Por Gema Abad Ballarín — Portada

La partitura de la mente

La Mirada del Lector

El bello documental ‘María Callas: Cartas y memorias’, protagonizado por Mónica Bellucci, explora la vida de esta soprano y permite reflexionar sobre la soledad, la vulnerabilidad y la relación compleja entre personas

Monica Bellucci, en un espectáculo de homenaje a Maria Callas.

Monica Bellucci, en un espectáculo de homenaje a Maria Callas.

Miquel González / ACN

Gema Abad

Barcelona

29/09/2026 06:00 Síguenos en Google

* La autora forma parte de la comunidad de lectores de La Vanguardia

Normalmente, siempre suelo iniciar un escrito sabiendo lo que voy a comunicar. Las ideas se agolpan en mi mente y, a continuación, las ordeno. Podría decir que empiezo la estructura del texto con una representación mental de un proceso que quiero compartir. 

Sin embargo, algo en mi interior me dice hoy que me siente, sin miedo a plasmar mis pensamientos, delante del ordenador y que, a través de la improvisación, vaya dando rienda suelta a ese interior que desea manifestar un estado de ánimo, un momento del día, una impresión que, sin saber, ha llegado a mis adentros y aquí no es prioritario el orden, esa estructura tan importante a la hora de escribir. 

Me dejo llevar por mi afición a la escritura, que tanto bien me hace, y, sin ningún plan previo, de forma automática, será mi subconsciente el que hará que mi meditación se plasme en el papel, dejando que fluyan las palabras sin poner filtros.

Un bello documental sobre María Callas: Cartas y memorias, protagonizado por Mónica Bellucci, que explora la vida de esta legendaria soprano, me permite hacer una reflexión sobre las personas, los momentos de soledad, de vulnerabilidad y la relación compleja, muchas veces, con el mundo que nos rodea. 

Sin profundizar en el trabajo de estas divas, en lo que al arte se refiere, me ha impresionado esa dualidad como mujeres y como artistas con todas las dificultades y retos que eso conlleva. Me ha hecho comprender que, al margen de quién es cada persona, todos tenemos nuestras propias ambiciones, rutinas, preocupaciones, amistades… 

Al margen de quién es cada persona, todos tenemos nuestras propias ambiciones, rutinas, preocupaciones, amistades…

De vez en cuando, somos presa de una nostalgia del pasado por cosas que hemos hecho o por aquellas que nunca hemos llegado a hacer; sentimos un anhelo insaciable por algo lejano en el tiempo que no podemos identificar fácilmente. 

Surgen imágenes que van flotando por nuestras cabezas, tan simples como la seguridad de tener un cobijo en un momento en que la lluvia golpea contra las ventanas o el sentirnos acompañados de alguien a quien queremos cuando estamos solos con nuestros silencios. 

También nos planteamos la velocidad con la que el tiempo pasa; esa prisa de vivir cundo eres joven y esas ganas de detenerlo cuando te haces mayor, momento en el que queremos huir, ocasionalmente, de una rutina excesiva para intensificar, de alguna manera, esa sensación de fugacidad.

Viendo la vida de estas dos mujeres, tengo una revelación instantánea de que todos tenemos nuestros propios secretos, algo que llevamos en nuestro interior y que sentimos la necesidad de proteger porque únicamente nos pertenece a nosotros. 

Gracias a sus diálogos, veo que las personas solemos desnudar la realidad que hay debajo de esa profesión que nos define y nos representa socialmente para mostrar lo que somos: seres humanos de carne y hueso que pensamos, dudamos y sufrimos. Es una desconexión necesaria entre cómo nos ve el mundo exterior y lo que realmente somos por dentro.

Me llegó como un dardo esa frase que dijo Mónica Bellucci acerca de María Callas: “La mató la vida, no su talento”. Esa constante lucha interna entre el deber ser y el desear vivir. Lo que nos pasa cuando queremos soltar el control y queremos “ser”, sin el peso de no defraudar a nadie, cuando buscamos un espacio seguro donde podamos ser aceptados.

Con esta crónica, que titulo con el nombre de “partitura”, y que ha sido el resultado de observar a estas dos grandes mujeres y escuchar cartas escritas por La Divina a través de la voz de Mónica Bellucci, quien pudo ponerse en su piel enfundada en un vestido negro precioso de Yves Saint Laurent, quiero compartir la emoción que he sentido y transmitir a todos los que la leáis mi reflexión, que va más allá de la interpretación que hacemos de la vida, destacando la “realidad”, ese diálogo interno con el que intentamos dar orden a nuestras experiencias.

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