Michael Ironside: “Los actores no nos jubilamos, simplemente deja de sonar el teléfono”
Por Aitziber Azpeitia González — Portada
Michael Ironside: “Los actores no nos jubilamos, simplemente deja de sonar el teléfono”
Festival de Cine Fantástico
El inolvidable villano de ‘Scanners’ regresa a Sitges junto a su hija Findlay, que presenta un cortometraje de terror sobre la tiranía del cuerpo perfecto

Michael y Findlay Ironside en Sitges
A. Azpeitia

10/10/2026 13:59 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Michael Ironside tiene 76 años, cuatro películas pendientes de estreno y otras tres o cuatro que espera rodar el próximo año. No parece tener ninguna intención de detenerse. “Los actores no nos jubilamos, simplemente deja de sonar el teléfono”, sentencia con esa voz grave que durante décadas ha servido para intimidar a medio Hollywood. Pero esta vez no ha venido a Sitges para interpretar a uno de esos tipos duros que lo convirtieron en un rostro imprescindible del cine fantástico. El protagonismo le corresponde a su hija Findlay, que presenta el cortometraje Something Borrowed como directora en la sección oficial a concurso del festival. Y él, al menos sobre el papel, ha venido a acompañarla.
La situación tiene su gracia. Ironside, que ya recibió un homenaje retrospectivo del festival en 2004 y el premio Máquina del Tiempo en 2011, está acostumbrado a ser el centro de atención. Pero esta vez le toca escuchar. Mientras Findlay empieza a explicar su cortometraje, alguien pasa cerca hablando por teléfono y su voz interfiere en la entrevista. El actor no se anda con contemplaciones y le suelta un rotundo ”Fuck off!”. La interrupción provoca las risas y permite descubrir a un Ironside inesperadamente protector. “¡Un poco de respeto, que está hablando la directora!”, añadimos, siguiendo la broma. Findlay, divertida, retoma la palabra.
Something Borrowed parte de una premisa tan disparatada como inquietante. Es la mañana de su boda y una novia descubre que no consigue entrar en su magnífico vestido. Pero, en lugar de resignarse, decide tomar medidas drásticas: armada con una especie de aspirador manual, comienza a extraerse grasa del cuerpo hasta que se le va la mano. Ahora el vestido le queda demasiado grande y, para solucionar el desastre, no le queda más remedio que hacer el camino inverso. Sí, volver a introducirse la grasa que se había quitado. Una pesadilla de terror corporal que lleva hasta el absurdo —y las vísceras— la obsesión por alcanzar un ideal de belleza imposible.
La idea surgió de una conversación con Natalia, su maquilladora y coguionista. Querían trabajar juntas, hacer algo barato y concentrar la acción en una sola habitación y un único personaje. De esas limitaciones nació una historia que convierte los preparativos de una boda en una auténtica carnicería. “No creo que el tema de la imagen corporal sea nuevo, pero queríamos encontrar otra manera de abordarlo. Nunca habíamos visto a nadie hacerse una liposucción a la inversa”, explica Findlay, divertida.
Queríamos explorar las cosas horribles que las mujeres podemos llegar a hacernos en privado por la presión sobre nuestro cuerpo”
Findlay Ironside
Cineasta
Sin embargo, detrás de la ocurrencia macabra hay una reflexión bastante menos disparatada. “Hablamos mucho de cómo las redes sociales nos juzgan y nos destrozamos unos a otros públicamente, pero queríamos explorar lo que hacemos en privado. Todas esas cosas horribles por las que puedes pasar a solas, porque ni siquiera quieres admitir ante los demás cómo te sientes con tu propio cuerpo”.
La directora ha rodado tres cortometrajes y prepara otro para diciembre, mientras trabaja con la esperanza de dar el salto al largometraje el próximo año. Y aquí surge una posibilidad de lo más tentadora. En un año en el que películas como Valor sentimental, de Joachim Trier, y El ser querido, de Rodrigo Sorogoyen, han explorado las complejas relaciones entre padres cineastas e hijas actrices, ¿por qué no darle la vuelta a la situación? ¿Por qué no rodar una película en la que sea la hija quien dirija a su padre? Y no a un padre cualquiera, sino al mismísimo Michael Ironside.
“Por supuesto que lo contrataría -responde Findlay sin vacilar-, pero no quiero forzarlo”.
Ironside, que ha seguido la conversación con una sonrisa, interviene de inmediato: “Me lo creeré cuando reciba la oferta”.

La broma da paso a una pequeña lección de cine. Para él, un personaje no debería escribirse pensando en una estrella concreta, sino construirse primero y encontrar después al intérprete capaz de darle vida. ¿Y sería fácil dirigirlo? “Soy un buen actor. Estoy muy bien preparado”, responde sin falsa modestia.
Su teoría sobre la dirección es aparentemente sencilla: escoger el material adecuado, saber qué se quiere contar y acertar con el reparto. Una vez conseguido eso, asegura, las indicaciones pueden reducirse a cuatro palabras: más rápido, más lento, más suave o más fuerte. Después llegará el montaje.
Findlay escucha, asiente y aporta su propia experiencia. A menudo, explica, ve películas en las que todos los actores trabajan bien, pero parecen pertenecer a historias distintas. El problema no es necesariamente su talento, sino la falta de una visión conjunta. Su padre está de acuerdo. Y recurre a una comparación musical: “Puedes tener un trombón, un violín y una flauta. Todos son instrumentos estupendos, pero quizá la música estaba escrita para dos violines y un flautín”.
La conversación deriva entonces hacia uno de los grandes problemas de la industria: la obligación de contratar determinados nombres para garantizar la financiación o la distribución. Ironside asegura haber participado en producciones en las que esas imposiciones terminaron perjudicando la historia. No da nombres, pero cualquiera que haya visto una película con un protagonista manifiestamente equivocado sabe de qué está hablando.
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Findlay conoce bien las dificultades de levantar un proyecto. Su cortometraje costó unos 15.000 dólares canadienses, aproximadamente 10.000 euros. Recibió una ayuda de 12.000 dólares del Toronto Arts Council y el resto lo aportaron ella y su productora, Amanda, además de contar con los favores de numerosos profesionales. Rodaron en febrero, en pleno invierno canadiense, cuando la actividad cinematográfica escasea y muchos compañeros estaban disponibles para echar una mano.
Reconoce que Canadá dispone de programas de ayudas interesantes, pero también que conseguirlos es una carrera tremendamente competitiva. Y aunque percibe una voluntad creciente de impulsar a las mujeres y sus propuestas dentro del fantástico, el acceso a los grandes presupuestos sigue siendo otra historia.
La conversación enlaza inevitablemente con Woman in Fan, la iniciativa del Festival de Sitges para reivindicar el papel de las mujeres en el género. Findlay escucha con interés las dificultades que otras directoras han denunciado para conseguir que la industria confíe en ellas. Tal vez algún día regrese a Sitges con un largometraje capaz de inaugurar el festival. “Sería realmente increíble”, admite.
‘Scanners’, 45 años de culto
Mientras tanto, su padre ya sabe lo que significa regresar a un lugar donde las películas parecen negarse a envejecer.
Han pasado 45 años desde el estreno de Scanners, la película de David Cronenberg que convirtió a Ironside en uno de los villanos más perturbadores del cine fantástico. ¿Imaginó entonces que seguiríamos hablando de ella casi medio siglo después?
“En absoluto”, responde. Y enseguida desplaza el mérito hacia el director. “David Cronenberg es un maestro contando historias”.
Ironside ha tenido la fortuna de trabajar con cineastas como Cronenberg, Paul Verhoeven o Walter Hill, autores con una personalidad tan definida que sus películas siguen provocando conversaciones décadas después. Y pone como ejemplo Starship Troopers, la feroz sátira militarista de Verhoeven que buena parte del público y la crítica no supieron interpretar cuando llegó a los cines en 1997.
“Recuerdo entrevistas en las que me preguntaban por qué habíamos aceptado participar en una película nazi. Y yo les decía: ¿pero habéis visto la misma película que yo?”.
Entonces recupera una de las imágenes más delirantes del filme: Neil Patrick Harris, el antiguo protagonista de Un médico precoz, vestido con un uniforme de inequívocas resonancias nazis, introduciendo la mano en el cuerpo de un insecto alienígena y anunciando que la criatura tiene miedo, mientras todo el mundo aplaude.
“¡Eso es sátira!”, exclama.
El tiempo, sostiene, ha terminado dando la razón a Verhoeven. El auge de los discursos autoritarios y las transformaciones políticas de las últimas décadas han hecho que muchos espectadores comprendan finalmente aquello que la película estaba denunciando.
“Creo que a Paul le encanta que la gente salga del cine discutiendo. Que no se pongan de acuerdo”, reflexiona. Lo mismo ocurre con Desafío total: ¿era todo un sueño? ¿Qué representan realmente los insectos de Starship Troopers? Las películas que perduran, viene a decir, son aquellas que no se agotan cuando aparecen los títulos de crédito.
Y él ha participado en unas cuantas.
Cuando tienes 76 años, cada día tiene muchísimo valor. No quiero perder el tiempo en proyectos que no enriquezcan mi vida”
Michael Ironside
Actor
Antes de despedirnos, le preguntamos si todavía hay algún director con el que sueñe trabajar. Su respuesta sorprende por lo poco que tiene que ver con el prestigio o la fama.
“Para mí todo empieza con el guion. Después vienen las personas implicadas, dónde se rueda y, finalmente, el dinero». Ha rechazado proyectos que sus representantes no entendían que dejara escapar. Simplemente, la historia no le convencía o no sentía que fuera el lugar adecuado para él.
A estas alturas, su relación con el tiempo también ha cambiado.
“Tengo 76 años. Cuando tienes 27, un día significa una cosa. Cuando tienes 76, un día tiene muchísimo valor. No quiero perder mi tiempo en proyectos que no vayan a enriquecer mi vida o la del público”.
No lo dice con melancolía, sino con la serenidad de quien ha aprendido a escoger. Ha trabajado lo suficiente para disfrutar de cierta seguridad económica, asegura, aunque se apresura a aclarar que no es rico. Tampoco reniega de ninguna etapa de su carrera.
“Todo tiene su dignidad, porque todo nos ha traído hasta aquí, hasta este preciso momento”.
Y ese momento es un lugar de honor en Sitges, una conversación con su hija y la posibilidad, todavía pendiente, de que algún día sea ella quien grite “¡Acción!” y él quien obedezca. Aunque, conociendo a Michael Ironside, seguramente no podrá resistirse a dar algún consejo.

Aitziber Azpeitia
Periodista
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