la Fundació Miró con motivo de una exposición del artista.  Familia Permanyer

Y sí. Lo que temía hacer al escribir estas nada convencionales memorias, lo de hablar mal de alguien, Permanyer lo cumple. De Ada Colau dice que ha sido “la peor alcaldesa”; a Jordi Pujol le critica su estilo “orden y mando”, sobre todo cuando decidió que el monumento a Francesc Macià se situara en la plaza Catalunya y que tenía que ser obra del escultor Josep Maria Subirachs.

Sea como fuere, el resultado es un libro formado por vivencias que son de los mejores testimonios de cómo ha acariciado a Barcelona. Pero también de cómo habría sufrido su paisaje urbano si Permanyer no hubiera puesto a disposición de las autoridades su conocimiento de la ciudad.

“La mayoría de veces, la conversación acababa así: ‘Mire, señor Permanyer, no publique nada y ya lo arreglaremos’”

Los capítulos no siguen un orden cronológico ni temático. Salta de una cuestión a otra. Tampoco tenían orden los paseos que Permanyer daba con sus hijos. “Ibas caminando por la ciudad y constantemente te explicaba cosas”, subraya Marc. “Mira, aquí vivía tal, o aquí sucedió esta historia o esta anécdota. Era un no parar. Ibas con él a pie a todas partes. Era como ir con un guía permanente, un especialista en Barcelona”.

Los paseos familiares se han acabado. Y probablemente no habrá más textos de Permanyer que salgan a la luz. “Creo que no queda nada más de él por publicar”, dice Marc. Leer Per Barcelona es, pues, otro adiós a Lluís Permanyer.

Àlex Tort Sagués

Àlex Tort

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Redactor de Cultura. Estuvo en Política del 2014 al 2025. En La Vanguardia desde el 2007, anteriormente colaboró en El País. Licenciado en Humanidades y en Periodismo por la UPF

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