Aficionado a la pesca y enamorado de este bosque de la sierra segoviana, Carlos III mandó convertirlo en un lugar ideal para pasear y hacerse con truchas

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Por Alberto Gómezeldiario.es – eldiario.es

Aficionado a la pesca y enamorado de este bosque de la sierra segoviana, Carlos III mandó convertirlo en un lugar ideal para pasear y hacerse con truchas

Construida entre los años 1767 y 1769, la Senda de las Pesquerías Reales conserva intacto su encanto histórico y sigue ofreciendo una experiencia que aúna naturaleza, patrimonio e ingeniería

La ruta en la que podrás ver fresnos, sauces, encinas y salmones y que acaba en un estuario de aguas turquesas

Cuevas, grutas, simas, dolinas, gargantas, manantiales y otras joyas geológicas forman parte de este sendero cordobés

En los hermosos parajes de la sierra de Guadarrama, Carlos III encontró un refugio ideal para alejarse de la pompa cortesana. Apasionado de la pesca de la trucha en las aguas del río Eresma, el monarca ordenó construir un cómodo camino empedrado a lo largo de la orilla, conocido hoy como la Senda de las Pesquerías Reales. Esta infraestructura permitió a la corte pasear agradablemente sin embarrarse en los días de verano, siendo un trazado que conectaba las inmediaciones del Palacio Real de La Granja con los tramos superiores del río. De esta forma, el monarca podía disfrutar de su pasatiempo favorito en un entorno de extraordinaria belleza natural rodeado de grandes bosques.

Entre los años 1767 y 1769, cientos de expertos canteros trabajaron intensamente en esta obra de ingeniería hidráulica del siglo XVIII. Pavimentaron cerca de nueve kilómetros empleando grandes sillares y losas de granito en la margen izquierda del río. La calzada fue equipada con escaleras denominadas pesqueros para facilitar el acceso directo a las mejores zonas del cauce. Asimismo, se dispusieron pasaderas de piedra diseñadas para cruzar las corrientes con total seguridad. Todo el proyecto se ejecutó con una precisión técnica encomiable que ha permitido la conservación de amplios tramos empedrados hasta nuestros días.

Para favorecer la pesca, se construyeron numerosas represas, saltos y pequeñas cascadas a lo largo del cauce del río Eresma. Estas estructuras hidráulicas tenían la función principal de oxigenar las aguas continentales y promover la abundancia de truchas bravas. Los puentes de La Pasadera, El Anzolero y Valsaín completaron esta red arquitectónica pensada para el monarca. Cada elemento de ingeniería integraba funcionalidad y estética en perfecta armonía con el paisaje serrano. Gracias a estas intervenciones, el río se transformó en un acotado real donde la fauna piscícola prosperaba en condiciones idóneas para el disfrute de la comitiva borbónica.

El itinerario discurre entre pinares de Valsaín y robledales de melojo de gran valor ecológico

El itinerario discurre entre pinares de Valsaín y robledales de melojo de gran valor ecológico

El carácter regio de la senda quedó grabado de forma perpetua en las rocas de granito que bordean el camino. Varias coronas reales esculpidas a cincel recuerdan a los visitantes que este dominio fluvial pertenecía en exclusiva al monarca. Junto al puente del Anzolero, una célebre losa conserva la inscripción con la fecha de 1768. La ruta atraviesa además escenarios históricos vinculados a la monarquía, como las ruinas del antiguo Palacio de Valsaín mandado erigir por Felipe II. Estos vestigios patrimoniales aportan un incuestionable valor cultural e histórico a un trazado que combina el legado de la Ilustración con la memoria de la realeza española.

El itinerario discurre bajo la sombra protectora de frondosos pinares de Valsaín y robledales de melojo de gran valor ecológico. Ubicada dentro de una zona de especial protección para las aves, la senda permite contemplar el vuelo majestuoso del águila imperial y del buitre negro. En los troncos de los robles habita el diminuto trepador azul, mientras que en el sotobosque es posible divisar ejemplares de ciervo volante. Esta prodigiosa biodiversidad convierte la caminata en un auténtico santuario natural donde la fauna protegida convive en perfecta armonía. La frescura del bosque y el murmullo constante del agua acompañan al senderista durante todo el trayecto.

Paradas ideales

A lo largo de la ruta se suceden idílicos parajes de descanso como el área recreativa de Los Asientos y la garganta de Boca del Asno. En este singular enclave, el río Eresma ha erosionado los bloques de granito, creando caprichosas pozas y vistosos saltos de agua. Se trata de un lugar de larga tradición histórica vinculado al esparcimiento de la nobleza y a estudios ornitológicos. Más abajo, el embalse del Pontón Alto y el histórico complejo hidroeléctrico del Salto del Olvido atestiguan los diversos usos del río. Estos puntos de interés ofrecen paradas idóneas para contemplar el paisaje y disfrutar de un apetecible descanso en plena naturaleza.

En la actualidad, la Senda de las Pesquerías Reales constituye una de las rutas de senderismo más emblemáticas del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. Aunque algunos tramos presentan cierto deterioro por el paso del tiempo, el trazado conserva intacto su encanto histórico. Los caminantes pueden recorrer este sendero de la provincia de Segovia apreciando las losas originales y las escalas de peces habilitadas. Este histórico camino empedrado sigue ofreciendo una experiencia única que aúna naturaleza, patrimonio e ingeniería ilustrada. Es un legado excepcional de Carlos III que invita a pasear y rememorar la gran tradición truchera de esta sierra.

Fonte: eldiario.es – eldiario.es

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