Tierra de churros
Por Paco Alonso — Portada

Tierra de churros 09/10/2026 07:07 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Mi admirado Pablo Briones, tras su periplo por tierras del sur, afirmó que éramos un país de churros, y lleva mucha razón. De España en el extranjero, sobretodo en Asia, donde los fritos son muy apreciados, el churro ejerce como un potente embajador gastronómico; también nórdicos y anglosajones se dejan engatusar por esta singular y crujiente masa frita. En mi última visita a Madrid, entramos en una famosa churrería del foro y los únicos españolitos en el salón éramos mi hijo y yo. Tuve un sentimiento extraño, como si estuviera poniéndoles los cuernos a mis queridos buñuelos. Supongo que si el lector es valenciano me entenderá.

Pero… ¿Qué tiene el churro que no tenga el buñuelo? Pues muchas cosas. En principio la forma es diametralmente opuesta, y el grosor también, menos en el caso de las porras de gran calibre. Para dar con el churro perfecto Pablo ha tenido que viajar mucho. A la hora de escribir este artículo, lleva alrededor de 150 churrerías geolocalizadas, en su mayoría andaluzas. Y según he podido observar, aunque ha cantado alabanzas de las diferentes modalidades, sus preferencias van por los más finos y sin restos de aceite. Es lógico, son más crujientes y menos pesados. Personalmente me he quedado con la pinta de los churros de Venta Ramirez (Conil de la Frontera, Cádiz), y Venta los Cazadores (Chiclana, Cádiz). ¡Joder, qué envidia! y qué desgracia, porque cosas así no se ven por estas latitudes, por Cataluña sí, allí hay bastante cultura del churro, supongo que derivada de la emigración andaluza. Hay muchos puestos ambulantes, precisamente vinculados con las patatas. Tanto es así que existe la creencia de que las mejores papas son de churrero. Es un tanto monta, monta tanto. Para que estén buenos ambos productos, deben freírse con un aceite adecuado que soporte altas temperaturas, y sobretodo ha de estar limpio.
Pero… ¿Qué tiene el churro que no tenga el buñuelo? Pues muchas cosas. En principio la forma es diametralmente opuesta, y el grosor también, menos en el caso de las porras de gran calibre
Eso es difícil en Valencia, y tiene delito porque hay una época del año donde durante un mes se concentran en esta ciudad la práctica totalidad de churrerías ambulantes del estado. Podrían aprovechar para celebrar un congreso nacional, pero no les da la vida porque tienen que pagar un pastizal por ocupar la vía pública, eso conlleva reducir en otras partidas. Como siempre, el perjudicado es el mismo, el consumidor. Y claro, ellos saben hacer churros pero lo que demanda la gente aquí son buñuelos, y de calabaza, que en teoría están buenos, son menos crujientes porque la cucurbitácea aporta excesiva humedad. Es un contrasentido y un escenario dantesco que se repite año tras año sin poner nadie solución. El público local acaba yendo a los cuatro puestos de confianza de siempre, y los churreros invasores sólo venden a turistas despistados. A veces pienso que llegará el día en que se cansen de tanta extorsión y dejen de venir. Eso nunca va a ocurrir porque el negocio de la masa frita es el más rentable del mundo, y si no que se lo pregunten a cualquier inspector de hacienda.
Aquí no despreciamos el churro de calidad que evangeliza Pablo en sus viajes porque no lo conocemos, no hemos tenido oportunidad de probar esas delicias. Lo que rechazamos es el concepto “churro” por otras connotaciones que se le atribuyen, aunque desconozco su origen. Decimos…: “Me ha salido un churro” cuando obtenemos un mal resultado. Otra razón del rechazo quizás sea el origen castizo de la porra, el desayuno más popular en Madrid, un café con leche y dos porras. Los únicos churros buenos que hay en la provincia de València son los habitantes de la comarca de los Serranos, aquellos que juramentaron los Fueros del Reino de València ante Jaime II de Aragón. (Juro / Churo / Churro). Es una explicación tradicional, no está demostrado.
Nosotros intentamos dar lo mejor en el negociado de las masas fritas con los buñuelos, pero nos quedamos cortos. En pocos sitios los sirven crujientes, es la maldición de Halloween, el puré industrial de calabaza. ¡Quien lo use, de cabeza al calabozo! ¿Calabaza? ¡Calabozo! A pesar de la semejanza, tampoco hay relación etimológica demostrada, pero debería haberla.
Para los valencianos los buñuelos son un hecho diferencial gastronómico, vinculado directamente a las fiestas de cada localidad.
Animo a todo el mundo a colaborar con Pablo Briones en el #MapaChurro. Os lo agradecerá.
(En X @pbrionesmqz)
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