Cuando todos acuden a ti con sus problemas: el desgaste de ser siempre quien escucha y trata de resolver

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Por Ana M. LongoPortada

Contenido solo para suscriptores Cuando todos acuden a ti con sus problemas: el desgaste de ser siempre quien escucha y trata de resolver

Agotamiento emocional

Recibir de forma habitual las preocupaciones ajenas puede tener un coste para quien escucha. La recurrencia y las dinámicas que se establecen dentro de las relaciones ayudan a explicar cómo se consolida ese papel

El desahogo a demanda requiere recursos emocionales por parte de quien escucha, y a menudo este rol acaba agotándonos

El desahogo a demanda requiere recursos emocionales por parte de quien escucha, y a menudo este rol acaba agotándonos

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Ana M. Longo

Ana M. Longo

22/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

Hay personas que suelen enterarse primero. Del problema en el trabajo, de la discusión de pareja, de una preocupación familiar o de esa decisión que alguien lleva días sin saber cómo tomar. Son aquellas a las que se llama para desahogarse, pero también para preguntar qué harían, pedirles consejo o buscar una solución.

Ocupar ese lugar puede ser una expresión de confianza y no supone necesariamente un problema. Pero ¿qué ocurre cuando deja de ser algo circunstancial? ¿Por qué termina siendo casi siempre la misma persona quien escucha y trata de resolver? ¿Y qué puede suponer recibir repetidamente el malestar de otros?

El coste para quien escucha

Una investigación publicada en marzo de 2026 en Journal of Vocational Behavior ha analizado una parte menos estudiada del desahogo: no a quien cuenta sus problemas, sino a quien los recibe.

Junchao Huang, Waiseng Lou, Yongjuan Li y Yaoshan Xu estudiaron qué sucede cuando los trabajadores reciben de manera recurrente el desahogo de sus compañeros. El trabajo incluyó primero un estudio piloto de incidentes críticos con 193 adultos trabajadores y, después, un seguimiento de diez días con 117 empleados a tiempo completo, del que se obtuvieron 973 observaciones diarias.

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Los resultados mostraron una relación entre recibir de forma habitual esas preocupaciones y un mayor agotamiento emocional. Ese agotamiento, a su vez, se asociaba con una menor implicación familiar y una menor satisfacción vital al final del día. Los investigadores analizaron también el papel de la estabilidad emocional y observaron que esta amortiguaba la relación entre el agotamiento emocional y la menor satisfacción vital.

Los autores plantean el desahogo recibido como una demanda que requiere recursos emocionales por parte de quien escucha. Atender a las emociones que expresa el compañero, regular las propias y tratar, en algunos casos, de aliviar su malestar puede consumir parte de esos recursos. Desde ese planteamiento, el agotamiento emocional actúa como un mecanismo que vincula esa interacción durante la jornada con experiencias posteriores fuera del trabajo.

El estudio se desarrolla en el ámbito laboral y no permite trasladar automáticamente sus resultados a una familia, una amistad o una pareja. Sin embargo, abre una cuestión que también puede explorarse en las relaciones personales: qué supone para una persona convertirse en receptora habitual de las preocupaciones de los demás.

Es importante diferenciar entre empatizar con alguien y hacer nuestro su sufrimiento

Luis Moya

catedrático de Psicobiología de la Universitat de València

Escuchar reiteradamente los problemas de otros no afecta a todas las personas de la misma manera
Escuchar reiteradamente los problemas de otros no afecta a todas las personas de la misma manera Getty Images

Escuchar de forma habitual los problemas de otras personas pone en marcha distintos procesos psicológicos y neurobiológicos relacionados con la empatía, destaca Luis Moya Albiol, catedrático de Psicobiología de la Universitat de València (UV). Ponerse en el lugar de otra persona implica comprender lo que piensa y siente, pero también acercarse emocionalmente a lo que está viviendo. Según Moya, al observar las emociones de otros se activan circuitos cerebrales implicados en la empatía y podemos incluso contagiarnos de su estado emocional.

El experto indica, sin embargo, una diferencia importante entre empatizar y asumir como propio el sufrimiento ajeno. La empatía permite comprender y compartir el dolor de otra persona y acompañarla sin llegar a padecerlo uno mismo. Cuando se asumen los sentimientos del otro y su angustia se experimenta como propia, aparece lo que se denomina malestar personal.

En esas circunstancias, sostiene Moya, se pierde parte de la distancia emocional necesaria para contemplar la situación con perspectiva y ser incluso menos eficaces al ayudar. “Es importante diferenciar entre empatizar con alguien y hacer nuestro su sufrimiento”, asegura.

¿Por qué, entonces, escuchar reiteradamente los problemas de otros no afecta a todas las personas de la misma manera? Moya señala distintos factores: la personalidad y la capacidad empática, pero también la inteligencia emocional, la resiliencia, los mecanismos de afrontamiento, el apoyo social disponible o el momento vital.

A ello se suman la intensidad y frecuencia de las demandas y el vínculo con quien comparte el problema. En este último aspecto, “cuanto más cercana es una persona, más difícil puede resultar mantener esa distancia”, advierte el catedrático.

Escuchar y ayudar no tiene por qué resultar perjudicial. Moya afirma que prestar apoyo puede fortalecer los vínculos y que sentir que hemos ayudado a otra persona puede ser incluso gratificante. El problema aparece cuando se pasa de acompañar a cargar con el sufrimiento ajeno, especialmente si esa situación se mantiene en el tiempo. Se trata, añade, de comprender, escuchar y ayudar sin terminar haciendo propio el problema de los demás.

Cómo se consolida ese papel

Algunas personas muestran facilidad para comprender y empatizar
Algunas personas muestran facilidad para comprender y empatizar Ana Jiménez

Que dentro de una familia, una amistad o una pareja sea habitualmente la misma persona quien escucha los problemas de los demás no depende únicamente de sus características individuales. Guillem Feixas Viaplana, catedrático del Departamento de Psicología Clínica y Psicobiología de la Universitat de Barcelona (UB), distingue un componente personal y otro relacional.

Algunas personas muestran facilidad para comprender y empatizar, habilidades que pueden haberse visto favorecidas por determinadas dinámicas familiares desde la infancia. Quien atraviesa un momento de angustia o necesita expresar una preocupación puede encontrar en ellas comprensión.

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Expresar esas preocupaciones a alguien que genera confianza puede, además, ayudar a quien las comparte a comprenderse mejor a sí mismo y sus propias reacciones. En algunos casos, se busca precisamente en el entorno cercano a alguien que escuche y proporcione calma.

Pero el papel se va afianzando también a través de lo que ocurre después. Cuando alguien se siente aliviado tras compartir su malestar con una persona que se ha mostrado comprensiva, subraya Feixas, es probable que vuelva a recurrir a ella ante una nueva dificultad. A su vez, la expresión de ese alivio puede funcionar como una recompensa para quien ha escuchado y favorecer que siga haciéndolo, aunque esa dinámica pueda terminar teniendo un coste para ella.

Roles que se intercambian, roles que permanecen

La flexibilidad de esos papeles varía de unas relaciones a otras. Feixas apunta que, en algunas, los roles pueden intercambiarse según las necesidades: quien ocupa una posición en un momento determinado puede adoptar la otra más adelante.

​En otros casos, no obstante, esos papeles pueden permanecer fijos. En las relaciones llamadas técnicamente “complementarias”, una persona expresa habitualmente su malestar y la otra escucha, calma o incluso aconseja.

​En las relaciones continuadas, como ocurre en la familia o entre amistades, aclara que la repetición genera patrones de interacción que permiten anticipar con mayor facilidad cómo responderá cada uno ante el otro. Esa previsibilidad, añade, conecta con una función que considera primordial de nuestra mente: predecir los acontecimientos.

Ana M. Longo

Ana M. Longo

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Licenciada en pedagogía por la Universidad de Santiago de Compostela, 2006.Redactora de contenidos, y autora de los libros ‘Mommy amor en uso’, sobre maternidad y embarazo, y ‘Mamá…¡Teta!’ de lactancia materna

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