“Miró se alimentó de los linchamientos de los que fue objeto para cuestionar su pintura”

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Por Maria Teresa Sesé Monclus — Portada

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Abucheos, silbidos, gritos, intercambio de golpes entre los espectadores y una lluvia de octavillas afiladas como cuchillos. Instigados por André Breton y Louis Aragon, un grupo de alborotadores irrumpió vociferando en el estreno parisino, en 1926, de Romeo y Julieta, una producción de los Ballets Rusos de Diaghilev cuyos decorados firmaban Max Ernst y Miró. “Es inadmisible que las ideas se pongan al servicio del dinero”, se podía leer en el panfleto que volaba por los aires. La protesta, que derivó en un tumulto que requirió la intervención de la policía, iba dirigida contra los dos artistas, a los que los jefes de filas del surrealismo recriminaban el haber traicionado los principios del movimiento al comercializar su talento y venderse a una estética burguesa. Las fuerzas de la poesía y la imaginación, defendían, no pueden entregarse a manos de los mercaderes.

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Fonte: Portada

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