Zucchero, a corazón abierto (★★★★✩)

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Por Donat Puig Duran — Portada

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Crítica de Rock/pop

Adelmo Fornaciari celebró los 25 años de ‘Baila (Sexy thing)’ en un Palau donde sobraron las butacas

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Donat Puig Duran

Donat Putx

01/10/2026 10:04 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Zucchero

★★★★✩

Lugar y fecha: Palau de la Música Catalana (29/IX/2026)

Hace ya un cuarto de siglo que Adelmo Fornaciari, Zucchero para el arte, se colocó en lo más alto de tantas listas internacionales con Baila (Sexy thing) y aquel magnético “baila morena” en el coro. Para celebrar el significativo aniversario, recorre el mundo con la gira que este martes desembarcó en el Palau, poblado por gran número de convecinos de origen italiano. El concierto, inserto en la programación del Festival de Jazz de Barcelona, alcanzó las dos horas. Otras veces hemos visto a Zucchero arropado por una banda gigante, pero esta vez vino acompañado de media docena de instrumentistas, combo por lo demás estupendo, comandado por el bajista estadounidense Polo Jones.

Dieciocho temas de su repertorio publicados a lo largo de más de tres décadas –y otros tres a cargo de la banda recordando a figuras como Ike & Tina Turner o B.B. King–, marcaron la comparecencia de quien, en todo momento, cantó a corazón abierto.

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Ya en el primer tema, Music in me, dejó clara una de sus grandes señas de identidad: su apego a la herencia afroamericana, esas formas que han nutrido la música popular desde hace tanto tiempo. Pulso que reiteró, entre otras, en piezas como Partigiano reggiano, con el piano bluesy que tricotaba el tema. También, por supuesto, en la famosa Baila…, de giros casi selváticos y bien abrigada por los coros. En este punto a nadie le importaba ya la etiqueta que se le supone al incomparable marco que nos albergaba, y resultaba de lo más normal ver a espectadores bailando y coreando en sus butacas.

Nuestro protagonista mostró igualmente, y con no poca insistencia, sus dotes como baladista. En este frente, nos atrapó un cierto deje soul en Così celeste. Pero quizá puntuó todavía más alto con la confesional Nella casa c’era, número en el que hilvanó buena transmisión. El dúo con Luciano Pavarotti en pantalla en Miserere era seguramente inevitable, y en todo caso complació de lo más a la audiencia. El fin de fiesta con Diavolo in me y, como único bis, Senza una donna, redondearon la noche.

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