‘Una lunghissima ombra’, música virtual para una pregunta real
Por Sergio Lozano Torres — Portada
Contenido solo para suscriptores ‘Una lunghissima ombra’, música virtual para una pregunta real
Escenarios
El Mercat de Música Viva de Vic abre preguntándose qué define a un concierto

El concierto inaugural del Mercat, anoche en el teatro L’Atlàntida
Xavi Torrent

SergioLozano
Vic
17/09/2026 00:37 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
¿Qué significa acudir a un concierto en directo? La pregunta planteada como puerta de entrada al Mercat de Música Viva de Vic de este año tuvo su respuesta en un concierto inaugural donde el público salió con más preguntas que respuestas. Comenzando por la cuestión de si lo visto fue un concierto o una representación escénica, o quizá ambas cosas.
La dramaturga Lucia del Greco y el italiano Andrea Laszlo de Simone plantearon un acertijo donde la música fue protagonista mientras se tuvo la certeza de asistir a un concierto, pero se desdibujó a medida que crecían las dudas sobre lo que sucedía sobre el espectáculo, donde una banda formada por quince miembros interpretaba de principio a fin el último disco de Laszlo de Simone, Una lunghíssima ombra, que da título al espectáculo.

Lee también
De Lia Kali a Quimi Portet: los conciertos imprescindibles del Mercat de Música Viva de Vic
Martí Abad
La bella reinterpretación melódica del álbum se adueñó del espacio hasta que el vocalista se apartó del micrófono mientras su voz continuaba sonando. Así comenzó el juego de dudas que acabó por abrazar a toda la banda cuando, uno tras otro, los músicos que hasta entonces parecían interpretar al compás una música para nada sencilla comenzaron a abandonar sus instrumentos. Y la música continuaba sonando.
La duda tomó el mando y dio sentido a todo lo visto desde el comienzo, cuando los intérpretes iniciaron su actuación como sombras detrás de una pantalla que ocupaba todo el fondo del escenario, donde solamente se veía a la teclista, la batería y el bajo. ¿Las sombras estaban detrás de la pantalla?¿O eran imágenes? Y si lo eran ¿Estaban tocando en directo en otra parte o era una grabación? Poco a poco los músicos aparecieron sobre el escenario montados sobre pequeñas tarimas rodantes, y con ellos el vocalista, Andrea Laszlo ¿O no era él?

Una lluvia virtual caía por todo el escenario en penumbra, donde los intérpretes, también de negro, parecían difuminarse entre la cortina frontal donde se reflejaban los efectos y la pantalla trasera. Encerrados en una caja, podrían ser el presagio de los conciertos del futuro, hologramas hiperrealistas que harían imposible discernir lo real del artificio.
Esta realidad, anoche, fue que había personas sobre el escenario, pero no tocaban ¿Se les podía considerar entonces músicos? Su comportamiento, así como la presencia de algunos instrumentos sin microfonar, fue lo único que desvelaba esta ficción donde ni siquiera el vocalista era Laszlo de Simone, quien estaba oculto entre bambalinas, y prolongaba así el eremitismo que, desde hace cinco años, le tiene apartado de los escenarios. ¿Fue un concierto lo que se vio anoche? Y lo que tal vez resulte igual de importante ¿Habría cambiado la percepción del público de no haberse desvelado el truco? La duda como respuesta, la música como misterio hasta que el escenario se vació mientras sonaba por los altavoces Non e reale.
Con este arranque por iniciativa del propio Mercat vigatano, la feria que se enorgullece de ser la más importante del sur de Europa certificó su apuesta por la innovación y el atrevimiento. Así puede definirse lo hecho por el dúo Damoridamort, que sacó todo el jugo de la iglesia dels Dolors en una actuación donde iluminaron la talla de la virgen para hacerla partícipe.

El dúo formado por Blanca Nua y Rikamichie (nombres de guerra de Judith Solé y Erika Lurdes) celebraron una actuación escenificada que transcurrió sobre bases electrónicas, tempo lento y voces sincronizadas con precisión. “La tierra llora, os invitamos a llorar por los que no están aquí”, tal fue el discurso de presentación de estas fabricantes de pop onírico. Música que se evaporaba mientras la iluminación agigantaba las siluetas de las dos artistas contra el retablo barroco. Risas amenazadoras y coros ascendentes se sucedieron mientras la iluminación teñía de rojo del espacio, lo que transformaba la iglesia en un espacio amenazante y transgresor mientras cantaban “estoy en celo, a cualquiera me encuero”.
Más predecible era que Marina Herlop rompiera moldes con la presentación de su nuevo directo, que acompaña al lanzamiento el próximo mes de Dja Dja, su cuarto álbum. Acompañada por batería, percusiones electrónicas y teclados, la olesana desplegó una fuerza dramática y tribal donde las percusiones, graves y potentes, elevaban los agudos de las tres voces femeninas. Tribalismo de nueva generación, la música de una civilización posapocalíptica que comienza de cero con la tecnología del presente.

Sergio Lozano
Periodista
Ver más artículos
Mostrar comentarios
Fonte: Portada