Delcy Rodríguez promete en la ONU elecciones en Venezuela y “una transición legal y ordenada”
Por Francesc Peiron Arques — Portada
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Diplomacia global
La presidenta interina se desmarca del régimen de Maduro, del que era la número dos, explica que negocia con sectores de la oposición, pero no ofrece un calendario electoral, y le da las gracias a Trump “por retomar el camino de las relaciones diplomáticas”, sin citar el asalto a la casa del que era su jefe y su detención

Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela, es escoltada por el protocolo al estrado de la Asamblea General de la ONU para que pronunciara su discurso
John Lamparski / Bloomberg

Nueva York. Corresponsal
24/09/2026 04:47 Actualizado 24/09/2026 06:11 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
La palabra de Delcy Rodríguez. “Quiero decirlo muy claro en esta asamblea general: en Venezuela habrá elecciones”, aseguró la “presidenta encargada de la República Bolivariana”, como ella se presentó este miércoles desde el estrado de la Organización de Naciones Unidas, con sede en la Primera Avenida de Manhattan. Habrá “una transición legal y ordenada”, prometió. ¿La fecha electoral? Por concretar.
Rodríguez, que como bien recordó ya había estado en esa misma tarima como cancillera y como vicepresidenta ejecutiva, o número dos del presidente Nicolás Maduro, dijo que quería agradecer al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y a su gobierno “por su disposición a retomar el camino de las relaciones diplomáticas y la cooperación con Venezuela”.
La frase sonó a hipocresía, como si fuera acompañada de rayos, truenos y centellas. Rodríguez es la presidenta interina y títere que colocó Trump el pasado enero tras la misión de los Navy Seal, que se llevaron a Maduro y su esposa de su casa de Caracas y los trasladaron a una cárcel de Nueva York donde esperan juicio como presuntos narcoterroristas.
“Venezuela definitivamente debe abandonar el camino que permitió que el extremismo y la intolerancia se impusieran sobre la convivencia democrática y pacífica”, sostuvo la que era un pilar clave del régimen chavista.
“Y ahí pido el acompañamiento de la comunidad internacional para que respalde de buena voluntad los cambios que Venezuela necesita desde el respeto a la autodeterminación de mi país”, insistió.
“Quiero que de los escombros de la división levantemos los cimientos de una república nueva plural, profundamente espiritual y en paz consigo misma”, insistió.
“Venezuela ha iniciado un proceso de transformación democrática para su renacimiento, un proceso ordenado, institucional y verificable para construir un país más libre para todos, más próspero y más reconciliado consigo mismo”, alusión al diálogo que ha iniciado con un sector de la oposición en ruta hacia esas elecciones, auque esto queda lejos para saber si conducirá a una verdadera transición democrática.
Todavía insistió en “llevar a Venezuela de la incertidumbre y el conflicto a una democracia plena, reconocida por su propio pueblo y por el mundo”.
En aras de esa transformación y en ruta hacia una convocatoria electoral, Rodríguez anunció que “ya hemos iniciado un diálogo político con sectores de la oposición que conduzca a un proceso en igualdad de condiciones para todos”.
¿Cuándo? “El pueblo venezolano, con su sabiduría ancestral, determinará el momento correcto y sus instituciones estarán preparadas para garantizar ese proceso inclusivo y transparente, un país que no esté sometido a restricciones económicas de ningún tipo, para que se garantice su derecho al desarrollo”, afirmó.
“El resto y las reacciones espasmódicas de adentro y de afuera forman parte del espectáculo que ya no quieren ver los venezolanos”, pasaje elíptico que parece dirigido al menoscabo de María Corina Machado, la líder opositora que intenta regresar a su país y que Trump, que se reunió con Rodríguez el lunes en Nueva York, trata de impedir esa vuelta porque le supone un estorbo a sus intenciones. El discurso de la presidenta interina dio a entender que el actual gobierno venezolano tampoco la quiere por el país caribeño.
La mandataria describió a Venezuela como un país que ha sufrido dos golpes recientes, la disputa con Estados Unidos y los terremotos de junio que causaron miles de muertos. Este fue el punto más crítico con Washington en su discurso.
Si bien luego ensalzó el acuerdo petrolero anunciado el pasado 28 de agosto, que incluye la explotación por Estados Unidos de una quinta parte de las reservas de crudo venezolanas, las mayores del mundo, pacto que calificó como “uno de los más grandes jamás suscrito” y que “contribuirá al equilibrio energético del hemisferio y de la economía internacional”.
Rodríguez respondió en la ONU, al menos en parte, a la presión existente dentro del país, donde millones de personas han manifestado su descontento con el liderazgo de su ejecutivo. Más que a una audiencia internacional, su intervención se dirigió al consumo nacional y a los millones de venezolanos de la diáspora en el extranjero que dudan de que esta dirigente sea un agente de cambio.
Dentro del país está sometida a la presión de impulsar tanto cambios económicos como políticos. La gente quiere poder comprar alimentos, regresar del extranjero y expresarse libremente. Rodríguez sabe que, si no responde a esas necesidades y aspiraciones, ella y su partido corren el riesgo de perder el poder. Este discurso en Naciones Unidas se interpreta como el reconocimiento más firme de esa realidad.
Su discurso concluyó con una llamada al pueblo venezolano para unir fuerzas con el fin de garantizar el renacimiento del país y reconstruir una nación digna, capaz de forjar su propio camino.
“Vengo a asumir una responsabilidad histórica, la de conducir a Venezuela desde una etapa de incertidumbre y conflicto hacia una etapa de democracia plena reconocida por su propio pueblo y por el mundo, una nueva etapa de bienestar para el renacer de Venezuela”, apostilló.

Francesc Peirón
Corresponsal de 'La Vanguardia' en Nueva York
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