Francis Halzen, el Nobel que abrió una ventana al universo bajo el hielo antártico
Por Laura Francés Alarcón — Portada
Francis Halzen, el Nobel que abrió una ventana al universo bajo el hielo antártico
Premio Nobel 2026
El físico belga recibe el Nobel de Física 2026 por impulsar IceCube y abrir una nueva vía para estudiar el universo con neutrinos

El físico pasó de la teoría a liderar uno de los experimentos más ambiciosos de la astrofísica contemporánea
Niklas Elmehed / Premio Nobel
06/10/2026 16:06 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Hay científicos que pasan su vida buscando una respuesta. Francis Halzen ha pasado la mitad de la suya construyendo el instrumento que permitiera formular una pregunta que todavía no puede responderse. El físico belga, nacido en Tienen en 1944, ha recibido este martes el Nobel de Física 2026 por sus contribuciones decisivas al Observatorio de Neutrinos IceCube y al descubrimiento de neutrinos de alta energía de origen astrofísico. Es, además, el primer científico que recibe en solitario este premio en 34 años y el primero cuyo anuncio ha sido presentado por una mujer, Ellen Moons, primera secretaria general de la Academia desde su fundación en 1739.
El reconocimiento culmina una idea que Halzen comenzó a defender hace casi cuatro décadas: utilizar el hielo del Polo Sur como un gigantesco detector de partículas. Una historia que, a sus 82 años, atribuye a persistencia, colaboradores excepcionales y algo que repitió varias veces tras conocer el premio: suerte.
La idea nació de juntar piezas que ya estaban sobre la mesa
Halzen estudió Matemáticas y Física en la Universidad de Lovaina, se doctoró en 1969 y pasó por el CERN. En 1971 llegó para seis meses a la Universidad de Wisconsin-Madison y acabó quedándose más de 50 años. Allí inició una carrera como físico teórico entre la física de partículas y la astrofísica.

Lee también
Los neutrinos de origen cósmico ganan el Nobel de Física
Josep Corbella
A mediados de los ochenta empezó a interesarse, junto al físico español Enrique Zas, por el origen de las partículas más energéticas del universo. Los rayos cósmicos llegan a la Tierra, pero los campos magnéticos desvían su trayectoria y ocultan su origen. Los neutrinos ofrecían otra vía. No tienen carga y apenas interaccionan con la materia, por lo que pueden atravesar planetas enteros y conservar la dirección de su origen. Pero esa misma propiedad los hace extraordinariamente difíciles de detectar.
Halzen conocía DUMAND, un proyecto que quería instalar sensores en las profundidades del océano para captar la tenue luz producida cuando un neutrino interactúa con la materia. Él y Zas estudiaban cómo detectarlos en hielo. La idea surgió al unir ambas líneas: si una enorme masa de agua podía convertirse en detector, ¿por qué no aprovechar el hielo de la Antártida?
Halzen y John Learned, físico de la Universidad de Hawái, plantearon a finales de los ochenta una propuesta que conduciría primero al experimento AMANDA. El atractivo era usar como detector un material que ya estaba allí, un volumen inmenso de hielo extremadamente transparente, aunque nadie sabía si permitiría ver esas señales. Halzen reconocería años después que tuvo cierta suerte de no haber leído entonces el manual de referencia sobre sus propiedades ópticas. De haberlo hecho, probablemente habría concluido que el hielo absorbía demasiada luz y habría descartado la idea.
El Nobel que llegó porque no había leído el libro adecuado
Las pruebas demostraron que a gran profundidad desaparecían las burbujas y el hielo era mucho más transparente de lo previsto. De aquella experiencia extrajo un consejo que todavía repite a sus estudiantes: “No leáis demasiados libros; haced cosas”, una defensa de la curiosidad antes de que el conocimiento acumulado se convierta en una lista de razones por las que algo no debería intentarse. Halzen tenía entonces alrededor de cincuenta años y, según su propio relato, volver a trabajar en un campo que no dominaba le hizo sentirse casi veinte años más joven.
AMANDA confirmó que la estrategia funcionaba y abrió el camino a IceCube. Sus sensores quedaron congelados en agujeros perforados a más de dos kilómetros de profundidad. El observatorio, completado en 2011, ocupa un kilómetro cúbico de hielo. Hoy reúne a unos 450 científicos de 58 instituciones y 14 países, pero Halzen, sin embargo, nunca ha estado allí. No ha querido ocupar como visitante una de las escasas plazas de la estación que necesitan ingenieros y técnicos para operar el detector. De hecho, cuando IceCube adquirió una escala que consideraba propia de un físico experimental, quiso apartarse de la dirección, pero la NSF, que financió el desarrollo del proyecto, le pidió que continuara al frente.

Una nueva ventana al cosmos
En 2013, IceCube presentó las primeras evidencias de neutrinos cósmicos de altísima energía procedentes de fuera del Sistema Solar. El hallazgo demostró que podían utilizarse como una nueva forma de observar el universo. Al conocer el Nobel, Halzen recordó que, al principio, “ningún físico conservador respetable” habría querido sumarse a una aventura cuyo éxito nadie podía garantizar.

Desde entonces, el observatorio ha relacionado algunos neutrinos con núcleos activos de galaxias y ha detectado señales de nuestra galaxia. Pero la gran pregunta de qué objetos producen esos neutrinos y qué mecanismos los aceleran hasta energías extremas sigue abierta. “La astronomía todavía tiene que comenzar”, dijo Halzen tras conocer el Nobel.
La Academia Sueca anunció el premio mientras Halzen se encontraba en Italia participando en una reunión científica. Preguntado por lo que haría el resto del día, explicó que seguiría trabajando en una propuesta y esperaba que el Nobel ayudara a sacarla adelante. También descartó especular sobre si los neutrinos podrían servir algún día para comunicarse con otras civilizaciones. “Tenemos suficientes problemas realistas de los que ocuparnos ahora mismo”, respondió. Sobre lo que todavía pueden revelar estas partículas fue igual de prudente: “No puedo responder todavía a esa pregunta”. IceCube ha demostrado que la ventana existe; ahora falta descubrir qué puede verse a través de ella.
Mostrar comentarios
Fonte: Portada