Una serie cancelada puede ser una serie que merece ser vista
Por Pere Solà Gimferrer — Portada
Una serie cancelada puede ser una serie que merece ser vista
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‘Ride or Die (Cómplices hasta el final)’ fue el entretenimiento veraniego perfecto a pesar de su injusta cancelación

A esta sicaria la quieren jubilar con 50 años.
Prime Video

Barcelona
23/09/2026 09:05 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
La noticia de la cancelación de Ride or Die (Cómplices hasta el final) se publicó antes de que hubiera podido terminar el visionado de la primera temporada. Entre las vacaciones, la falta de wifi, el retorno a la normalidad y los screeners de septiembre, se había quedado a medias en la app de Prime Video. Así que, cuando anoche vi el desenlace, solo tenía una preocupación en mente: si me sentiría estafado o no por la falta de un final cerrado. La respuesta corta es que no.
Matt Miller, el showrunner de la serie creada por Tessa Coates, tuvo la sensatez de estructurar la temporada de una forma extremadamente televisiva: entendiendo la temporada como una unidad narrativa que debe funcionar de forma prácticamente independiente. Así tanto el conflicto como la trama principales son resueltos mientras se subrayan qué conflictos secundarios debían trasladarse a la primera línea narrativa en la segunda temporada (y con un cliffhanger tan insustancial como divertido).
La temporada resuelve el conflicto y la trama principales, así que se puede sentir satisfecho con el desenlace a pesar de haber algún cliffhanger
De esta forma, a pesar de la cancelación a traición (y por una razón indignante), se puede recomendar y reivindicar una serie de pretensiones claras: ofrecer una comedia de acción con conflictos femeninos en el centro, de espíritu palomitero y sin ninguna intención de ofrecer nada más que un simpático entretenimiento. Octavia Spencer y Hannah Waddingham, dos grandes actrices, no se relajaron al encarar sus interpretaciones (están siempre estupendas) pero se puede entender que tenían ganas de divertirse.
Al fin y al cabo, la premisa de Ride or Die (Cómplices hasta el final) no engañaba a nadie. Debbie (Spencer), la mujer estadounidense de un político británico, descubre que su marido podría estar muerto el mismo día que descubre que Judith (Waddingham), su mejor amiga, no es ninguna contable: es una sicaria profesional de una agencia secreta. Debbie se siente traicionada pero, como la persigue la mafia albanesa y la podría querer liquidar la organización de Judith, tiene que continuar con su amiga y emprender un road trip.

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Son ocho episodios que colocan la amistad femenina en el centro (incluso en la trama de la villana, que es su reverso oscuro), que denuncia la cantidad de matrimonios-estafa al que se sometieron tantas mujeres de mediana edad y donde el guion nunca olvida que mantener la acción y la comedia es más importante que la verosimilitud en una ficción de estas características. Se merece una mención especial Waddingham, cuya presencia transmite en todo momento el peligro que supone ella, su cuerpo y sus habilidades.
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