Los perros grandes envejecen más rápido que los pequeños
Por Laura Francés Alarcón — Portada
Los perros grandes envejecen más rápido que los pequeños
Longevidad animal
Las razas de mayor tamaño pierden más rápidamente algunas marcas que ayudan a regular el genoma

Los perros ofrecen un modelo para estudiar en pocos años procesos de envejecimiento que en humanos requieren décadas.
Getty Images/iStockphoto
08/10/2026 20:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Un gran danés y un chihuahua pertenecen a la misma especie, pero su esperanza de vida puede ser muy distinta. Mientras algunos perros pequeños pueden acercarse a los veinte años, los de mayor tamaño suelen tener vidas considerablemente más cortas. Esta diferencia se conoce desde hace tiempo, pero sigue sin estar claro qué ocurre en su organismo para que unos envejezcan antes que otros. Un estudio que analiza cómo cambia el ADN de cientos de perros a lo largo de los años indica que esa desigualdad está escrita en la forma en que envejecen sus células.
El trabajo, liderado por investigadores de la Universidad Estatal de Arizona dentro del Dog Aging Project, analizó 1.640 muestras de sangre de 894 perros de compañía de distintas razas, tamaños y orígenes genéticos. Algunos animales fueron estudiados cada año durante un máximo de cuatro años, lo que permitió observar cómo envejecía molecularmente un mismo animal.
Un reloj escrito en el ADN
Los investigadores estudiaron la metilación del ADN, unas pequeñas marcas químicas que se adhieren a determinados puntos del genoma y contribuyen a regular la actividad de los genes. Esas marcas cambian de manera bastante predecible a medida que envejecemos.
A partir de ellas, el equipo construyó un reloj epigenético, es decir, una herramienta capaz de estimar la edad biológica de un perro a partir de su ADN. El modelo calculó la edad con un error mediano de unos 0,82 años. Pero acertar la fecha de nacimiento era solo una prueba de que el reloj funcionaba. Lo importante era saber si dos perros de la misma edad podían estar envejeciendo a ritmos distintos.
Los resultados, publicados en Science, apuntan a que sí. Durante el periodo estudiado murieron 121 de los 894 animales. Tras tener en cuenta factores como el tamaño y el sexo, cada año en que la edad estimada por las marcas del ADN superaba la edad real se asoció con un aumento del 15% en el riesgo de morir durante el seguimiento.

“No significa que un perro vaya a vivir un 15% menos ni que su probabilidad de morir aumente 15 puntos porcentuales”, aclara Bri McCoy, coautora principal del estudio, para La Vanguardia. El riesgo analizado describe la velocidad a la que se producen las muertes entre los animales que siguen vivos. En otras palabras, el reloj no predice cuánto va a vivir un perro concreto, pero sí parece captar información relacionada con su estado biológico y su supervivencia. El seguimiento de los mismos perros reveló, además, que esas transformaciones son más rápidas durante las primeras etapas de la vida y se ralentizan al avanzar la edad.
Qué cambia en los perros grandes
Al separar a los perros por tamaño surgió uno de los resultados más llamativos. Los cambios asociados a la edad eran, en conjunto, más intensos en los animales grandes, pero no se aceleraban de la misma manera en todo el ADN. “Los cambios más pronunciados aparecieron en regiones que se superponen con elementos transponibles”, explica Blaise Mariner, coautor principal del trabajo. Otras zonas del genoma mostraron diferencias menores, lo que apunta a que el tamaño no acelera de manera uniforme todos los procesos moleculares asociados al envejecimiento.
Los elementos transponibles son fragmentos de ADN capaces, en determinadas condiciones, de copiarse o desplazarse dentro del genoma. Las células mantienen muchos de ellos estrechamente controlados, entre otras vías mediante la metilación, que ayuda a mantenerlos silenciados.
Ese control parece erosionarse con los años. Los investigadores observaron que los elementos transponibles perdían metilación a medida que los perros envejecían y que, en los de mayor tamaño, esa pérdida era alrededor de un 31% más intensa que en los pequeños. En otros animales, la pérdida de control sobre estos elementos se ha relacionado con inflamación, envejecimiento celular e inestabilidad del genoma. No obstante, el estudio no demuestra que sean la causa de que los perros grandes vivan menos. Por tanto, pueden ser parte del mecanismo que acelera el envejecimiento o simplemente una huella de que ese envejecimiento está ocurriendo más deprisa.

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Los autores plantean también una posible explicación para la relación entre tamaño y envejecimiento. “Una hipótesis es que las mismas vías biológicas que permiten alcanzar un mayor tamaño corporal también influyan en cómo envejecen las células”, señala McCoy. Consideran posible que las mayores exigencias de crecimiento y división celular en los animales grandes dificulten con el tiempo el mantenimiento de estas marcas epigenéticas.
Lo que los perros pueden contar sobre nosotros
La investigación encontró además cambios relacionados con el sistema inmunitario. A medida que los animales envejecían, algunas zonas que regulan genes de las defensas mostraban patrones semejantes a los observados en humanos, relacionados con un debilitamiento de ciertas respuestas inmunitarias y una mayor tendencia a la inflamación.
Los perros resultan especialmente útiles para estudiar estos procesos porque reúnen una enorme diversidad de tamaños y esperanzas de vida dentro de una misma especie. “Eso permite investigar diferencias que son mucho más difíciles de separar cuando se comparan especies distintas”, explica McCoy. A ello se suma que conviven con personas, comparten muchos aspectos de nuestro entorno, reciben atención veterinaria y tienen vidas mucho más cortas que las humanas.
El estudio no resuelve todavía la vieja pregunta de por qué un perro grande vive menos que uno pequeño, pero sí muestra que la diferencia de longevidad se corresponde con una forma distinta de envejecer a escala molecular. El siguiente paso será comprobar si los cambios observados aparecen antes que otros signos de deterioro y contribuyen a provocarlas o si son simplemente el rastro que el envejecimiento va dejando sobre el ADN.
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