Flavio Bolsonaro ya es el “incumbente” a atacar

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Por Andy Robinson — Portada

Flavio Bolsonaro ya es el “incumbente” a atacar

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Descontada la victoria del ultraconservador, Lula  ya puede hacer campaña de oposición anti sistema

 Lula habla después de su derrota en la primera vuelta presidencial el domingo en Sao Paulo,. (AP Photo/Andre Penner)

 Lula habla después de su derrota en la primera vuelta presidencial el domingo en Sao Paulo,. (AP Photo/Andre Penner)

Andre Penner / Ap-LaPresse

Andy Robinson

Andy Robinson

RIO DE JANEIRO

07/10/2026 15:37 Actualizado 07/10/2026 15:44 Síguenos en Google

¿Qué debería hacer Lula para lograr lo imposible y darle la vuelta a las elecciones brasileñas en la segunda vuelta tras su catastrófica derrota ante Flávio Bolsonaro el pasado domingo? La respuesta puede servir para Pedro Sánchez también.

Tal vez no hay nada que hacer porque el veterano líder de la izquierda es víctima de la nueva realidad de la política occidental, en la que el incumbente -es decir el gobierno existente— siempre se ve castigado por un electorado iracundo y, hasta se podría decir, desagradecido. Es lo que explicó David Graham en The Atlantic:

“La fuerza de la ola antigobernante queda patente en el hecho de que ahora amenaza con barrer a algunos de los mismos partidos y políticos a los que anteriormente había aupado al poder. La victoria de Lula en las elecciones brasileñas de 2022 fue, en parte, una muestra del rechazo de los votantes al gobierno del entonces presidente, Jair Bolsonaro. Ahora, ese mismo descontento podría arrollar a Lula y llevar al poder al hijo de Bolsonaro”.

Flávio consiguió en la primera vuelta presentarse como el candidato disruptivo, un rebelde, a pesar de que lleva décadas de diputado y senador alimentándose del pesebre y de la rachadinha. (*) En la primera vuelta, “el PT pasó a ser visto como la conservación del sistema; el bolsonarismo como la contestación”, se explica en un informe del instituto brasileño de investigación, IPCE. Bajo las normas de la  nueva política, la derecha puede ser percibida como la fuerza antisistémica, aunque sus políticas hagan más ricas a las élites de siempre. Y, ser defensor de la democracia, a veces, se percibe como un lujo de los privilegiados. El voto a Lula subió en barrios de alta renta en Rio y Sao Paulo como Leblon (Rio) o Vila Mariana (SP). Es que, cuando el dueño del pisazo que limpias todos los santos días tras desplazarte dos horas en autobús desde la periferia te dice que votes por la democracia y la justicia social, puedes acabar eligiendo a Bolsonaro. Es lo que está pasando en el nuevo paradigma.

Pero hay otro elemento de la nueva política que puede revelar la fórmula secreta para una remontada lulista. En el mundo de efectismo, falsas noticias y extrema volatilidad -lo que Anton Jäger califica como la hiperpolítica en su libro Hyperpolitics (Verso, 2025)-, todo se mueve cada vez más rápido, alcanzando un ritmo de vértigo que convierte lo imposible en posible. Al igual que en los globalizados mercados financieros, ya impulsados cada vez más por algoritmos e inteligencia artificial, cualquier acontecimiento del futuro se ve instantáneamente descontado en el presente. 

Esto tiene un mensaje de posible salvación para Lula y el PT. Porque, de la misma manera que los mercados han descontado las políticas de austeridad neoliberal de un hipotético gobierno de Flávio Bolsonaro, el electorado brasileño ya está descontando cómo será la vida para ellos también. Es decir, que en las próximas tres semanas sería lógico considerar que el incumbente no es Lula, sino Flávio Bolsonaro. Las subidas récord del 7,7% el lunes en la Bolsa de Sao Paulo y una subida del real frente al dólar del 4% son la prueba de que los mercados financieros ya lo han hecho.

La estrategia para la remontada, pues, es obvia. Atacar con la furia de la oposición en la era de la hiperpolítica al gobierno que será (o tal vez no) el de Flavio. 

 Es decir, el programa de recortes sociales, transferencias trumpistas a los más ricos que Flávio va a poner en marcha, cesión de soberanía total a los amigos americanos. Si los mercados descuentan al incumbente, Lula y el Partido de los Trabajadores (PT) deberían hacer lo mismo para convertirse ya en la oposición (lo mismo vale para la izquierda española ante las elecciones de noviembre ).

Habría que añadir que cualquiera que piensa que Flávio representa el cambio debió de estar dormido durante los años 2018 a 2022. Porque, como dice Helio Schwartsman en Folha de S.Paulo: “Desde el punto de vista biológico y jurídico, Jair y Flávio Bolsonaro son personas distintas. Sin embargo, políticamente actúan como un todo. Por lo tanto, una victoria de Flávio no marcaría el inicio de su primer mandato, sino del segundo del clan Bolsonaro”.

La campaña de Lula ya ha colgado un vídeo que destaca los ataques a las pensiones, el sistema de vivienda pública Minha Casa Minha Vida, las ayudas a enfermos de cáncer y otros programas sociales que se hicieron en los años de Jair y Paulo Guedes, su ministro de Hacienda curtido en el mundo de los hedge funds. Si ya se puede proyectar en el presente la imagen del futuro en el cual Flávio es el sistema, un programa de Lula basado en  una verdadera transformación social podría convertirse en el antisistema que tantos votantes quieren  probar. Ya han dado el primer paso los miles de jóvenes que se lanzarán a las calles estos para protestar contra lo que será la vuelta del bolsonarismo con el fin de que no lo sea.

Lula debería iniciar la segunda vuelta con un mea culpa y un cambio sobre el cambio (Felipe González dixit).  Ya terminó la responsable “reconstrucción” de Brasil, necesaria tras el caos económico, elevada inflación, destrucción medioambiental y catástrofes humanitarias de los años de Jair Bolsonaro y la pandemia. Ya hay que ser irresponsable. Debería explicar que, de ahora en adelante, la izquierda será la verdadera fuerza del cambio. Y añadir que, en vez de echar a otro Bolsonaro en cuatro años tras los mismos desastres que ocurrieron en el gobierno del primero, la consigna de la campaña ya será: “¡Echemos al incumbente antes de que lo sea!”

(*) Sistema corrupto en el que un diputado contrata empleados fantasma para quedarse con sus salarios.

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Fonte: Portada

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