Marinaleda, donde el alquiler de una casa tiene un tope de 20 euros al mes
Por María Jesús Del Pino — Portada
Marinaleda, donde el alquiler de una casa tiene un tope de 20 euros al mes
En Sevilla
El ayuntamiento ultima 24 viviendas sociales que seguirán siendo de propiedad municipal y que sus vecinos podrán ocupar, sin límite de tiempo, por 15/20 euros mes

Imagen de recurso de una calle de Marinaleda, Sevilla.
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Sevilla
28/09/2026 12:49 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
La vivienda se ha convertido en uno de los grandes quebraderos de cabeza de los españoles. En Madrid, el caso de Maricarmen, la mujer de 87 años desahuciada la semana pasada de la casa en la que vivió durante más de siete décadas, ha vuelto a poner rostro a un problema que se explica con cifras: precios por metro cuadrado, alquileres, salarios.
Andalucía también padece esta situación y hay casos parecidos por otras tantas provincias. Sin embargo, en Marinaleda, a unos cien kilómetros de Sevilla, la conversación sobre vivienda empieza de otra manera.

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Esta localidad de la Sierra Sur de Sevilla tiene 2.555 habitantes y ultima 24 viviendas sociales que se alquilarán por entre 15 y 20 euros al mes. Son dos promociones, una de 10 casas y otra de 14. Las viviendas tienen dos plantas y el inquilino podrá permanecer en ellas sin límite de tiempo, según explica el alcalde, Sergio Gómez, aunque no podrá venderlas. La propiedad seguirá siendo municipal.
La cifra resulta difícil de imaginar en el contexto actual y obliga a detenerse en la relación que Marinaleda ha mantenido durante décadas con la vivienda. Aquí, la discusión no termina cuando se construye una casa. También importa quién la posee, cuánto se paga por vivir en ella y qué ocurre cuando la familia que la ocupa se marcha.
La tierra antes que la casa
En los años setenta, Marinaleda era un pueblo de jornaleros. Las movilizaciones por la tierra desembocaron en ocupaciones, desalojos y años de conflicto en torno a la finca El Humoso, hasta que en 1991 los jornaleros accedieron a unas 1.200 hectáreas. Con el tiempo, aquella tierra se convirtió en cooperativas, empleo y una forma de organización colectiva que acabaría trasladándose también a la vivienda.
El modelo también tiene problemas. Uno de ellos es la dependencia de El Humoso. La finca sigue pendiente de una solución sobre su futuro y la actividad agrícola se ha visto afectada en los últimos años por la sequía.
El vecino construye
Una vez conquistado el suelo, la cuestión era qué hacer con él. La respuesta de Marinaleda fue, en buena parte, construir.
El Ayuntamiento explica que durante décadas ha cedido suelo municipal para levantar viviendas mediante fórmulas de autoconstrucción. El vecino participa en las obras y las horas trabajadas se descuentan del precio final. Según el consistorio, más de 350 viviendas se han construido mediante este sistema.
Las 24 que ahora se terminan no serán propiedad de las familias que las ocupen, sino del Ayuntamiento, que las alquilará por este precio. El alcalde defiende que la vivienda debe entenderse como un derecho y no como una mercancía. El objetivo, según explica, es que estas casas no entren en el mercado y puedan seguir destinadas a vivienda social cuando una familia deje de necesitarlas.
La promoción lleva además varios años en marcha. La documentación municipal recoge distintas fases de construcción de las 24 viviendas y el presupuesto de 2025 incluye una aportación para la séptima fase.
El alcalde no cobra
La relación entre política y dinero también forma parte de la identidad que el municipio reivindica. Sergio Gómez sostiene que los cargos políticos de Marinaleda no cobran por su trabajo. En su caso, la información de retribuciones correspondiente a 2024 recoge 0 euros de remuneración municipal y señala que ejerce sin dedicación.
La idea de la política como servicio forma parte de la identidad que el propio municipio reivindica. También lo hacen sus asambleas.
El Ayuntamiento describe la Asamblea General como un espacio abierto a los vecinos en el que se tratan cuestiones como los presupuestos, los impuestos o el reparto de viviendas. El consistorio calcula una participación habitual de entre 400 y 600 personas.
Y están los llamados Domingos Rojos: jornadas de trabajo voluntario para arreglar calles y jardines, colaborar en la construcción de viviendas o trabajar en las cooperativas agrícolas.
Un pueblo que se cuenta a sí mismo
Marinaleda no empezó con las ocupaciones de tierra. Hay restos de asentamientos neolíticos, presencia romana y vestigios de época andalusí. Pero su identidad contemporánea se construyó sobre todo durante la democracia.
En 1979, tras las primeras elecciones municipales, el callejero cambió. Nombres vinculados al franquismo dejaron paso a Lorca, Miguel Hernández, Pablo Neruda, Blas Infante, Salvador Allende o Che Guevara. Es un pueblo que también cuenta su historia a través de sus calles.
Durante más de cuatro décadas estuvo gobernado por Juan Manuel Sánchez Gordillo, de la Candidatura Unitaria de Trabajadores (CUT), integrada en IU durante buena parte de su trayectoria, y del Sindicato de Obreros del Campo. Desde 2023, el alcalde es Sergio Gómez, de Con Andalucía (IU-Podemos). El modelo político y social que ha marcado la localidad, sin embargo, tiene raíces mucho más antiguas que el actual gobierno municipal.
Pero toda esa historia acaba ahora en algo mucho más concreto: 24 viviendas. Diez en una promoción y catorce en otra. Dos plantas, alquiler municipal y entre 15 y 20 euros al mes. No habrá compraventa. Las familias podrán vivir en ellas, pero las casas seguirán perteneciendo al Ayuntamiento. Cuando una vivienda quede libre, seguirá siendo municipal.
Ahora queda por abrir estas 24 viviendas. Detrás de cada puerta habrá una familia que pagará, como máximo, 20 euros al mes por un lugar en el que poder vivir.

Chus del Pino
Córdoba, 1984. Periodista. He desarrollado mi carrera en distintos medios de información editados en Sevilla, siempre buscando historias que reflejen la realidad en la que vivimos
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