Lo que Barcelona puede aprender de un valle de los Alpes
Por Redacción La Vanguardia — Portada
Lo que Barcelona puede aprender de un valle de los Alpes
Barceloneses globales
No es solo el salario; hace falta dar perspectivas de crecimiento a los jóvenes y reforzar la conexión universidad, investigación e industria

Una mujer trabajando en el sector biotecnológico
Drs Producoes / Getty Images

Barcelona
28/09/2026 11:32 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Ivet Folch es farmacéutica de formación, biotecnóloga en producción farmacéutica en Lonza, en Visp (Suiza)
¿Qué podemos aprender de su ciudad de residencia?
Trabajo como biotecnóloga en producción farmacéutica en Visp, una pequeña localidad en el cantón del Valais rodeada por los Alpes suizos. El contraste es curioso: vivo en un valle de montaña, pero al mismo tiempo trabajo en uno de los centros industriales más importantes del grupo Lonza, dedicado al desarrollo y la fabricación de productos farmacéuticos y biotecnológicos. El centro de la compañía en Visp cuenta con más de 4.700 trabajadores de 70 nacionalidades, una realidad internacional que se percibe cada día.

El Valais es bilingüe, francés y alemán, y me ha sorprendido especialmente el respeto por la lengua propia de cada zona. En la parte francófona, la vida cotidiana es en francés y, en Visp, en alemán. Nadie parece considerarlo un obstáculo, al contrario, esta internacionalidad enriquece el territorio. Trabajar dentro de una planta de producción me está permitiendo entender la biotecnología más allá de la teoría. Trabajo por turnos, una exigencia que se compensa con unas buenas condiciones laborales y salariales. Pero de Suiza no solo destacaría el trabajo, sino también esta parte natural de la identidad del territorio que nadie cuestiona.
¿Cómo puede Barcelona atraer talento joven como hace Suiza?
Barcelona tiene universidades, talento científico, hospitales de referencia y un ecosistema biotecnológico con mucho potencial. El gran aprendizaje que me llevo de Visp es comprobar qué pasa cuando una industria altamente especializada genera oportunidades profesionales estables y atractivas también para los jóvenes. En Suiza he encontrado una realidad laboral que me permite, con 24 años, trabajar en mi sector, asumir responsabilidades dentro de una planta de producción farmacéutica y tener unas condiciones para construir un proyecto de vida.
Barcelona tendría que aspirar atraer y retener más talento joven con oportunidades de este nivel, reforzando la conexión entre universidad, investigación e industria. No se trata solo del salario, sino de dar perspectivas de crecimiento y responsabilidad a los profesionales que empiezan. También trasladaría otra lección del Valais: se puede ser internacional sin perder la identidad local. En Visp conviven profesionales de decenas de nacionalidades, pero eso no hace que el alemán desaparezca de la vida cotidiana. Barcelona, igualmente abierta y cosmopolita, puede seguir atrayendo talento internacional manteniendo el catalán como una lengua viva, útil y compartida.
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