El caballito de mar, en riesgo de desaparición en el Mediterráneo por el aumento de barcos y la construcción
Por Ángela Torres Riera — eldiario.es – eldiario.es

La saturación del archipiélago balear y la subida de temperatura del agua han contribuido a la disminución del pez, que actúa como indicador de la salud de los ecosistemas marinos
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Las generaciones anteriores testificaron, al nadar en el mar, algo que ahora no se puede apreciar: caballitos de mar, de intensos colores, flotando por bahías y lugares recogidos de la costa de Mallorca, Menorca y las Pitiusas. Este pez marino es uno de los habitantes más singulares del Mediterráneo y uno de los más vulnerables a los cambios que está experimentando el ecosistema marino en este rincón del mundo. El signátido, con importantes funciones ecológicas, se encuentra en declive en la región mediterránea, incluidas las Illes Balears.
Igual que antes era fácil encontrarlos en lugares con aguas calmadas, de poca profundidad y donde hay praderas submarinas, como la bahía de Portocolom (Mallorca), Maó (Menorca), s’Estany des Peix (Formentera) o la bahía de Talamanca (Eivissa); actualmente es prácticamente imposible. Su presencia –cada vez menor– está ligada a fondos costeros con vegetación marina, donde se camuflan y pasan la mayor parte del tiempo.
Pero en las últimas décadas sus poblaciones han caído entre un 25% y un 30%, en un contexto en las islas marcado por la degradación de sus hábitats, la contaminación y otros impactos sobre el litoral, como la superpoblación de barcos, la elevada actividad humana derivada del turismo y los efectos del cambio climático.
En aguas del archipiélago viven dos especies autóctonas: el caballito de mar común y el caballito marino mediterráneo, ambas protegidas. Se trata del Hippocampus hippocampus y Hippocampus guttulatus, según sus nombres científicos. Ambos están protegidos por el Real Decreto 139/2011, de 4 de febrero, que desarrolla el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESRPE).
Un ejemplar de pez pipa, Syngnathus typhle, según su nombre científico
Los caballitos de mar son indicadores de la salud de los ecosistemas marinos y a la vez, una especie muy vulnerable a los cambios que ocurren en su hábitat natural: en la actualidad, la subida de temperatura provocada por el cambio climático y que afecta al mar Balear es otro de los principales problemas no solo para los caballitos, sino también para la supervivencia de otros animales y plantas marinas como la posidonia oceánica.
Los caballitos de mar son indicadores de la salud de los ecosistemas marinos y a la vez, una especie muy vulnerable a los cambios que ocurren en su hábitat natural. La subida de temperaturas por la crisis climática les afecta especialmente
De hecho, el agua se ha calentado +0,036 ºC al año desde 1982, con anomalías récord en 2022 y 2023, según un estudio realizado en 2025 por investigadoras del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (Imedea, CSIC-UIB), que analizó cómo detectar las olas de calor marinas en el Mediterráneo, en un mar cada vez más cálido.
El organismo apuntó que el Mediterráneo occidental, y en especial el Mar Balear, atraviesa una de las etapas más cálidas jamás registradas. Otro análisis de un grupo de científicos determinó que el óxido nitroso ha alcanzado este año su máximo en las islas, donde las playas están al límite de su calentamiento.
Un declive “preocupante”
Este es uno de los motivos de que, en las últimas décadas, las poblaciones del caballito de mar común en el archipiélago hayan sufrido un rápido declive, según datos de un proyecto de conservación impulsado por Banca March y la Fundación Palma Aquarium y que ha logrado introducir en cuatro años un total de 1.517 ejemplares en diferentes áreas marinas protegidas y Lugares de Interés Comunitario (LIC) de les Illes Balears.
El objetivo es contribuir a la recuperación de las dos especies autóctonas presentes en el Mediterráneo a través de una labor de recuperación e investigación con iniciativas destinadas a aumentar el conocimiento sobre el pez y la conservación de la biodiversidad marina. El proceso comienza con la selección y aclimatación de parejas adultas para favorecer la reproducción. Una vez nacen las crías, empieza la fase más delicada, con ejemplares que miden apenas un centímetro y necesitan unas condiciones muy controladas para sobrevivir.
La temperatura, la luz, la filtración y la circulación del agua son algunos de los parámetros que se vigilan durante esta etapa, en la que además se les proporciona alimento vivo como artemia, misis, microalgas, rotíferos y copépodos. Para producirlo, se utiliza un laboratorio de plancton y cuando los caballitos alcanzan un tamaño suficiente para sobrevivir en el medio natural, llega el último paso, que es su reintroducción en el mar.
El agua de Balears ha aumentado su temperatura considerablemente en los últimos años, lo que perjudica a la fauna y flora marina
Dificultades para hacer un censo
El caballito de mar es uno de los únicos animales en que es el macho -y no la hembra- quien incuba los huevos en una bolsa situada en su abdomen hasta que nacen las crías. Y puede llegar a liberar cientos de ellas en un solo parto. Se mantiene estable mediante la cola, con la que se agarra a la vegetación marina. Por el contrario, para desplazarse, utiliza sus pequeñas aletas. Para alimentarse, aspira a sus pequeñas presas, como crustáceos, a través de su hocico, quizá su parte más característica.
Algunas especies –entre ellas, las dos que habitan en el mar Balear– realizan rituales de cortejo y forman vínculos de pareja durante una temporada reproductiva. Algunos de estos pasos casi ceremoniales consisten en reunirse cada mañana, cambiar de color, nadar juntos y entrelazar sus colas.
Algunas especies realizan rituales de cortejo, como reunirse cada mañana, cambiar de color, nadar juntos y entrelazar colas
Desde la Fundación señalan que los proyectos de restauración activa, como la cría y liberación de caballitos de mar o también los peces pipa –que se asemejan mucho a la posidonia muerta, con la que se confunden–, pueden tener un papel en la recuperación de las poblaciones, siempre que cuenten con una base científica sólida. Sin embargo, advierten de que estas iniciativas son solo una parte de la solución y que la prioridad debe ser conservar los ecosistemas y actuar sobre las causas que han provocado el declive de las especies.
En cuanto a la liberación de nuevos ejemplares, explican que no sirve de mucho si el hábitat no mantiene unas condiciones ambientales adecuadas o no se han reducido las presiones que llevaron a la especie a disminuir. Al mismo tiempo, reconocen que los proyectos pueden ayudar a acercar el problema a la ciudadanía y generar apoyo para impulsar medidas de conservación más amplias. Pero el “reto real”, señalan, está en encontrar el equilibrio entre restaurar y evitar que los ecosistemas lleguen a necesitarlo.
El ser humano, su principal depredador
Uno de los principales problemas para la conservación de los signátidos –caballitos y peces pipa– consiste en que es muy difícil obtener información sobre su estado. Son peces muy modificados, con un esqueleto muy duro y con pocos depredadores naturales, cuyas pocas habilidades para nadar han hecho que evolucionen en el arte del camuflaje y muy difíciles de rastrear sin utilizar prácticas invasivas (como la pesca de arrastre). Esto prácticamente imposibilita que exista un censo.
El hecho de su desaparición no constituye una evidencia científica, pero sí se ha constatado a través del testimonio social. Esto permite, según los expertos, afirmar que esta decadencia del singular pez marino se está produciendo. Por otro lado, los espacios marinos en los que habitan –tranquilos, poco profundos y luminosos–, podrían ser ecosistemas complejos atractivos para que las especies de esta familia vivieran.
Sin embargo, al ser muy frágiles y debido a la alta presión en el litoral balear, se han ido deteriorando, lo que ha provocado la pérdida de su calidad ambiental y la afectación de la fauna marina, incluido el caballito de mar. Los lugares de refugio se han convertido en las últimas décadas en entornos hostiles con una actividad humana y náutica muy fuerte, lamentan desde la Fundación Marilles.
En estos puntos –además altamente turísticos– se ha edificado y se sigue edificando en gran medida. Es el claro ejemplo del Arenal des Castell, en Menorca, el puerto de Sóller, en Mallorca, o Sant Antoni de Portmany, en Eivissa. Enclaves donde se han construido hoteles, puertos y diferentes servicios para la actividad marítima cerca de núcleos poblacionales de la costa muy construidos y totalmente entregados al turismo.
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