El compromiso de los Premios Vanguardia
Por Editorial La Vanguardia — Portada

El compromiso de los Premios Vanguardia 29/09/2026 00:05 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Han pasado ya 145 años desde que se publicó el primer ejemplar de La Vanguardia. El que en 1881, año de su fundación, era un recién nacido es ahora, en el 2026, el segundo diario más longevo de Europa, constantemente respaldado por sus numerosos suscriptores y lectores. A lo largo de tan dilatado periodo, ha publicado 52.122 ediciones –incluyendo la de hoy–, fiel a su espíritu liberal, a su independencia política y a su rigor periodístico, y siempre guiado por la misma propiedad familiar.
Esta realidad es motivo de cotidiana satisfacción, de dedicación sostenida y, también, de ocasional celebración. Por ejemplo, la de anoche en el Palau de Congressos de Catalunya, donde se reunieron 1.200 representantes del mundo empresarial, político, social y cultural, para asistir a la entrega de los Premios Vanguardia. El objetivo de estos galardones, que cubrieron su cuarta edición, es ensalzar la tarea, siempre esforzada, en ocasiones heroica y verdaderamente admirable, de quienes llevados por su compromiso cívico trabajan sin descanso para mejorar la sociedad e impulsar el progreso colectivo.
El palmarés de la categoría de internacional de estos galardones es una buena prueba de ello. En las ediciones del 2024 y del 2025 lo merecieron Yulia Naválnaya, la viuda del desaparecido opositor al régimen de Vladímir Putin, y Caroline Darian, hija del agresor sexual Dominique Pelicot y denunciante de sus tropelías. Dos mujeres valientes, capaces de desafiar a poderes carentes de escrúpulos, ya sea en la escena global o en la doméstica, y de recordar al mundo que la dignidad humana es un bien inalienable.
La cuarta edición de los galardones de este diario reunió a 1.200 personas en el Palau de Congressos
Anoche recibió este galardón Jens-Frederik Nielsen, que accedió al cargo de primer ministro de Groenlandia el pasado abril, con solo 33 años, cuando arreciaban las pretensiones anexionistas del presidente norteamericano Donald Trump para hacerse con el control de su país, y que, dando muestras de temple y precoz madurez, ha sabido reconducir la situación y contener la ofensiva trumpista.
La gala de anoche tuvo otros galardonados de relieve, entre ellos Isidro Fainé, presidente de Criteria Caixa y de la Fundación La Caixa, que recibió el premio Extraordinario; o el cantautor Joan Manuel Serrat, que recibió el premio a la Trayectoria, así como otros más, hasta un total de diez, en ámbitos como los de la innovación y ciencia o de sostenibilidad, sin olvidar el premio In Memoriam para la añorada soprano Montserrat Caballé. Pero, además de todo eso fue también, y de modo principal, una renovación del compromiso cívico de La Vanguardia, asociado esta vez al de una lista de galardonados que, cada uno en su terreno, lo han asumido y encarnado con especial brillantez.
Esa renovación pasa, como es obvio, por el aplauso a quienes trabajan para favorecer el bien común, asumiendo a veces riesgos temibles. Y también por la reválida del irrenunciable compromiso de este diario con el ejercicio del periodismo en un marco de defensa de la democracia y de sus instituciones. Porque si el compromiso de los galardonados se expresa en los ámbitos de la política, la economía o la cultura, el de La Vanguardia no puede manifestarse más que mediante la calidad y la integridad de su periodismo.
“La verdad no se negocia, se busca, y nuestro fin es encontrarla”, dijo ayer el editor de ‘La Vanguardia’
Cuando se aspira a la excelencia, dicha labor requiere tesón y rigor a toda prueba, con el propósito de obtener y ofrecer a los lectores la información más fiable, la que mejor ayuda a conocer e interpretar la realidad y, por consiguiente, a tomar posición ante ella. Eso ha sido siempre así, aunque a menudo las circunstancias no fueron fáciles. Desde luego, no lo son en la actualidad. La verdad está amenazada –y no solo desde oscuras instancias, también desde centros de poder globales–, las pulsiones autoritarias que creíamos perdidas en la noche de los tiempos afloran de nuevo y, entre tanto, la inteligencia artificial avanza, de momento desbocada y representando por tanto una nueva amenaza colectiva.
La posición de este diario ante tal coyuntura es clara. Como manifestó ayer de modo inequívoco su editor, Javier Godó, conde de Godó, “la prensa de calidad tiene entre sus misiones buscar la verdad, acercarnos a los hechos tanto como sea posible y mantener el espíritu crítico”. Y aun agregó: “En mi condición de editor de La Vanguardia , quiero afirmar públicamente que la verdad no se negocia, la verdad se busca y nuestro fin es encontrarla”. Los tiempos son, pues, difíciles. Pero el compromiso de este diario es firme.
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