Toni Cruanyes, periodista: “Los trenes del Maresme todavía me transportan a mi adolescencia, cuando iba al instituto”
Por Jaume Vidal Rubio — Portada
Toni Cruanyes, periodista: “Los trenes del Maresme todavía me transportan a mi adolescencia, cuando iba al instituto”
Vip sobre ruedas
El también escritor recuerda cuando de pequeño iba con su familia en un Méhari descapotable y saludaban a la gente del pueblo como si estuvieran en una carroza de carnaval

Toni Cruanyes, periodista y presentador del TN Vespre de TV3
Cedida
Jaume Vidal Rubio
05/10/2026 07:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Toni Cruanyes (Canet de Mar, 1974) lleva años entrando cada noche en millones de hogares como rostro del TN Vespre de TV3, pero mucho antes de convertirse en uno de los periodistas más reconocidos de Catalunya ya observaba el mundo desde la ventanilla de un coche o de un tren. Corresponsal en Londres y París, testigo de atentados, crisis migratorias y acontecimientos que han marcado la historia reciente de Europa, ha aprendido que muchas veces las mejores historias empiezan precisamente en el camino.
Esa mirada viajera también ha encontrado refugio en la literatura. Autor de novelas y libros de memoria familiar, Cruanyes convierte los trayectos en escenarios de descubrimiento, cambio y transformación. En esta conversación, recuerda el Renault 5 con el que su madre recogía a los niños del barrio, los paseos en un Méhari descapotable rumbo a la playa, las carreras contrarreloj para llegar a una noticia y los trenes del Maresme que todavía hoy le devuelven a la adolescencia.
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¿Cuál es el primer recuerdo de movilidad que conserva?
Tengo una imagen muy clara de mi madre. Era maestra en la escuela a la que yo iba y tenía un Renault 5 rojo. En aquella época no era tan habitual ver a mujeres conduciendo y ella hacía de coche escoba para medio barrio. Recogía a cuatro o cinco niños cada mañana y nos llevaba a todos a la escuela. Aquel coche parecía mucho más grande de lo que realmente era.
¿Y el primer vehículo que le hizo sentir que viajar era una aventura?
El Méhari naranja de mi padre. Era un coche maravilloso. Casi parecía una moto con una carrocería de plástico. Íbamos a la playa, a la viña o a pasar el día al campo. Recuerdo viajar detrás, agarrado con fuerza, porque entonces no había cinturones como ahora. Hoy sería impensable. Cuando pasábamos por el pueblo, al ser descapotable, saludabas a todo el mundo como si fueras en una carroza de carnaval.

Ha vivido en Londres, París o Nueva York. ¿Qué medio de transporte le ha ayudado mejor a entender una ciudad?
Depende de la ciudad. Londres la descubrí mucho en metro y también en los famosos taxis negros. Cuando era corresponsal íbamos cargados con cámaras, trípodes y baterías, y aquellos taxis eran perfectos. Además, tuve que aprender a conducir por la izquierda, que siempre tiene su gracia.
¿Y París?
París la descubrí en bicicleta. Vivía en el centro y cada día cruzaba media ciudad para llegar a la oficina de TV3. Pedaleaba junto al Sena, pasaba por el Louvre, por el Pont de l’Alma y acababa cerca del Arco del Triunfo. Llegaba un poco sudado, pero era una maravilla. Tenía la sensación de vivir realmente la ciudad. Atravesarla cada mañana y cada tarde te hace formar parte de ella.
La movilidad forma parte esencial del trabajo periodístico; tras el atentado de Niza, conducimos toda la noche desde Barcelona, y a las seis de la mañana ya estábamos haciendo directos

Toni Cruanyes
Periodista
Los periodistas suelen vivir con una maleta preparada. ¿Qué le ha enseñado esa vida en movimiento?
Que siempre hay que tener listas cuatro cosas básicas: una muda, un cepillo de dientes, el pasaporte actualizado y la documentación en regla. Nunca sabes cuándo va a ocurrir algo importante y tendrás que salir corriendo.
¿Recuerda alguna cobertura especialmente frenética?
Hubo muchas. Recuerdo especialmente la ola de atentados que golpeó Europa. Una noche, tras el atentado de Niza durante la fiesta nacional francesa, salimos en coche desde Barcelona y condujimos toda la noche para llegar al amanecer. A las seis de la mañana ya estábamos haciendo directos. Son situaciones en las que entiendes que la movilidad forma parte esencial del trabajo periodístico.

¿Cuál ha sido el trayecto más complicado para llegar a una noticia?
Probablemente el accidente de Germanwings. Salimos inmediatamente en coche hacia los Alpes franceses. Fue una carrera contrarreloj. Llegamos apenas unos minutos antes de entrar en directo para el informativo de la noche. Casi no tuvimos tiempo ni de montar el equipo. Recuerdo carreteras de montaña, oscuridad y mucha tensión.
También ha contado historias humanas muy duras. Hay una anécdota en Grecia que parece sacada de una novela.
Sí. Estábamos en un campo de refugiados donde habían llegado miles de personas que huían de la guerra de Siria. Pasamos allí varios días preparando un reportaje. Justo antes de un directo empezó a llover con mucha fuerza. Con la oscuridad nos salimos del camino asfaltado y el coche quedó atrapado, prácticamente volcado.
Antes de vivir en Nueva York, pensaba que sería una ciudad hostil para los peatones, llena de coches y grandes avenidas; luego descubrí que es justo lo contrario

Toni Cruanyes
Periodista
¿Y qué ocurrió?
Que tuvimos que pedir ayuda a los propios refugiados. Nosotros habíamos ido allí para explicar su situación y acabamos siendo nosotros quienes necesitábamos ayuda. Varias personas dejaron lo que estaban haciendo para ayudarnos a sacar el coche. Fue una lección de humanidad enorme. Cada una de aquellas personas tenía detrás una historia durísima y, sin embargo, fueron los primeros en echarnos una mano. De hecho, las historias de las personas que nos ayudaron fueron un reportaje en el TN.
¿Hay alguna ciudad que le sorprendiera al descubrirla caminando?
Nueva York. Antes de vivir allí pensaba que sería una ciudad hostil para los peatones, llena de coches y grandes avenidas. Pero descubrí justo lo contrario. Manhattan se disfruta muchísimo caminando. Hay parques, espacios agradables y rincones donde perderse. Me sorprendió mucho.

Sus libros hablan a menudo de memoria y raíces. ¿Los trayectos también forman parte de nuestra identidad?
Estoy convencido de que sí. En mis libros aparece muchas veces el tren porque simboliza decisiones importantes. Marcharse, volver, empezar una nueva etapa o cerrar otra. Los desplazamientos tienen una carga emocional enorme.
¿Hay algún paisaje que le transporte inmediatamente a una etapa concreta de su vida?
Las playas del Maresme vistas desde el tren. Durante años hice el trayecto entre Canet y Barcelona para ir al instituto y después a la universidad. Ver el mar por la ventanilla todavía hoy me devuelve a la adolescencia de forma inmediata.
Por horarios y ubicación de TV3, necesito el coche; no vivo conducir como una obligación desagradable, son veinte o treinta minutos al día que incluso disfruto

Toni Cruanyes
Periodista
¿Qué papel tiene actualmente el coche en su vida?
Es una herramienta. Trabajo en unos horarios poco convencionales y la ubicación de TV3 hace que, en mi caso, el coche sea casi imprescindible. No lo vivo como una obligación desagradable. Son veinte o treinta minutos al día que incluso disfruto.
Si pudiera elegir entre conducir, viajar de copiloto o ir en tren leyendo un libro, ¿qué escogería?
La imagen ideal es la del tren con un libro. Es una escena maravillosa. Otra cosa es la realidad cotidiana de muchos usuarios. Pero, si hablamos de la fotografía perfecta, me quedo con esa.

Es periodista, pero también novelista. ¿Escribir se parece más a conducir por una autopista o a perderse por carreteras secundarias?
A perderse por carreteras secundarias. Empiezas un libro pensando que sabes adónde vas, pero lo interesante es precisamente desviarte, encontrar caminos inesperados y descubrir cosas que no habías previsto. Ahí está la gracia.
Si tuviera que escribir una novela ambientada en un viaje, ¿qué escenario elegiría?
Un tren nocturno. Tiene algo profundamente literario. El tren ya es un espacio narrativo muy potente, y si además es de noche aparecen el misterio, la incertidumbre y la posibilidad de que ocurra cualquier cosa.
Veo la movilidad de dentro de 20 años bastante automatizada; si la tecnología es segura y fiable, puede representar una mejora enorme para mucha gente

Toni Cruanyes
Periodista
¿Cómo imagina la movilidad dentro de veinte años?
Mi primera reacción es cierta desconfianza hacia un mundo demasiado automatizado. Pero también pienso en la gente mayor o en las personas con dificultades para desplazarse. Si la tecnología es segura y fiable, puede representar una mejora enorme para mucha gente.
Una última pregunta. Cuando se apagan las cámaras, los libros están escritos y los kilómetros recorridos, ¿qué sigue poniendo en marcha a Toni Cruanyes?
Mis hijos. Son ellos quienes me esperan al final del trayecto. Los que me dicen “¿cuándo llegas, papá?”. Los que me recuerdan que deje el coche, las noticias o los libros y esté por ellos.
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