El príncipe Enrique revela que sufrió depresión tras abandonar Reino Unido

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Por Maria Rodriguez Oncala — Portada

El príncipe Enrique habla como nunca de su salud mental y revela que sufrió depresión tras abandonar Reino Unido

Familia Real británica

El duque de Sussex se sincera sobre los años en los que mantuvo bloqueado el duelo por la muerte de Diana de Gales y desvela que llegó a sentirse incapaz de funcionar tras comenzar su nueva vida 

El príncipe Enrique en una imagen de archivo 

El príncipe Enrique en una imagen de archivo 

Evgeniy Maloletka / Ap-LaPresse

Maria Rodriguez Oncala

08/10/2026 19:36 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Han pasado casi tres décadas desde la muerte de Diana de Gales, pero el príncipe Enrique sigue intentando poner palabras a un dolor que, según él mismo ha reconocido ahora, permaneció bloqueado durante buena parte de su vida. El duque de Sussex ha decidido abrirse como nunca antes sobre la huella que dejó en él la pérdida de su madre y sobre su salud mental en una conversación con la neurocientífica y experta en duelo Mary-Frances O’Connor para la plataforma de e-learning MasterClass.

En la sesión, titulada “Redefinir el duelo: desarrollar la resiliencia a través de la pérdida”, también ha reconocido cómo la presión de sus obligaciones como miembro de la familia real británica llegó a afectar a su bienestar. La situación, según ha relatado, llegó hasta tal punto que acudir a determinados compromisos oficiales podía llegar a desencadenarle ataques de pánico e incluso el mero hecho de vestirse con camisa y corbata llegaba a hacerle sentir que estaba “estrangulado” y que no podía respirar.

Diana de Gales junto a sus hijos, los príncipes Guillermo y Enrique 
Diana de Gales junto a sus hijos, los príncipes Guillermo y Enrique  ©GTRESONLINE

Sin embargo, para él, aquella presión no fue algo puntual. Según ha relatado, durante años vivió impulsado por la adrenalina y, por ese motivo, encontró en el Ejército “la distracción perfecta” para no enfrentarse a todo aquello que llevaba tiempo arrastrando. “Durante 15 o 20 años, cuando la gente me preguntaba si estaba bien, mi respuesta siempre era ‘estoy bien’. Era entumecimiento. Era un cierre emocional”, ha explicado. No obstante, su experiencia en Afganistán supuso un punto de inflexión. Las situaciones que vivió durante su etapa militar terminaron por hacer florecer de nuevo algunos traumas que tenía enterrados y le hicieron comprender que necesitaba buscar ayuda. Un proceso que, según ha relatado, no fue sencillo. “Por desgracia, varios médicos de cabecera no estaban preparados para ayudarme. O bien me daban consejos o me recetaban una pastilla”.

El príncipe Enrique también ha reconocido que durante un tiempo se mostró reacio a tomar medicación y, aunque siguió al pie de la letra las sugerencias de los médicos, no notó ninguna diferencia, así que decidió recurrir a la terapia para intentar comprender qué había detrás de ese bloqueo emocional. El proceso le permitió entender que no había llorado la muerte de su madre durante casi dos décadas y que, en cierto modo, había confundido aquella incapacidad para expresar sus sentimientos con una muestra de fortaleza. “No lloré cuando me dijeron que mi madre había muerto, solo en su funeral y después no volví a hacerlo durante casi dos décadas”, ha reconocido.

El príncipe Enrique en la base de la Royal Air Force (RAF) de Shawbury, en Shropshire, Inglaterra, el 18 de junio de 2009 
El príncipe Enrique en la base de la Royal Air Force (RAF) de Shawbury, en Shropshire, Inglaterra, el 18 de junio de 2009  Kirsty Wigglesworth / Ap-LaPresse

La terapia también le llevó a recuperar recuerdos de Diana que creía prácticamente perdidos. Uno de sus terapeutas le animó a buscar el perfume que utilizaba su madre después de el duque de Sussex reconociera que había llegado a olvidar incluso el sonido de su voz y de su risa. “Rociarme el perfume de mi madre fue casi como derribar ciertos ladrillos para poder ver a través de ellos y que algunos recuerdos y experiencias comenzaran a filtrarse”, ha explicado.

Aquel proceso también cambió su manera de entender la pérdida. Durante años, había sentido que permitirse ser feliz suponía, de alguna manera, dejar atrás a su madre, una sensación que se hizo todavía más presente después de casarse con Meghan Markle y convertirse en padre. Aunque ha asegurado que piensa en su madre “prácticamente todas las noches y la mayoría de las mañanas”, la terapia le ayudó a comprender que no tenía que permanecer anclado en el dolor para demostrar cuánto la echaba de menos. “La realidad es que descubrí que ella solo quería que fuera feliz”, ha reconocido.

El príncipe Enrique y Meghan Markle en 2022 
El príncipe Enrique y Meghan Markle en 2022  REMKO DE WAAL / AFP

Pero mientras comenzaba a enfrentarse a todo aquello que había mantenido enterrado durante años, su propia vida estaba a punto de dar un giro radical. La decisión de abandonar sus funciones como miembro de la familia real y trasladarse junto a Meghan y su hijo Archie a Canadá supuso el comienzo de una nueva etapa que, lejos de resultar sencilla en un primer momento, tuvo un enorme impacto en su estado de ánimo. “Nos mudamos a Canadá para alejarnos de todo y simplemente pensar”, ha explicado.

Sin embargo, apenas dos o tres días después de abandonar el Reino Unido, experimentó una “fuerte caída de adrenalina” que le hizo comprender hasta qué punto el estrés había condicionado su vida. “Era como si necesitara el estrés para que mi cerebro funcionara”, ha asegurado. “Me volví incapaz de hacer nada en casa. Caí en una depresión que duró unas dos semanas y sentía que no podía funcionar sin adrenalina”.

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Seis años después de aquel episodio, Enrique asegura que ha encontrado en su familia una de las principales fuentes de estabilidad y felicidad. Su vida junto a Meghan Markle y sus dos hijos, Archie y Lilibet, ocupa ahora un lugar fundamental en ese equilibrio que intenta mantener entre sus responsabilidades profesionales y su faceta personal. De hecho, el duque de Sussex ha establecido una regla para evitar que sus compromisos le alejen demasiado tiempo de casa. “La clave para mantener ese equilibrio es no pasar más de diez días lejos de mi mujer y mis hijos”, ha explicado. Una decisión que responde, según sus propias palabras, a que “se trata de equilibrar mi trabajo y mis propósitos con ser padre y esposo”.

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