Arabia Saudí moviliza a Turquía y Pakistán para dar una respuesta a la ofensiva de los hutíes
Por Daniel Rodríguez Caruncho — Portada
Arabia Saudí moviliza a Turquía y Pakistán para dar una respuesta a la ofensiva de los hutíes
Guerra en Oriente Medio
El conflicto pone a prueba el Acuerdo de la Meca, la alianza defensiva de los tres países islámicos

Combatientes hutíes en Saná, la capital de Yemen, ayer
YAHYA ARHAB / EFE

Barcelona
25/09/2026 13:19 Actualizado 25/09/2026 13:45 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
La ofensiva de los hutíes contra Arabia Saudí está poniendo a prueba el Acuerdo de la Meca, el pacto defensivo que Riad firmó el pasado agosto con Turquía y Pakistán. Una alianza nacida en pleno momento de tensiones en Oriente Medio y que incluye una cláusula de asistencia mutua en caso de ataque a uno de sus miembros.
Hasta ahora, el Gobierno saudí se había resistido a activar este pacto para contener a la milicia yemení respaldada por Irán, pero en las últimas horas ha habido un giro: Riad ha comunicado que celebrará una reunión urgente de alto nivel con sus socios para debatir formas de apoyar al reino en el marco de la nueva alianza.
El anuncio llega tras un encuentro celebrado el jueves en Nueva York entre los ministros de Exteriores de los tres países islámicos, coincidiendo con la Asamblea General de la ONU. Riad, sin embargo, no ha aclarado cuándo tendrá lugar esta reunión, ni ha especificado qué tipo de asistencia pedirá.
Lo que sí está claro es que las autoridades saudíes están muy inquietas ante la reactivación de su conflicto con los hutíes. Los insurgentes empezaron a lanzar ataques contra la petromonarquía el pasado julio, en represalia por el apoyo militar saudí al Gobierno yemení internacionalmente reconocido, aunque ha sido este mes cuando se han intensificado las agresiones, en paralelo a la ofensiva que los rebeldes están llevando a cabo en su país.
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En el marco de esta campaña, el jueves, los hutíes afirmaron haber lanzado decenas de misiles y drones contra “un objetivo sensible” en Riad y contra instalaciones de la compañía petrolera Aramco en Yanbu, en el mar Rojo. Arabia Saudí no informó de daños, si bien en la misma jornada reconoció haber interceptado seis misiles balísticos que se dirigían hacia Yanbu y la región de Taif.
La preocupación que genera la escalada es tal que la máxima autoridad religiosa saudí, el jeque Saleh bin Fawzan, ha hecho un llamamiento a los soldados del reino para que estén preparados para dar la vida en la lucha contra los hutíes hasta que estos sean derrotados. En un comunicado difundido por la agencia estatal de noticias saudí, el gran muftí afirma que proteger al reino es uno de “los mayores deberes y los actos de devoción más virtuosos, por los que se pueden sacrificar vidas y almas en busca de la complacencia de Dios”. Asimismo, el jeque subraya que defender la autoridad del Gobierno yemení apoyado por Riad es “una de las obligaciones más urgentes”.
El inusual contenido de este mensaje ha llevado a algunos analistas a sugerir que el ejército saudí podría estar preparando una operación de gran envergadura junto a las fuerzas gubernamentales de Yemen.
De hecho, Arabia todavía no ha aplicado toda su fuerza sobre los insurgentes. Su contención posiblemente se explica por la capacidad que tienen los hutíes para infligir todavía más daño al reino. En caso de escalada, los rebeldes podrían intensificar sus ataques contra las instalaciones petroleras e imponer un bloqueo todavía más estricto la navegación saudí en el mar Rojo. Están en posición para hacerlo, ya que, gracias a su ofensiva relámpago, ahora controlan el estratégico estrecho de Bab el Mandeb.
Movimientos de Teherán
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Riad también es consciente de que el recrudecimiento de las hostilidades podría abrir la puerta a una intervención directa de Irán en el conflicto, pese a que el régimen de los ayatolás insiste en desvincularse de los hutíes.
El jueves, en una entrevista desde Nueva York para la cadena Fox News, el presidente iraní, Masud Pezeshkian, dijo que los milicianos yemeníes “son responsables de sus propias acciones”. “No reciben instrucciones de nosotros”, aseguró. “Tenemos contactos con ellos, pero no existe una relación sistemática”, agregó el mandatario, quien también aprovechó su aparición televisiva para instar a EE.UU. a poner fin a su guerra en Irán.
Según Pezeshkian, Teherán no tiene ningún interés en prolongar el conflicto, por lo que la pelota está en el tejado de Washington. En ese sentido, el Gobierno iraní ha hecho llegar a la Casa Blanca un plan para terminar la guerra en siete días. La propuesta incluye condiciones calcadas a las del memorándum de entendimiento firmado el pasado junio, como el cese de hostilidades en Líbano, la liberación de los activos congelados de Irán y el levantamiento de las sanciones al crudo iraní.
En caso de que Washington acepte todas esas exigencias, Teherán se compromete a reabrir el estrecho de Ormuz y a iniciar de inmediato las negociaciones sobre su programa nuclear. Dos anzuelos para que pique un Donald Trump que constantemente se debate entre el impulso de marcarse un tanto diplomático y la necesidad de mostrarse implacable ante el régimen de los ayatolás.

Daniel R. Caruncho
Periodista. Redactor de Internacional de La Vanguardia.
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