El hijo de la cómica
Por Daniel Fernández Gutiérrez — Portada

El hijo de la cómica
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28/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Está José Sacristán, don José Sacristán, en el teatro Romea de Barcelona representando –es un decir, porque lo suyo es tan verdad que no cabe la representación– El hijo de la cómica , una pieza del mejor teatro basada libremente en la autobiografía de Fernando Fernán Gómez, El tiempo amarillo (reeditada en Debate, también había edición en Capitán Swing), centrada en los años entre 1921 y 1943. Sólo va a estar hasta el próximo 4 de octubre, así que si no lo han visto todavía, corran a comprar una entrada y a ser atónitos y felices –aunque pudiera ser que también algo tristes– espectadores antes de perderse la oportunidad. ¡Corran y vayan a verlo, háganme caso!
No es esta pieza de magnífico teatro un monólogo, aunque sea sólo Sacristán quien actúe y esté en escena, pero lo hace alternando dos voces con su dicción prodigiosa y creando de la nada dos personajes: el del propio Fernando Fernán Gómez más el de su abuela. Y aun se añade, pues es la sombra que está sin estar, el de la cómica, la madre de Fernando, la presencia ausente de los primeros años de su vida.
Alegrías y miserias andan repartidas en una narración que explica España y sus gentes, que cruza el Atlántico de ida y de vuelta y que bebe de esa voz, la de Sacristán, que es la única (junto con, tal vez, la de Josep Maria Pou, director artístico del Romea) que puede evocar y convocar el recuerdo de aquel trueno que poseía Fernando Fernán Gómez. No hay nadie más que pueda atreverse a invocarlo, a revivirlo.
Fernán Gómez en su voz prestada que es su propia voz, en una adaptación y dirección del mismo José Sacristán, que fue su amigo y al que escuchó y con el que conversó durante largos años. Esta pieza teatral honda e íntima es un homenaje y una recreación de un tiempo y un país y de uno de sus más insignes actores, que muchos llevamos todavía en el recuerdo. Yo no sé si fue Jesús Cimarro quien convenció a Sacristán o al revés, pero han conseguido una pieza teatral íntima que apela al menos a un par de generaciones de españoles, todo ello, insisto, basado en la increíble capacidad de Sacristán de transmutarse en un actor que desea ser alguien desde niño y en una abuela, modesta modista, que lo acompaña con su voz cascada y rota por la vida.

Que el prodigio del mismo hombre en escena nos haga creer, con su voz tan solo (¡nada más y nada menos!), que es un joven que desea triunfar o un niño que juega y casi se enamora o bien la abuela que lo tutela y protege, forma parte todo ello de los misterios y la magia del teatro y las virtudes del rapsoda que nos lleva a la hoguera nocturna y los primeros tiempos de la poesía oral.
Fernando Fernán Gómez no se fiaba de los libros de memorias, pero dejó un hermoso volumen que tituló gracias a unos versos de Miguel Hernández: un día se pondrá el tiempo amarillo sobre mi fotografía. Alcanzan hasta los años noventa y son un compendio de la España del siglo XX, pero Sacristán ha elegido limitarse al tiempo de formación y, por qué no, de las grandes esperanzas de un meritorio cuya altura y color de pelo lo hacían perfectamente inadecuado para triunfar sobre las tablas.
Alegrías y miserias andan repartidas en una narración que explica España y sus gentes
Fernando Fernández Gómez nació en Lima, en Perú, en 1921 y fue actor, novelista, director de cine y de teatro y una presencia constante de la vida española aunque no fuera oficial y administrativamente español hasta los años ochenta. Llegó a ser hasta académico de la RAE. Y su voz de trueno aún resuena no sólo en sus numerosas interpretaciones, sino también, casi como meme, en alguno de sus arrebatos de santa cólera en público, pese a que era un gigante afable y amable.
Su madre, la cómica Carola Fernán Gómez, estaba de gira por América cuando su hijo nació en Lima, aunque no lo inscribió hasta llegar a Buenos Aires, con lo que Fernán Gómez figuró a lo largo de su vida como argentino. Era hijo natural (¿qué hijos son artificiales?) de su madre y de Fernando Díaz de Mendoza y Guerrero, que era a su vez hijo de la gran actriz María Guerrero, que, según se cuenta, se opuso frontalmente al matrimonio de su hijo con Carola. Así que el futuro actor fue un hijo ilegítimo en aquella España. Y lo crió y tuteló su abuela, lo que establece algún paralelismo con la propia biografía personal de José Sacristán, incluso con alguna coincidencia geográfica, Chinchón y alrededores mediante.
Que se inició en el teatro y triunfó en el cine es un tópico, pero refleja la popularidad que obtuvo tras películas como Botón de ancla y Balarrasa , más las que protagonizó junto a Analía Gadé.
A finales de los cincuenta, justamente junto a Gadé, estrenó las hoy aclamadas La vida por delante y La vida alrededor , que el mismo Fernán Gómez dirigió.
Siempre fue inquieto y de izquierdas, pero se hizo a aquella España del franquismo que, según el también actor Arturo Fernández, nunca molestó ni a Paco Rabal ni a Fernán Gómez aunque los dos tuvieran fama de comunistas. Siempre hay más de una forma de vivir y contar la historia…
El viaje a ninguna parte, El ascensor de los borrachos (injustamente postergada) o Las bicicletas son para el verano son obras suyas de madurez que bebieron siempre de aquella infancia y de aquella vida junto a su abuela mientras su madre era una mujer hermosa que venía a temporadas y colmaba a aquel niño pelirrojo de regalos.
Las memorias de Fernán Gómez son un compendio del siglo XX, pero la obra se limita a su juventud
La asombrosa y bellísima recreación de Sacristán deja también un poso de tristeza y, a la vez, de esperanza. Como si todos, durante una hora y algo, fuésemos hijos de la cómica y nietos de la costurera. Asombrados todavía de que aquella España haya alumbrado ésta mucho más luminosa, aunque las sombras crezcan y amenacen por fuera del teatro. Habría que oír lo que hubiera dicho Fernán Gómez del resurgir de la ultraderecha…
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