Pardo Bazán y Barcelona
Por Maria Carmen Riera Galera — Portada

Pardo Bazán y Barcelona 20/09/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
Se cumplió el pasado miércoles 16 de septiembre el 150.º aniversario del nacimiento de Emilia Pardo Bazán, que tantos vínculos estableció con Barcelona, donde fue siempre muy bien acogida y agasajada.
No está de más recordar, me parece, en estos tiempos de onanismo e ignorancia cultural, a los autores foráneos que tuvieron relación con Catalunya e incluso, como la escritora y feminista gallega, visitaron la ciudad en diversas ocasiones y escribieron con elogio sobre ella.
La autora gallega tenía interés por la lengua catalana para poder leer a sus autores sin traducción
En justa correspondencia, la prensa catalana de entonces, y por descontado La Vanguardia, dio cumplida cuenta no solo de las venidas a Catalunya de doña Emilia sino también de sus andanzas por otros lugares y se hizo eco de sus libros, algunos, publicados en Barcelona.
Antes de conocer Barcelona, una joven Pardo Bazán pide a Víctor Balaguer que la ponga en contacto con Rubió i Ors, catedrático de la universidad y maestro de Menéndez Pelayo, para que la oriente, ya que tiene interés en aprender la lengua catalana para poder leer a sus autores sin que medie traducción. Algo que conseguirá, según consta en la correspondencia con dos de sus grandes amigos, el crítico Yxart y el novelista Oller, cuya obra La papallona ha podido degustar en versión original. Oller e Yxart serán fundamentales para el acercamiento de Pardo Bazán a Catalunya.

Pardo Bazán y Oller, que se conocen en París en 1886, según cuenta el autor catalán en Memòries literaràries. Història dels meus llibres, se reencuentran en Barcelona con motivo de la Exposición Universal de 1888. Este es, a mi entender, el viaje más fructífero de Pardo Bazán a Barcelona, tanto desde el punto de vista literario como personal, ya que ambos aspectos se interrelacionan estrechamente durante aquellos días. El Ateneu Barcelonès le rinde un homenaje junto a Marcelino Menéndez y Pelayo, que, dicho sea de paso, ofrece, ante la reina, como mantenedor de los Juegos Florales el discurso en catalán.

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Pardo Bazán, tras la marcha de Galdós, también de visita a la exposición, conoce a José Lázaro Galdiano. Hacía unos años que este, de origen navarro, se había mudado a Barcelona, frecuentaba los salones importantes y a veces daba cuenta de ello en La Vanguardia, en la que también colaboraba con críticas de arte. El encuentro entre ambos fue casual. Los presentó Narcís Oller. La impresión que ella causa en el “joven ilustrado, muy aficionado a las artes y a las buenas letras”, según lo describe el propio Oller, es de las que hacen época.
Lázaro y la escritora ya no se separan hasta que ella regresa a Madrid. Cuentan que Emilia está eufórica. Tiene 37 años, y su joven admirador, 26. Es inteligente, guapo, buen conversador y además se ha enamorado de ella de manera rotunda, como le escribirá Pardo Bazán a Galdós después, cuando Oller, sin querer o queriendo, le haga llegar a este la infidelidad catalana de su amante. José acompaña a Emilia a visitar los alrededores de Barcelona y pasan unos días en Arenys de Mar, “una excursión que –según el malévolo de Oller– la hechizó especialmente”.
Pocos días después de su marcha, la escritora recibe una “reproducción en bronce de su mano gordezuela en actitud de escribir y una alegoría en terracota, que me parece que contenía en bajorrelieve el retrato de los niños de ella, todo lo cual le ofrecía Lázaro como regalo galante”. Quien nos informa, asegurando que lo ha visto, es Oller, por cuyas Memòries literàries campan tanto la condesa como el joven ilustrado, con alguna pícara alusión a ese encuentro barcelonés. Sabemos que la escritora envía a Lázaro una serie de libros, entre estos, el poemario Jaime con dedicatoria: “A José Lázaro Galdiano. Este ejemplar va encuadernado con un guante mío y con la intención le acompaña la mano que vistió el guante y escribió los versos”. Además, le asegura por carta: “En familia y en conversación con los amigos hago siempre el panegírico de Barcelona y de sus incomparables alrededores paraíso de la civilización auxiliada por la naturaleza”.
No cabe duda de que Barcelona constituye para doña Emilia una de sus ciudades fundamentales, que, como le hubo de ocurrir a Cervantes, estoy segura que recordó siempre con gran cariño. Pardo Bazán cuenta con una calle en el barcelonés barrio de Sant Andreu, aunque no sé si su afecto por Catalunya sigue siendo correspondido.
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