¿Por qué las nuevas guías alimentarias han desatado la polémica en Estados Unidos?

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Por Laura CondePortada

Carne, mantequilla y más proteínas: por qué las nuevas guías alimentarias han desatado la polémica en Estados Unidos

Materia prima

Los posibles conflictos de intereses con determinados productores ponen en tela de juicio los métodos con los que se han elaborado las nuevas recomendaciones nutricionales en el país presidido por Donald Trump

De Luther Burbank a las nuevas variedades de fruta, cada vez más dulces

Las nuevas guías alimentarias americanas han desatado la polémica porqué se cuestionan los procedimientos seguidos para elaborarlas 

Las nuevas guías alimentarias americanas han desatado la polémica porqué se cuestionan los procedimientos seguidos para elaborarlas 

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Laura Conde

22/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

El Physicians Committee for Responsible Medicine (PCRM) ha llevado ante los tribunales las nuevas Guías Alimentarias de Estados Unidos 2025-2030. La organización presentó el pasado agosto una demanda contra el Departamento de Agricultura (USDA) y el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS), en la que cuestiona el procedimiento seguido para elaborar unas recomendaciones que sirven de referencia para buena parte de la política alimentaria y nutricional del país y que, por tanto, tienen una importante incidencia en la salud pública estadounidense.

La acusación principal es que ambos departamentos dejaron de lado las conclusiones del comité científico constituido oficialmente para preparar las guías y recurrieron posteriormente a otro grupo de expertos que habría trabajado sin las mismas garantías de transparencia y participación pública. La demanda pone el foco en los posibles conflictos de intereses de ese segundo grupo. Según PCRM, ocho de sus nueve integrantes habían mantenido relaciones financieras, profesionales o de asesoramiento con empresas u organizaciones vinculadas a sectores como la carne de vacuno, los lácteos, el huevo, el porcino o las dietas bajas en carbohidratos.

Entre las entidades mencionadas figuran la National Cattlemen’s Beef Association, el National Dairy Council, el American Egg Board y el National Pork Board. Son, por el momento, alegaciones de la organización demandante, ya que ningún tribunal ha determinado que esos vínculos condicionaran las recomendaciones ni que las agencias actuaran ilegalmente.

“Por primera vez se ha dado un tono político a unas guías que habían funcionado siempre de forma independiente”, sostiene Miguel Ángel Martínez-González, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra y profesor adjunto de Nutrición de la Universidad de Harvard. Martínez-González es, además, coautor de un estudio recién publicado en Clinical Nutrition que aporta nuevos datos sobre las Dietary Guidelines estadounidenses en comparación con la dieta mediterránea. Tras 14 años de seguimiento, el trabajo no encontró una relación significativa entre una mayor adherencia a las guías estadounidenses y una menor mortalidad, cosa que sí ocurre con la dieta mediterránea, con tasas significativamente menores de mortalidad total, cardiovascular y por cáncer.

Más carne y proteínas son la nueva prioridad 
Más carne y proteínas son la nueva prioridad  Cedidas

Para entender el origen de las críticas hay que remontarse al proceso de elaboración de unas recomendaciones que Estados Unidos publica cada cinco años desde 1980. Para preparar las correspondientes al periodo 2025-2030, durante la Administración Biden se constituyó en 2023 un comité formado por 20 expertos independientes. Durante cerca de dos años, el comité revisó la evidencia científica mediante un proceso que incluyó reuniones públicas, análisis de la literatura y participación ciudadana, y presentó su informe en diciembre de 2024. Martínez-González recuerda que los científicos seleccionados para elaborar el informe previo deben ofrecer garantías de independencia respecto a la industria alimentaria. “Siempre ha sido un proceso puro y limpio, con científicos reputados que no estaban en nómina de la industria. Hasta este año”.

Sin embargo, antes de que se publicaran las guías cambió el gobierno estadounidense: “Cuando llegó la Administración Trump, este informe se ninguneó y hubo otros que hicieron las guías bastante al margen de lo que había dicho el comité anterior”. Es precisamente ese segundo proceso el que se encuentra ahora en el centro de la demanda. Según PCRM, en lugar de limitarse a revisar internamente las conclusiones del comité oficial, el USDA y el HHS recurrieron a un segundo grupo de nueve expertos para revisar parte del trabajo y elaborar una nueva base científica para las recomendaciones.

“Ahora se concede un protagonismo destacado a la carne, los lácteos enteros y otras fuentes de proteína de origen animal”, explica Martínez-González

Las guías finalmente publicadas introdujeron cambios importantes de enfoque. “Ahora se concede un protagonismo destacado a la carne, los lácteos enteros y otras fuentes de proteína de origen animal”, explica Martínez-González, que sin embargo considera un acierto el hecho de que se desaconsejen de forma tajante los ultraprocesados y se limite el consumo de azúcares añadidos.

Martínez-González señala también una contradicción importante. “Por un lado, las guías mantienen que las grasas saturadas deben representar menos del 10% de la energía consumida diariamente, pero al mismo tiempo conceden protagonismo a alimentos que constituyen fuentes importantes de este tipo de grasas, como la carne roja y los lácteos enteros, y mencionan la mantequilla y el sebo de vacuno entre las grasas para cocinar”, afirma.

Otro de los puntos que cuestiona es el aumento de la ingesta de proteína recomendada, que las nuevas guías sitúan entre 1,2 y 1,6 gramos por kilogramo de peso corporal al día. “Los estadounidenses ya se pasan varios pueblos en el consumo de proteínas”, señala el experto.

“Los estadounidenses ya se pasan varios pueblos en el consumo de proteínas”, señala el experto

Martínez-González contrapone este modelo al Healthy Eating Plate desarrollado por la Escuela de Salud Pública de Harvard, que concede aproximadamente la mitad del plato a frutas y verduras y reserva el resto principalmente a cereales integrales y fuentes saludables de proteína, además de priorizar los aceites vegetales. “Hay una grandísima evidencia científica detrás”, señala. El investigador recuerda además que este modelo ha ido incorporando parte del conocimiento generado durante décadas alrededor de la dieta mediterránea.

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El propio Martínez-González considera legítimo preguntarse hasta qué punto los intereses económicos pudieron influir en el cambio de orientación de las guías, aunque distingue expresamente entre las sospechas y aquello que puede demostrarse. “No tenemos certeza, pero aparece la sospecha de que está la mano de la industria del vacuno, que es muy poderosa. Estados Unidos siempre ha sido un país de cowboys”, señala.

Es precisamente en este contexto donde adquieren especial interés los resultados del estudio del que Martínez-González es coautor. El trabajo analiza la relación entre la adherencia a las Dietary Guidelines estadounidenses y la mortalidad y la compara, en la misma población, con la adherencia a la dieta mediterránea. El estudio, publicado en septiembre en Clinical Nutrition, utilizó datos de 17.855 participantes, inicialmente libres de enfermedades crónicas. La edad media de los participantes era de 37,2 años y el seguimiento se prolongó durante 14,3 años. Durante ese periodo se registraron 525 fallecimientos.

En el caso de las guías estadounidenses, una mayor adherencia no se asoció de forma estadísticamente significativa con una menor mortalidad total, cardiovascular o por cáncer. Sin embargo, entre quienes presentaban una mayor adherencia a la dieta mediterránea, la mortalidad total fue un 32% menor; la cardiovascular, un 61% menor, y la mortalidad por cáncer, un 41% menor que entre los participantes con menor adherencia. “Es el primer estudio que compara los dos patrones y las conclusiones son apabullantes. La dieta mediterránea cuenta con un amplio respaldo científico frente a otros patrones alimentarios”, concluye Martínez-González.

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Fonte: Portada

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