Por Marta RebónPortada

Marta Rebón

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Un órgano desafinado 18/09/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

Verano de 1949. Un Buick negro se detiene junto a una iglesia de Turingia, la misma donde Bach cobró su primer sueldo como organista, y Thomas Mann entra con su hija Erika. Dentro, un chico afina un órgano dañado por la guerra y toca, para probarlo, el himno Jesús, alegría de los hombres. El escritor se sienta y llora. Es una escena de Fatherland, la película de Paweł Pawlikowski que se proyectará en el Festival de San Sebastián.

  
   Agata Grzybowska / Mubi via AP

Mann ha vuelto de California para recibir dos premios Goethe, uno a cada lado de la Alemania dividida. En Frankfurt lo aplauden las élites, que no han perdido pie tras la caída del nazismo y, entre canapés, los nietos de Wagner le piden apoyo para reanudar el festival de Bayreuth. Él se niega. Una conferencia suya sobre Wagner había precipitado su exilio en 1933, cuando la burguesía culta de Munich, con Richard Strauss entre los firmantes, protestó por lo que consideró un ultraje al compositor. En Weimar lo reciben con coros. Un hombre se cuela en su hotel para rogarle que mencione que muy cerca, en Buchenwald, los soviéticos vuelven a tener un campo de internamiento. Mann da su discurso sobre Goethe y la humanidad­, pero ni media palabra de Buchenwald.

Mann da su discurso sobre Goethe y la humanidad, pero ni media palabra de Buchenwald

En 1918, en Consideraciones de un apolítico, donde había defendido la causa alemana en la Gran Guerra, Mann veía en la fuga de Bach el espejo de la vida alemana: cada voluntad individual trabada en el orden del conjunto. Cuando llora tres décadas­ después ante el órgano, ya ha escrito Doctor Faustus, en la que el rigor de la forma, llevado al límite, puede volverse espejo del orden totalitario­.

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Pawlikowski se toma una licencia. En 1949 quien viajó con Mann fue su mujer. Erika se negó a regresar a un país que creía podrido. Es una buena palanca dramática, porque al lado del padre viaja quien lo empujó a romper con la Alemania de Hitler.

La Turingia en ruinas que recorrió el Buick es hoy el corazón del voto ultra. Allí la AfD ya ganó hace dos años, y ahora, en la vecina Sajonia-Anhalt, por primera vez desde 1945 la extrema derecha podría gobernar un land. Después de aquel viaje, Mann no volvió a vivir en Alemania. Se instaló en Suiza en 1952 y murió en Zurich.

Fonte: Portada

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