¿Cuánto agua debo beber si ya no tengo tanta sed como en verano?
Por Aitor Sánchez Comer Aitor Sánchez Comer — Portada
¿Cuánto agua debo beber si ya no tengo tanta sed como en verano?
Consultorio de nutrición
El nutricionista Aitor Sánchez responde las dudas de nuestros lectores
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Cuando pasa el calor la sensación de sed disminuye
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01/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
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¿Cuánto agua debo beber si ya no tengo tanta sed como en verano? (David Osorio, lector)
El volumen de agua que tenemos que beber depende de cada persona y de cada situación, y por eso no vas a tener mejor indicador que tu sed. Las cantidades pueden ser muy variables en el momento en el que entramos a considerar la actividad física, el calor o la humedad. Por ese motivo la famosa cifra de ocho vasos de agua al día es tan solo una aproximación
Al guiarnos por la sed, hay que tener en cuenta que este fantástico mecanismo fisiológico puede estar alterado y a veces se enmascara. Nos gusta mucho decir en nutrición que para que la sed funcione correctamente no debemos alterar mucho nuestro paladar, y que también es importante tener agua disponible cerca para que la pereza no impida una correcta hidratación.
Seguro que a todo el mundo nos ha pasado alguna vez que no bebemos salvo que tengamos la botella de agua cerca, porque incluso algo tan sencillo como levantarnos o no tener el estímulo visual puede desincentivar. Por eso una pauta fundamental es tener la botella de agua accesible.
De igual manera, la bebida de hidratación principal debe ser agua. En el momento en el que empecemos a desplazarla con bebidas alcohólicas o refrescos, esta regulación no funcionará adecuadamente.
Si sigues estas pautas puedes confiar en tu sed, aunque siempre debemos prestar más atención a personas mayores y niños pequeños, dado que a veces pueden tener pequeñas alteraciones.
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Depende, la categoría de gelatinas tienes diferentes composiciones, y por supuesto, lo más importante será considerar frente a qué lo estamos comparando.
Una gelatina podría ser una alternativa interesante si nos permite reducir lácteos, azucarados o bollería industrial, pero si por el contrario le está quitando protagonismo a la fruta, es muy difícil que mejore nuestra dieta.
Hay dos cuestiones fundamentales a tener en cuenta. La primera de todas es la presencia o no de azúcar y/o edulcorantes.
La gelatina normalmente se utiliza como un postre o como un ingrediente dulce, con lo cual podemos ver la formulada con cantidades altas de azúcar. Aquellas versiones edulcoradas, aunque son menos agresivas y siguen sin ser recomendables como consumo rutinario. De modo que tendríamos una recomendación parecida a la que ya hemos dicho en otras ocasiones en el consultorio sobre las bebidas, azucaradas o las bebidas edulcoradas.
La otra cuestión a tener en cuenta es el ingrediente principal. Y es que las gelatinas pueden estar compuestas de ingredientes muy distintos entre ellos. Muchas de ellas están hechas de colágeno, que se obtiene a partir de huesos y cartílagos de origen animal, en este caso tendríamos una aportación extra de proteína en la dieta, pero de una calidad e interés muy bajo.
Por el contrario también existen aquellas hechas con gelificantes vegetales, como el agar-agar o los carragenatos, estos ingredientes tienen una gran capacidad para forma geles, por lo tanto seguimos manteniendo la premisa que el ingrediente principal es agua. Su aporte nutricional es muy discreto, incluyendo algún polisacárido o algo de fibra soluble.
En definitiva, las gelatinas no tienen mucho interés nutricional, suelen ser más bien un reclamo de decoración o un sustituto. La contribución que pueden tener más de interés es la de reducir otros dulces más perjudiciales, pero no olvidemos que aspiramos a que el postre ideal sea una pieza de fruta.
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