Iniciativa bienvenida (★★★★✩)
Por Jorge De Persia Marmo — Portada
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Clásica
El Festival Sant Pau de cámara reúne a destacados músicos, solistas en las principales orquestas de Barcelona

El quinteto de vientos (Mora, Chiralt, Fuster, Podgoreanu y Greaves) con Albert Guinovart en el ciclo de cámara Sant Pau
Martí E. Berenguer

22/09/2026 16:22 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
Debussy, Ravel, Poulenc y Richter ★★★★✩
Intérpretes: Quinteto de vientos (Albert Mora, Dolors Chiralt, Josep Fuster, Ionuț Podgoreanu, Thomas Greaves) y Albert Guinovart (piano).
Lugar y fecha: Sant Pau Festival. Recinte de Sant Pau (15/IX/2026)
Bienvenido un ciclo –no festival– de música de cámara en el desierto musical de septiembre en esta ciudad. ¿Existe una política oficial cultural con planificación, al margen de algunas conmemoraciones (exageradas a veces) que dejan poco?
Es una ocasión de reunir en la música de cámara a destacados músicos, todos solistas en las principales orquestas de Barcelona, a los que se sumó el pianista y compositor Albert Guinovart, cuyo Voyage au centre de la terre para quinteto de vientos y piano cerró el programa, una obra brillante y sensible que alterna un tono elegíaco con el brillo inconfundible del compositor. En este mismo ámbito, le precedió el Sexteto op. 100 de Poulenc, obra de entreguerras, con su magnífico y expresivo segundo movimiento, con pasajes brillantes para la trompa, aquí de Ionout Podgoreanu, solista de la orquesta del Liceu.
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También de exigencias fueron las Tres piezas breves de Jacques Ibert que cerraron la primera parte, para quinteto de vientos, formado –además– por el magnífico clarinetista Josep Fuster, que acaba de dejar la OBC, o su colega la oboe solista Dolors Chiralt a quien tantas veces aplaudimos en L’Auditori, al igual que al fagotista Thomas Greaves. Solista de flauta aquí y habitualmente en la orquesta del Liceu, Albert Mora, asumió con éxito junto a Guinovart la conocida Sonata op. 164, obra tardía y elocuente de Poulenc.
Si se me permite una sugerencia, la música de cámara aporta cercanía y el escenario, cambios, pausas… la aleja
La primera parte, que incluyó una buena versión de la Primera rapsodia de Debussy para clarinete y piano, abrió con un arreglo para quinteto de vientos de Le tombeau de Couperin de Maurice Ravel, que no hace honor a la intensidad expresiva y colorística de la obra, escrita en tiempos de la guerra de 1914 a la memoria de seis amigos del compositor muertos en la contienda.
Si se me permite una sugerencia, la música de cámara aporta cercanía y el escenario, cambios, pausas… la aleja. ¿Por qué, siendo un repertorio tan singular y coherente, no permanecían los músicos en sala comentando aspectos de las obras? Y ¿por qué no incluir Granados o Mompou, que Guinovart toca tan bien, en vez de las dos piezas actuales e intrascendentes de Max Richter?
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