La ‘carta robada’ de Poe, Vox y el travertino rosa
Por Carlos Mármol — Portada

La ‘carta robada’ de Poe, Vox y el travertino rosa
Cuadernos del Sur
02/10/2026 06:00 Actualizado 02/10/2026 06:38 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
La simplicidad es la madre del misterio. En diciembre de 1844, Edgar Allan Poe publicó en The Gift, un anuario de narraciones para lectores burgueses e ilustres concebido para regalar en Navidad, uno de los relatos más memorables de la saga de tres historias cortas que protagoniza su célebre detective Auguste Dupin. Un presente elegante y con trasfondo ingenioso.
En La carta robada, que así se llama el cuento policiaco, Dupin encuentra sin mucho esfuerzo la prueba de un delito de robo después de que la policía de París fracase en su pesquisa para encontrar una misiva comprometedora sustraída por un ministro. El misterio –y también la solución al enigma– se resuelve gracias a una hipótesis basada en la suplantación.
Dupin intenta ponerse en el lugar del ladrón y concluye que, en vez de esconderla en algún agujero recóndito, detrás de un cuadro o dentro de un libro, la mejor manera de ocultarla es dejarla a la vista, en un lugar tan evidente y banal como un tarjetero que, aunque esté delante de los ojos, se vuelva invisible no porque realmente lo sea, sino porque lo será para quien piense que esconder una cosa exige guardarla con llave en un sitio remoto.

El símil sirve para explicar los motivos por los cuales las dos derechas en Andalucía, que desde este verano reinan juntas en la Junta, no van a cumplir en esta primera legislatura de cohabitación mutua ninguna de sus insistentes promesas de adelgazar la administración regional.
El pacto entre PP y Vox, que va a mantenerse estable hasta que se apruebe el nuevo presupuesto de la gran autonomía del Sur, y en tanto en cuanto el horizonte electoral inmediato no se despeje (en el sentido que sea), incluye una larga relación de medidas –impuestas por los ultramontanos para facilitar la tercera investidura de Moreno– que desplazan al Quirinale del centro político y lo posicionan mucho más a la derecha que antes del 11-M.
El viraje, como hemos relatado en estos cuadernos en las últimas semanas, es más que evidente: mayor beligerancia con Moncloa y traslado al ámbito andaluz de todas las controversias que socavan la política estatal, desde Ceuta hasta la crisis social provocada por el grave problema de la vivienda.

Se trata de un movimiento que, aunque desgasta la imagen de moderación del presidente de la Junta, tiene riesgo limitado: el PSOE, urgido a sostener su suelo electoral –en retroceso desde hace ocho años–, no puede ocupar el espacio que abandona el PP porque necesita atraer a todos los votantes a su izquierda, radicalizando sus posiciones y fagocitando a Sumar y a IU.
La estrategia de los socialistas está en consonancia con esta etapa, en apariencia crepuscular, del sanchismo, pero tiene en Adelante Andalucía, el partido soberanista surgido en la España meridional tras la escisión anticapitalista de Podemos, un serio competidor. La balanza política en Andalucía se mueve en estos momentos en función de sus dos extremos, huyendo del punto medio.
Paradójicamente, en el acuerdo entre PP y Vox existen notables lagunas que hacen pensar que los ultramontanos, igual que sucedió hace ocho años con el PP, han renunciado a sus promesas de reformar la Junta, embridar la administración paralela, heredada de los socialistas, y reducir el colosal gasto público en funcionarios, empleados públicos, consejerías, empresas públicas y organismos autónomos que, desde los años del PSOE, hipotecan todos los servicios públicos esenciales porque los recursos disponibles se destinan a sueldos en vez de a inversiones y a mejor atención ciudadana.
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La prueba es que en el decreto de asignación de competencias –una prerrogativa de Moreno que, sin embargo, esta vez ha tenido que pactar con Vox– a los ultramontanos sólo se les ha adjudicado una parte (menor) de estas políticas, que tienen un notabilísimo impacto presupuestario.
Tanto la cartera de Hacienda, que es la que elabora las cuentas, como la de Función Pública –encargada del gobierno y la gestión de los empleados públicos– están en manos del PP. Vox sólo ha obtenido en el reparto las competencias relativas a la Administración Local, junto a las de Justicia, que afectan a los funcionarios de los juzgados, y a las de Turismo.
Manuel Gavira, el vicepresidente segundo de la Junta, es el interlocutor autonómico con los ayuntamientos y las diputaciones –todas, salvo Jaén y Sevilla, en manos del PP– pero no puede decidir en solitario sobre las ofertas de empleo, las regularizaciones de los interinos o disolución de empresas y organismos públicos cuya única función es sostener las estructuras paralaborales –en buena medida ocupadas por las históricas familias socialistas– creadas durante los 36 años de gobierno del PSOE.

El PP decidió en el 2021 dejar en un cajón todas las auditorías sobre el sector público andaluz –adjudicadas a consultoras privadas por 5,5 millones de euros– y no acometer reforma alguna en la estructura heredada de la Junta.
Todo este dinero público, que el gobierno PP-Cs gastó para reprochar al PSOE su colonización de la administración, se tiró a la basura. No parece que esta situación vaya a cambiar con Vox dentro del ejecutivo andaluz, aunque sea una de las críticas que los ultramontanos hacían a sus actuales socios hasta la pasada primavera, antes de los comicios regionales.
Los ultramontanos no han incluido en el pacto con el PP ningún proyecto de adelgazamiento de la Junta. Tampoco mencionan ya las auditorías. Siguiendo la táctica del ladrón del relato de Poe –disimular el robo dejando el objeto robado a la vista– se concentran en unas pocas medidas efectistas, como la reducción en un 50% de las subvenciones a los empresarios, los sindicatos y las organizaciones no gubernamentales, bastante inferior en relación al gasto público que supone la administración paralela de la Junta.
De esta forma están camuflando su renuncia a cualquier clase de remodelación de la Junta. Los ultramontanos han obligado a Moreno a girar a la derecha en temas como la inmigración y la prioridad nacional, pero han aceptado –y han acabado sumándose– al aggiornamento del PP en relación a la injusta asignación de los recursos públicos en Andalucía.
Igual que el PP en el 2018, Vox ha conquistado el poder en la gran autonomía de Sur gracias a su insistencia en limpiar la Junta. Pero nada más pisar los solemnes mármoles romanos de San Telmo –travertino de color rosa– han perdido toda la memoria (histórica) de sus prioridades en la oposición.
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