Un museo victoriano entre Ucrania y el Raval

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Por Aitziber Azpeitia González — Portada

Un museo victoriano entre Ucrania y el Raval

Nueva temporada

La empresaria ucraniana Victoria Lysenko celebra el primer aniversario del Victoria Museum, un espacio único en Barcelona donde vestidos, abanicos y corsés del siglo XIX dialogan con la memoria, el exilio y la vida contemporánea

Victoria Museum exposición

Victoria Museum exposición

Guifré Sabaté i Rispa / Propias

Aitziber Azpeitia González

Aitziber Azpeitia

Barcelona

02/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Un vestido de novia de 1903, un corsé de apenas 48 centímetros de cintura y un abanico chino de 1860 con pequeñas caras de marfil parecen pertenecer a un tiempo muy lejano. Están, sin embargo, en la calle Junta de Comerç, a pocos pasos de la Rambla. Es el Victoria Museum, que acaba de cumplir un año en Barcelona y que inicia ahora su segunda temporada con una nueva vitrina dedicada al boudoir, el espacio privado en el que las mujeres del siglo XIX se vestían, se arreglaban, cosían, escribían cartas, leían y recibían a sus allegadas.

La historia del museo empieza mucho más lejos, en Kyiv, y con una mujer que tardó décadas en descubrir su pasión. Victoria Lysenko, empresaria y coleccionista ucraniana, había trabajado en ámbitos tan diversos como las finanzas, la logística, la edición y el coaching. Pero hace más de veinte años, durante un viaje a Praga, un sombrero adornado con un búho disecado despertó su curiosidad. No tanto por el sombrero en sí como por la mujer que un día decidió ponérselo. ¿Quién era? ¿Cómo vivía? ¿Qué quería expresar a través de su apariencia?

Victoria Lysenko, fundadora del Victoria Museum 
Victoria Lysenko, fundadora del Victoria Museum  Guifré Sabaté i Rispa / Propias

Aquellas preguntas acabaron llevándola a los museos. Lysenko se formó en gestión museística en Londres y realizó prácticas vinculadas al Victoria and Albert Museum, una experiencia que le permitió conocer desde dentro el trabajo de conservación, investigación y exposición de las colecciones. En 2017 abrió el primer Victoria Museum en Kyiv, dedicado a la indumentaria y la cultura material de los siglos XIX y principios del XX. Cinco años después, el proyecto fue nominado al European Museum of the Year Award.

No era, por tanto, simplemente una coleccionista que había decidido mostrar sus vestidos. Su obsesión era convertirlos en documentos. “Un museo se parece mucho a un libro -explica Lysenko-, no puedes arrancar una sola página y decir que es la más importante. Un vestido, un abanico, una fotografía o una joya empiezan a contar su historia cuando dialogan con los demás objetos”.

Vestirse para vivir

Eso es precisamente lo que propone el recorrido barcelonés. La colección reúne más de un millar de piezas expuestas, dentro de unos fondos que continúan creciendo, y permite seguir la evolución de la silueta femenina entre mediados del siglo XIX y las primeras décadas del XX. Vestidos, corsés, crinolinas, polisones, zapatos, sombreros, bolsos, abanicos, joyas y pequeños objetos cotidianos reconstruyen una época en la que vestirse era también someter el cuerpo a una compleja arquitectura.

El corsé ocupa un lugar especial. Hoy suele interpretarse como un símbolo de opresión, pero Lysenko insiste en que la realidad histórica es más compleja: sus formas cambiaron al mismo tiempo que los ideales de belleza, los hábitos y la propia indumentaria. Un ejemplar de 1855, con una cintura de 48 centímetros, obliga a mirar de otro modo la pieza y a imaginar el cuerpo que hubo dentro de ella.

Vestido de estilo 'Balmoral'
Vestido de estilo ‘Balmoral’ Victoria Museum Barcelona

Entre las piezas más espectaculares está el vestido de novia de 1903-1904 de House of Worth, confeccionado en satén de seda duquesa y adornado con flores de azahar de cera, asociadas desde tiempos de la reina Victoria a la pureza de la novia. También destaca un vestido de estilo “Balmoral” de 1864-1965, la primera pieza histórica que Lysenko incorporó a su colección y una especie de tarjeta de presentación de todo el proyecto.

Pero quizá lo más revelador sean los objetos pequeños: un frasco de perfume, un bolso diminuto, una fotografía, unos guantes. Cosas que no fueron creadas para pasar a la historia y que, precisamente por eso, permiten acercarse a la vida cotidiana de quienes las utilizaron.

Entrar en el boudoir

La nueva vitrina lleva esa mirada un paso más allá. Si los vestidos muestran la imagen pública de las mujeres, En el Boudoir. Bajo el vestido permite asomarse a aquello que normalmente quedaba oculto.

Corsés, enaguas, peignoirs, camisones, cuellos de encaje, guantes y frascos de perfume reconstruyen ese territorio íntimo situado entre lo doméstico y lo privado. El boudoir era una habitación para arreglarse, pero también para descansar, leer, escribir o recibir visitas. Un lugar donde la mujer podía desenvolverse con una libertad diferente a la que tenía en los espacios públicos.

Hay algo especialmente contemporáneo en observar hoy todas esas prendas que estuvieron tan cerca del cuerpo. Más que la moda, cuentan cómo una sociedad construía el ideal femenino y hasta qué punto ese ideal se llevaba literalmente puesto.

Un museo que sigue abierto pese a la guerra

La apertura de Barcelona no supuso el cierre de la historia ucraniana. Cuando comenzó la invasión rusa a gran escala, Lysenko tuvo que abandonar su país después de meses de bombardeos y acabó instalándose en Barcelona. Pero el Victoria Museum de Kyiv continuó funcionando. Hoy las dos sedes forman parte del mismo proyecto cultural.

En Barcelona hay una pieza que hace visible esa conexión de una manera especialmente poderosa: un vestido contemporáneo cuya silueta recuerda a la victoriana pero cuyo estampado reproduce dibujos realizados por niños ucranianos que se refugiaban en un búnker de Bucha mientras caían las bombas. Lysenko lo llama “el vestido del recuerdo”. “Todos los niños tienen derecho a una infancia feliz y merecen escuchar risas y no sirenas”, afirma.

Una de las vitrinas del Victoria Museum
Una de las vitrinas del Victoria Museum Guifré Sabaté i Rispa / Propias

La guerra continúa, pero también lo hace el museo de Kyiv. Para Lysenko, mantener abiertas sus puertas tiene un valor que va más allá de la actividad cultural. El museo es, dice, un pequeño oasis de paz.

Barcelona todavía está por contar

Y quizá esa sea una de las partes más interesantes de esta segunda temporada: el museo no quiere limitarse a mostrar en Barcelona una colección llegada de Ucrania. Quiere empezar a construir también una colección de Barcelona.

Lysenko busca vestidos y objetos de finales del XIX y principios del XX que hayan pertenecido a familias catalanas, especialmente de la burguesía y de las clases acomodadas. Le gustaría encontrar prendas que permitan explicar cómo vestían aquellas mujeres de Barcelona, qué tejidos utilizaban, qué complementos llevaban y, a través de ellos, cómo era su vida cotidiana.

Por eso la colección está abierta a quienes conserven en casa una pieza de esa época y quieran darle una nueva vida. Un vestido heredado, un bolso, un abanico, una fotografía o cualquier objeto de indumentaria puede esconder una historia que todavía no ha sido contada. El museo puede estudiarlo, documentarlo y, eventualmente, incorporarlo a futuras exposiciones.

Es una manera de que Barcelona deje de ser únicamente el lugar donde el museo se ha instalado y pase a formar parte de aquello que cuenta.

En el fondo, esa es la diferencia que Lysenko establece entre coleccionar y crear un museo. “La colección pertenece a quien la reúne -dice-; el museo adquiere una responsabilidad con los objetos, con quienes los visitan y con la historia que esos objetos pueden transmitir”.

Aitziber Azpeitia González

Aitziber Azpeitia

Periodista

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