La Fageda empieza a navegar sin su fundador
Por María Teresa Gutiérrez Reyes — Portada
La Fageda empieza a navegar sin su fundador
Economía Social
La cooperativa creada por el psicólogo Cristóbal Colón afronta su ausencia en un momento de equilibrio económico y sociolaboral

Trabajadoras en el centro productivo de La Fageda, en La Garrotxa
LV

Barcelona
27/09/2026 00:05 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Cuando el psicólogo Cristóbal Colón fundó La Fageda en 1982 estaba resuelto a que el proyecto perdurara en el tiempo. Esa vocación de continuidad ha estado presente en cada paso que ha dado la cooperativa, conocida por los yogures que produce desde su sede en el parque natural de la Garrotxa. De ahí que el propio Colón preparase el relevo en la dirección y el gobierno de la organización ya en el 2024, dos años antes de su muerte, el pasado 10 de septiembre.
Su fallecimiento no abre por tanto una sucesión inesperada, pero sí deja una ausencia difícil de llenar en un proyecto que nació de sus convicciones y que ahora tiene el reto de seguir adelante sin su fundador y alma.
La Fageda elaboró 108 millones de unidades de yogur, su producto estrella, el año pasado
“Nos encontramos en un momento de cierto equilibrio económico y sociolaboral”, afirma Sílvia Domènech, directora general de La Fageda. La organización, añade, ha alcanzado una madurez que le permite afrontar los retos sociales y empresariales de los próximos años, entre ellos, la formación para las personas que atiende, responder a sus necesidades de vivienda y mantener los puestos de trabajo protegidos. Para lograr esto último, recuerda, las actividades que los generan deben ser sostenibles.

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Esa relación entre el proyecto social y la vertiente empresarial ha guiado a La Fageda desde sus inicios. Colón, impactado por las condiciones en los entonces llamados psiquiátricos, la impulsó para ofrecer trabajo a personas con problemas de salud mental. Con los años se añadieron la granja, los yogures y otros productos, así como servicios de atención y formación. Hoy, detrás de una marca conocida en los supermercados, hay cinco entidades sin ánimo de lucro que acompañan a personas con discapacidad intelectual, enfermedades mentales o en situación de vulnerabilidad.
La Fageda está integrada por 650 personas, de las que 345 son asalariadas y 168 se encuentran en situación de vulnerabilidad
En el 2013 impulsó un plan que incluía inversiones en las instalaciones industriales y en los servicios a las personas, además del relevo generacional en el patronato y la dirección. De aquel proceso surgió también Noima, la escuela de nuevas oportunidades para jóvenes creada con el Ayuntamiento de Olot. Una vez completado, Colón pasó a ser presidente de honor en el 2024, mientras que Domènech asumió la dirección general y el patronato, presidido por Josep Maria Bonmatí, quedó al frente de las decisiones estratégicas.
La organización ha aumentado su capacidad industrial para seguir creando empleo protegido
Tras ello, Colón dedicó sus últimos años a poner por escrito el ideario de La Fageda y a compartirlo dentro de la organización. “Ahora, uno de nuestros retos es impulsar el plan de custodia y despliegue de su legado”, destaca Domènech. Transmitir esas ideas a quienes se incorporen será parte del trabajo. También, resolver cuestiones para las que el fundador ya no estará presente.

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La situación económica ofrece margen para seguir desarrollando el proyecto. Después de dos ejercicios de pérdidas por el encarecimiento de la energía y las materias primas, La Fageda volvió a beneficios en el 2024. En el 2025, las ventas de productos y servicios alcanzaron los 39,14 millones de euros, un 16% más, con un beneficio de 2,51 millones. Unos resultados, que según su última memoria, permiten atender la deuda y continuar las inversiones.
El buen momento no elimina las exigencias del mercado. Los yogures y postres, su principal actividad, compiten en una categoría que obliga a mejorar la eficiencia y la calidad de forma continua. La ampliación de las instalaciones, culminada este año con apoyo parcial del programa público InnvESS, ha aumentado la capacidad de producción y permitido adaptar y crear puestos de trabajo para personas vulnerables. Domènech señala en este sentido que mantener ese empleo requiere tanto un negocio viable como programas públicos que financien las inversiones y los apoyos a los trabajadores.
La vuelta a beneficios les permite asumir la deuda y avanzar en nuevos proyectos sociales
La pregunta es hasta dónde debe crecer La Fageda. La directora general recupera una frase del propio Colón: “No queremos ser grandes, queremos ser buenos”. No supone renunciar a vender más ni a invertir. En el 2025 se superaron los cien millones de unidades de yogures y postres producidas y la organización estudia ahora proyectos para el abastecimiento y la reutilización del agua, la digitalización y la adecuación de espacios. Pero Domènech sostiene que el tamaño debe responder siempre a las necesidades sociales de la Garrotxa y permitir competir sin romper el equilibrio del proyecto.
Durante este año, La Fageda está revisando si sus servicios y su estructura responden a esas necesidades. De ahí saldrá una reflexión sobre la dimensión adecuada de cada actividad. Es una decisión menos vistosa que inaugurar una fábrica, pero decisiva para una entidad cuyo propósito depende de encontrar trabajo y acompañamiento para personas que difícilmente los obtendrían en otro lugar.
La Fageda llega a esta etapa con una dirección establecida y las cuentas en positivo. Colón dejó preparado el relevo y ahora, su proyecto aprende a navegar sin él.

Maite Gutiérrez
Periodista
Periodista. Ha desarrollado gran parte de su carrera en La Vanguardia, donde ha cubierto las áreas de Educación y Universidades, Política y, ahora, Economía. Licenciada en Ciencias de la Información y Postgrado en Estudios Culturales
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