Ambición y un Lord Byron del piano (★★★✩✩) en el concierto inaugural de la OBC
Por Jordi Maddaleno — Portada
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Música clásica
Contrastes entre obras de juventud de Gerhard y Chopin con la paradigmática 7.º Sinfonía de Beethoven

Jan Lisiecki durante el concierto de la inauguración de temporada de la OBC
MAY ZIRCUS
Jordi Maddaleno
03/10/2026 17:35 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
OBC. Concierto inaugural de temporada ★★★✩✩
Intérpretes: Jan Lisiecki, piano. Orquesta Sinfónica de Barcelona
Dirección musical: Ludovic Morlot
Lugar y fecha: L’Auditori de Barcelona (02/X/26)
Contrastes entre obras de juventud de Robert Gerhard y Frédéric Chopin con una de las sinfonías más paradigmáticas de Beethoven, para un primer concierto de la temporada de la OBC donde se pudo comprobar el gran estado de forma de la orquesta.
Con el Concertino para orquesta de cuerda, de Gerhard inicial, Ludovic Morlot incidió en los contrastes de la partitura de un compositor formado con Schönberg. Las cuerdas de la OBC rindieron con esmero entre la textura elástica de la partitura, que combina un atmosférico lirismo clásico con un tratamiento experimental en los límites de la atonalidad. Si puede recordar a Berg o a Bartók, por el discurso entre tensión y ritmo, Morlot ofreció una lectura de carácter más contemplativo, donde las voces de las cuerdas lucieron con empaste y expresión entre la estructura contrapuntística. La obra concluyó en una versión de impecable ejecución, pero falta de mayor incisión espacial.
En el Chopin, el magnífico solista Jan Lisiecki administró con gallardía un fraseo operístico y se empapó del carácter romántico cual Lord Byron del piano
Con el Concierto para piano y orquesta número 2 en Fa menor, op. 21 de Chopin, la orquesta se entregó al magnífico solista que es el pianista canadiense de origen polaco Jan Lisiecki. Desde el Maestoso inicial, Morlot ofreció el colchón orquestal de la obra al servicio del solista, donde los amplios arpegios, el artificioso cromatismo y la poética digitación del pianista se apropiaron de la obra con frescura y elegancia cadenciosa. En el Larghetto, corazón cantabile y centro emocional de la obra, Lisiecki administró con gallardía un fraseo operístico, con un dominio del trémolo perspicaz y un mórbido rubato, donde se empapó del carácter romántico cual Lord Byron del piano.
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Desde el podio, Morlot guio a la orquesta con claridad, pero mermó el carácter sinuoso, donde la voz solista muestra un deseo de carnalidad obvio. En el movimiento final, Allegro vivace, su forma de rondó con aromas de mazurca desplegó al pianista al imaginario folklórico con sutileza, sin caer en la caricatura. Destacó el trabajo de la flauta, el fagot y el clarinete entre el tejido orquestal. En la coda final, Lisiecki bordó con abracadabrante habilidad una ejecución deslumbrante.
El ‘Allegro con brio’ final cerró con rotundidad una lectura de frenesí de la 7.ª de Beethoven, más afilada que danzante
Con la Sinfonía 7.ª de Beethoven, la OBC mostró un sonido homogéneo, de gran equilibrio y empaste entre secciones, con una lectura general precisa y extrovertida por parte de Morlot. Si bien el carácter maestoso inicial del primer movimiento, con su característico vivace, mostró una batuta flexible y enérgica, el carácter rudo en los forte, dinámicas contrastadas y cierto convencionalismo en el estilo fueron una tónica general. Sobresalió el trabajo de las cuerdas graves en el Allegretto, así como las sorpresas sonoras del Presto, donde Morlot acertó en la expresión entre tumultuosa y juguetona. El Allegro con brio final cerró con rotundidad una lectura de frenesí más afilada que danzante, para un trabajo global satisfactorio y ambicioso.
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