Cuatro días a pie entre volcanes y glaciares en Islandia
Por Carles Rusiñol — Portada
Cuatro días a pie entre volcanes y glaciares en Islandia
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Con la llegada del otoño, la Laugavegur cierra su breve temporada tras apenas tres meses abierta para recorrer 54 kilómetros entre las Tierras Altas de Islandia

Las montañas de riolita y los neveros de Landmannalaugar, punto de partida de la Laugavegur, muestran desde los primeros kilómetros el carácter volcánico de las Tierras Altas de Islandia.
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Carles Rusiñol
01/10/2026 06:30 Síguenos en Google
El otoño acaba de llegar a Islandia y uno de los grandes caminos de sus Tierras Altas vuelve a quedarse prácticamente vacío. La temporada de la Laugavegur ha terminado y la nieve, el frío y el cierre progresivo de los accesos devuelven este territorio a unas condiciones que poco tienen que ver con las del senderismo estival.
Durante apenas unas semanas al año ocurre lo contrario. El deshielo y la apertura de las carreteras permiten recorrer a pie los 54 kilómetros que separan Landmannalaugar de Þórsmörk. En cuatro jornadas, el camino atraviesa montañas de riolita, campos de obsidiana, fumarolas, neveros, desiertos de arena negra y ríos antes de terminar, inesperadamente, entre abedules.
La distancia no parece extraordinaria. Lo extraordinario es todo lo que cabe en esos 54 kilómetros.
Primera etapa
De los colores de Landmannalaugar a la nieve

La transformación empieza prácticamente al abandonar Landmannalaugar. Este enclave del sur de Islandia se encuentra rodeado por montañas de riolita y áreas geotérmicas, junto al campo de lava de Laugahraun. El negro de la lava y el verde del musgo contrastan con los amarillos, ocres y rojizos de las montañas.
La primera jornada conduce hasta Hrafntinnusker y suma 12 kilómetros y unos 470 metros de ascenso. El sendero atraviesa Laugahraun, pasa por las laderas de Brennisteinsalda y gana altura mientras aparecen fumarolas y otras manifestaciones de la intensa actividad geotérmica de esta parte de las Tierras Altas.
Más arriba aparecen la obsidiana que da nombre a Hrafntinnusker y también la nieve. El refugio se encuentra a unos 1.100 metros y, incluso durante el verano, pueden persistir grandes neveros. Es además uno de los sectores donde la niebla puede complicar más la orientación. Ferðafélag Íslands (FÍ), la asociación islandesa de excursionismo que comenzó a desarrollar la Laugavegur a partir de 1975, advierte de la necesidad de seguir las balizas cuando disminuye la visibilidad.
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Han pasado apenas 12 kilómetros desde la salida y el terreno ya tiene poco que ver con el de Landmannalaugar.
Tres glaciares
Cuando aparecen tres glaciares
Desde Hrafntinnusker el camino comienza a perder altura hacia Álftavatn. Son otros 12 kilómetros, con unos 490 metros de descenso. Se atraviesan barrancos donde pueden persistir acumulaciones de nieve y zonas geotérmicas antes de alcanzar Jökultungur.
Desde Jökultungur, cuando las nubes lo permiten, pueden contemplarse desde un mismo punto tres grandes glaciares del sur de Islandia”.

Allí aparece una de las imágenes que explican por sí solas el recorrido. Cuando las nubes lo permiten, desde un mismo punto pueden distinguirse tres glaciares del sur de Islandia: Mýrdalsjökull, Eyjafjallajökull y Tindfjallajökull. El camino desciende después con fuerza por terreno pedregoso hacia cotas más bajas.
Y aparece también el agua. Al final del descenso espera el Grashagakvísl, que debe cruzarse a pie antes de continuar hacia Álftavatn. No será el último. Al menos tres ríos de la Laugavegur carecen de puente y deben vadearse, con un caudal que puede aumentar rápidamente después de episodios de lluvia.

Álftavatn, a unos 550 metros de altitud, marca el final de la segunda jornada. Las zonas más altas de Hrafntinnusker quedan atrás y las grandes extensiones volcánicas empiezan a dominar el recorrido.
Desierto volcánico
Diecisiete kilómetros sobre arena negra
La tercera jornada es la más larga del itinerario clásico: alrededor de 17 kilómetros entre Álftavatn y Emstrur. Nada más salir hay que vadear el Bratthálskvísl. Después de pasar por Hvanngil, una pasarela permite cruzar el Kaldaklofskvísl, pero poco después aparece el Bláfjallakvísl, otro vadeo cuyo paso puede complicarse tras lluvias intensas.
Después, casi todo desaparece.

La vegetación se reduce y durante kilómetros se avanza sobre arenas y materiales volcánicos oscuros. No hay árboles que rompan el horizonte y apenas aparecen construcciones. Las montañas se levantan aisladas sobre una extensión negra que hace difícil imaginar que las laderas de colores de Landmannalaugar se encuentran a poco más de treinta kilómetros a pie.
Es también uno de los tramos donde mejor se percibe la escala de las Tierras Altas: kilómetros de terreno abierto, sin árboles y con muy pocas construcciones que sirvan de referencia.
Antes de alcanzar Emstrur hay que cruzar el Innri-Emstruá, esta vez por un puente. Cerca del refugio, el terreno vuelve a quebrarse alrededor de Markarfljótsgljúfur, el profundo cañón excavado por el río Markarfljót.
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Y cuando parece que la Laugavegur ya ha mostrado su paisaje más extremo, todavía queda el último cambio.
Þórsmörk
Un bosque después del desierto
Desde Emstrur restan unos 15 kilómetros hasta Þórsmörk. El camino atraviesa barrancos y cruza el Fremri-Emstruá mediante una pasarela. Más adelante espera el Þröngá, el último gran río que debe vadearse antes de entrar en el valle.
Al otro lado ocurre algo que, después de tres días de roca, nieve, arena y agua, resulta casi extraño: aparecen árboles.
Primero son arbustos y manchas verdes. Después, los bosques de abedules de Þórsmörk. El contraste resulta especialmente acusado tras las extensiones negras de la jornada anterior. El itinerario clásico termina en Langidalur, dentro de un valle protegido por montañas y grandes masas glaciares.
En apenas cuatro días han quedado atrás la riolita de Landmannalaugar, la obsidiana y la nieve de Hrafntinnusker, los glaciares del horizonte y las grandes extensiones de arena volcánica. Los abedules aparecen cuando apenas quedan kilómetros para terminar.
Fin de temporada
Un camino que el invierno vuelve a cerrar
La llegada del otoño cambia las reglas. En un año medio, FÍ considera la Laugavegur abierta y transitable entre el 25 de junio y el 15 de septiembre, aunque las fechas dependen de la nieve, la meteorología y del momento en que pueden abrirse las carreteras de acceso a Landmannalaugar y al resto de las Tierras Altas.
Los propios refugios reflejan lo corta que resulta esa ventana. Hrafntinnusker suele permanecer abierto hasta alrededor del 16 de septiembre; Álftavatn y Hvanngil, hasta el 17; y Emstrur, aproximadamente hasta el 18. Las fechas pueden variar según las condiciones de cada temporada.
La ventana habitual para recorrer la Laugavegur apenas se extiende del 25 de junio al 15 de septiembre y puede variar según la nieve y el estado de los accesos”.
Fuera de ese periodo, recorrer estas montañas deja de ser una travesía senderista convencional. FÍ advierte de que desplazarse por la zona en invierno exige experiencia en condiciones extremas y equipamiento específico. Tampoco circulan entonces los autobuses que durante el verano permiten acceder a Landmannalaugar y regresar desde Þórsmörk.
Incluso en temporada, la popularidad de la Laugavegur no debe confundirse con facilidad. La meteorología puede cambiar rápidamente, la cobertura telefónica es irregular y los ríos pueden crecer con la lluvia. Los refugios y las zonas de acampada son además los puntos habilitados para pasar la noche y conviene reservar plaza antes de iniciar la travesía.

Ahora, con el otoño recién estrenado, la Laugavegur vuelve a quedarse prácticamente vacía, como al comienzo de esta historia. Los refugios cierran, los accesos se complican y la nieve irá recuperando las zonas más altas. Durante meses, estos 54 kilómetros volverán a pertenecer casi exclusivamente al viento, el hielo y los volcanes.
Hasta que llegue de nuevo el deshielo. Entonces se abrirán los accesos, regresarán los guardas a los refugios y los senderistas volverán a salir de Landmannalaugar. Cuatro días después, si el tiempo islandés lo permite, estarán entrando entre los abedules de Þórsmörk.
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