Hacer vino en un país de mayoría musulmana: el interesante renacer enológico de Turquía

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Por Iker Morán — Portada

Hacer vino en un país de mayoría musulmana: el interesante renacer enológico de Turquía

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Turquía produce unos 4 millones de toneladas de uvas al año, lo que sitúa al país como el séptimo productor del mundo

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Selección de vinos turcos

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Iker Morán

28/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

La media sonrisa del camarero al preguntarle si tenían algún vino local permite intuir que aquella era una duda habitual entre los visitantes. Aterricé en Estambul sin haber escuchado nunca nada sobre vinos de Turquia, pero pocos días después ya había catado más de una treintena de referencias de lo más variadas y, en general, con un perfil muy atractivo y moderno. Porque sí, en Turquía hay vino, presumen de una riqueza varietal de uvas única en el mundo, y una larguísima historia de producción que en los últimos años parece estar volviendo a despertar. Son sólo los primeros pasos de un tímido y desconocido renacer enológico en un país donde casi todo parece estar en contra de quienes se animan a producir vino.

Según datos de 2024, Turquía produce unos 4 millones de toneladas de uvas al año, lo que sitúa al país como el séptimo productor del mundo. El quinto, si se tiene en cuenta la extension de sus viñedos. Pero la inmensa mayoría de esa uva es para consumo directo o para pasas y sólo una minúscula parte acaba convertida en vino. En concreto, se habla de unos 70 millones de litros de vino al año. Como referencia, España, produjo ese mismo año más de 3000 millones de litros.

Con esas cifras sobre la mesa no parece que haya muchos motivos para hablar de vinos turcos. Pero, como suele ocurrir, los datos no reflejan la complejidad de un asunto en el que la historia y la religión tienen mucho peso. “La historia antigua de Anatolia está profundamente arraigada alrededor de las uvas, también lo estaba la elaboración de vino. Los sumerios y los hititas ya hicieron vino en este suelo e incluso usaron el vino como una mercancía”, señala Alp Açik, sumiller y uno de los grandes conocedores del vino turco.

Viñedos de la Bodega Vinkara
Viñedos de la Bodega Vinkara Cedidas

Cristianos y musulmanes

Efectivamente, el territorio de la actual Turquía fue una de las cunas del vino. ¿Qué pasó para que esa tradición milenaria se desvaneciera hasta convertir el vino en algo minoritario y casi anecdótico? “La elaboración de vino sufrió un importante retroceso a principios del siglo XX debido a guerras e intercambios de población, lo que provocó la salida de griegos y armenios, quienes eran los maestros en la elaboración del vino”, resume Levon Bagis, socio junto al cocinero Maksut Aşkar de Foxy, un bar de vinos en Estambul donde sólo se sirven referencias elaboradas con uvas autóctonas del país.

Bagis, además de ser una de las personalidades más conocidas en el mundo del vino turco, es uno de los creadores junto a Umay Çeviker de Yaban Kolektif, una asociación que reivindica la recuperación de variedades propias prácticamente extinguidas y que trabaja en un formato nómada, en diferentes bodegas del país.

El restaurador Levon Bagis 
El restaurador Levon Bagis  Yaban Kolektif

Pero, volviendo a la historia, tras la caída del Imperio Otomano, la salida de la mayoría de la población cristiana y la llegada de musulmanes tuvo un efecto directo en la producción y consumo de vino. La cuestión religiosa -apunta Açik- daría para un largo debate sobre hasta qué punto el Corán prohibe el alcohol. Un tema realmente complejo, porque Turquía es un estado laico con más de un 90% de la población que se define como musulmana, aunque el porcentaje baja al 50% a la hora de hablar de practicantes.

Los impuestos a las bebidas alcohólicas son muy altos, y la publicidad de alcohol está prohibida

Pese a ello, la influencia de la religión en el consumo de alcohol es evidente. También en la parte legislativa, porque los impuestos a las bebidas alcohólicas son muy altos, y la publicidad de alcohol está prohibida, lo que incluye al vino, que no tiene un trato especial como en España. Además, los requisitos económicos que se exigen a las bodegas para la producción de vino o que durante muchos años el monopolio del estado (Tekel) priorizará la cantidad a la calidad tampoco ayudan.

El sumiller Alp Açik durante una cata 
El sumiller Alp Açik durante una cata  Propias

Todo parece ir en contra del vino aquí. Pero falta un elemento en esta ecuación: el raki. Este licor dulzón elaborado con uva, con sabor a anís y que se consume con agua es, con diferencia, la bebida más popular del país y el acompañamiento habitual de las cenas cuando se sale a un restaurante.

“Es la bebida alcohólica más fácil de producir, almacenar por períodos largos y de entender. Dado que el raki ofrece un sabor y una sensación en boca muy fuertes, también es fácil de apreciar, a diferencia del vino, que requiere algo de conocimiento”, reflexiona.

Variedades propias

Es en este complicado contexto cuando hace ya un par de décadas comenzó el cambio. “Hoy en día, las fábricas gigantes están siendo reemplazadas por bodegas boutique en regiones como Tracia, Urla y Capadocia, que destacan el carácter del terruño”, explica Bagis. No se trata sólo de volumen y de cambiar cantidad por calidad, sino que la apuesta por variedades locales es clave. Es uno de los tesoros del país, con estudios que hablan de hasta 1500 variedades propias, aunque sólo un pequeño porcentaje estaría destinado a la producción vitivinícola.

“En lugar de variedades importadas estándar, una nueva generación de productores está reintroduciendo al mundo del vino uvas casi perdidas como öküzgözü, boğazkere y kalecik karasi utilizando técnicas modernas”, señala Bagis, creador de Kav Boutiques, la primera cadena de tiendas de vinos del país.

Para Açik dos de las uvas más interesantes y representantes ahora mismo dentro del vino turco son la emir -una variedad similar a la sauvignon blanca o albariño, con acidez y mineralidad- y la citada kalecik karasi “parecida a la pinot noir; fácil de beber, con taninos suaves, y que puede ofrecer un buqué muy complejo en nariz y envejecer bien”, explica. Bagis suma a esa pequeña lista la boğazkere que ya aparece mencionada por Herodoto, o la erciş karasi con mucho potencial para triunfar de forma internacional, apunta.

Por supuesto, no se puede hablar de Turquía como un todo, sino que los vinos de cada región tienen sus propios matices. No hay denominaciones de origen como tal, pero sí siete zonas que  organizan la producción. ¿Las más interesantes ahora mismo? “Me gustan los tintos grandes y potentes, y esto lo hacen muy bien en la región de Tracia”, señala Alp Açik.

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Iker Morán

“Anatolia Oriental y del Sureste, limítrofe con Irán y Georgia, en particular, la geografía alrededor del Monte Ararat y la línea que se extiende hasta Armenia y Georgia”, defiende Bagis. Cepas viejas por descubrir, alguna y geografía para lidiar con el cambio climático y una historia de miles de años que, de hecho, sitúa aquí el origen del vino. Pocos lugares en el mundo pueden presentar un curriculum así.

Otra baza para el vino turco es que encaja perfectamente en el estilo natural que se busca ahora. Açik se revuelve un poco con eso de la etiqueta natural, pero concede que la poca intervención, el viñedo en ecológico, no usar levaduras comerciales o la idea de transmitir el carácter del territorio son parte de la esencia de los vinos que se están trabajando ahora en el país ¿Modernos? Podemos pensarlo al ver algunas etiquetas, o los pet-nat y oranges que hemos podido probar, pero en realidad esos estilos enlazan con la milenaria historia de Turquía.

Las cifras, las trabas con la que se encuentran las bodegas, el descenso del consumo de vino entre los jóvenes -algo global, en este caso- y la larga lista de retos del sector invitan a moderar cualquier alarde de optimismo. Pero es inevitable volver de Turquía con ese entusiasmo de haber probado vinos nuevos y la sensación de que nos habíamos estado perdiendo un capítulo importante de esta historia.

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