Belén Hostalet: “He visto la manzana pudrirse”
Por Sandra Arbat Marrase — Portada
Belen Hostalet, toda la verdad sobre las redes: “He visto la manzana pudrirse”
Entrevista
Llegó a Instagram cuando todo estaba por inventar. Diez años después sigue apostando por hacer las cosas a su manera
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27/09/2026 06:29 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Empezó en Instagram en 2015, cuando todavía no existía un manual para ser creadora de contenido. Estudiaba Economía, hacía fotografías por afición y era, según sus amigas, “la última persona” que imaginarían convertida en influencer. Hoy trabaja con algunas de las firmas de mayor prestigio internacional, pero no da ninguno de sus trabajos por sentado. Nos encontramos en una cafetería de aire retro en el barrio barcelonés de Galvany, para hablar de su trayectoria, maternidad y del tema del verano: la caída de los influencers.
Es de las pocas creadoras de contenido que no se ha mudado a Madrid. ¿Nunca pensó que le cerraría puertas?
Yo creo que depende mucho del estilo de vida que quieras llevar. Para mí, Barcelona es también una decisión estratégica. En Madrid hay muchísimos eventos cada día y, si viviera allí, probablemente acabaría mezclando mucho más mi vida personal con mi trabajo. Para mí es muy importante separar esos dos mundos. Además aquí puedo filtrar más.
Barcelona me permite ir con más calma y, al mismo tiempo, centrarme en proyectos que encajan conmigo, quizá más vinculados al lujo o a un perfil más nicho.

Ha trabajado con firmas como Chanel, Dior o Louis Vuitton. ¿Cómo consigue no normalizar algo que para muchos sería un sueño?
Creo que nunca doy nada por sentado. En esta industria hay muchísima rotación: cambian los directores creativos, las agencias, los equipos de PR… y todos esos cambios pueden afectar a tu relación con una marca.
Por ejemplo, con la llegada de Jonathan Anderson a Dior, el universo de la firma ha cambiado y eso también se refleja en la manera de trabajar, ya que él no colabora con influencers, solo con celebrities. Por eso, después de tantos años, que una marca siga confiando en ti tiene mucho valor. Significa que, de alguna manera, has conseguido demostrar que puedes aportar algo.
¿Qué cree que ven en usted?
Sobre todo, naturalidad. Mi familia y yo venimos de un entorno muy humilde y eso forma parte de mí. No soy una persona que se peine o se maquille especialmente para mostrarme en redes, y mi manera de vestir también es bastante sencilla.

Y algo que me separa de otras influencers es que nunca he querido vender mi vida. Desde el principio he separado mucho mi trabajo de mi intimidad. Lo que sí me gusta compartir es mi sensibilidad hacia el arte, la fotografía, la belleza, la moda… También tengo una mirada especial hacia la mujer y, cuando pinto, por ejemplo, me gusta mucho representar el cuerpo femenino. Creo que haber sabido transmitir esa sensibilidad durante todos estos años es lo que me ha diferenciado.
Cuando empezó en Instagram, en 2015, tenía apenas 21 años y estudiaba en la universidad. ¿Cómo recuerda aquellos primeros años?
Era todo completamente distinto. Instagram eran básicamente fotografías y nadie sabía hacia dónde iba a evolucionar aquello. Yo estudiaba Economía y, en realidad, empecé a publicar porque me gustaba mucho hacer fotos. Mi pareja Alejandro estaba en Hawái, de Erasmus, y yo viajaba mucho para estar con él. Como me encontraba sola bastante tiempo, cogía mi cámara y hacía fotografías. En un momento dado mi cuenta empezó a crecer muchísimo y me animé a compartirlas.
¿En su tiempo libre consume mucho redes sociales?
La verdad es que ya no. He vivido toda la evolución de las redes y siempre digo que he visto la manzana podrirse.


¿Y ahora en qué estado se encuentra esa manzana?
Saturada. Para llegar a encontrar algo realmente interesante, tienes que consumir muchísimo contenido que es basura. Yo sigo entrando para ver las tendencias, cómo está cambiando la manera de comunicar o qué formatos funcionan, pero intento no dejarme llevar demasiado por eso porque siento que me resta originalidad. Me quita un poco las ganas de mostrar las cosas como yo quiero. Pero al final, en nuestro trabajo se ha normalizado el tener que hacer lo que dice un algoritmo.
En cuanto al tema del verano, la famosa “caída de los influencers”, ¿cree que la gente se ha cansado de ustedes?
No lo creo. Al final, es la plataforma propia de la época en la que vivimos. Antes era la televisión y ahora son el móvil y las redes sociales. Mientras no aparezca otra forma de consumir contenido, publicidad o inspiración, no creo que esto desaparezca.
Lo que sí creo que ha cansado a la gente es el contenido sin más: personas que venden su vida constantemente pero no aportan nada propio. Yo intento ser muy cuidadosa con las colaboraciones. Decimos que no a casi la mitad de las propuestas que recibimos. No voy a recomendar una crema que no he probado o una marca en la que no creo.


Incidía antes en que usted no ha seguido el camino de mostrarlo todo en redes o hablar directamente a la cámara.
Creo que hay una diferencia entre una celebrity y una creadora de contenido. La primera, como podría ser María Pombo, tiene que exponer mucho más su vida y estar presente en todas las plataformas. A mí eso nunca me ha gustado, ni siquiera como consumidora.
A mí me interesa experimentar con la moda, captar la belleza, pintar, hacer fotografías, descubrir un lugar con una luz especial… Me gusta ir a las semanas de la moda y transmitir esa energía, la locura que se vive en una pasarela. No necesito convertir mi vida privada en contenido para hacer eso.
Ha hablado de los últimos años como una etapa especialmente difícil a nivel mental. ¿Qué le ha ayudado a recuperar el equilibrio?
La terapia, sin duda. Y también entender que la vida tiene diferentes etapas y que no siempre puedes estar hacia arriba. A veces también está bien ir hacia abajo.
Los últimos años han sido muy exigentes para mí, especialmente por la maternidad, la conciliación y toda la presión que generan las redes sociales. Puedes hacer algo creativo que te encanta y que no funcione porque el algoritmo ha decidido otra cosa. Esa frustración, sumada a la sensación de tener que estar constantemente copiando determinadas formas de comunicar, me afectó mucho.

¿Cómo le ha cambiado ser madre?
Creo que soy mucho más paciente y que empatizo mucho más con todo el mundo, especialmente con mis padres. Cada decisión pasa por el filtro de mi hijo. Incluso cuando voy a comprarme un bolso pienso cómo puede afectar eso a él.
Y también siento una responsabilidad enorme. Más allá de las pantallas o de toda la información que reciba, quiero educar a un buen hombre, alguien que respete a las mujeres, que trate bien a los demás y que entienda que un niño y una niña tienen las mismas posibilidade

Sandra Arbat
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