Los economistas y las modas
Por Jordi Gual — Portada

Profesor de IESE
Los economistas y las modas
No todo vale | Opinión
16/09/2026 04:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
No me he podido resistir. Lo siento, pero hoy dedicaré esta columna a mi profesión, la de economista. Tengo algunas dudas sobre si nuestras cuitas interesarán más allá de la profesión. Sin embargo, me siento obligado ya que, querámoslo o no, los economistas nos hemos convertido en adivinos, vaticinadores de tendencias en épocas de cambio profundo como la actual.
Desde hace cuatro años los tipos de interés a largo plazo, por ejemplo las obligaciones del Tesoro americano a diez años, han incrementado de manera sustancial. Ya se sitúan cerca del 5%. El tipo real, en el que se descuenta la inflación esperada, ya está en terreno positivo. Algo similar sucede en muchas otras economías. Las causas de esta escalada se discuten entre especialistas. Para algunos se trata de un riesgo de inflación futura que lleva a los inversores a exigir una mayor rentabilidad. Para otros, los crecientes niveles de deuda pública siembran la desconfianza en el mercado. Muchos piensan que no es un endeudamiento sostenible. Y hay quien lo atribuye todo a la euforia de la inversión en inteligencia artificial (IA), que demanda más y más capital, y que encarece este recurso.
Diagnóstico
Los tipos reales bajos no eran una nueva normalidad, como muchos pensaron, sino una anomalía histórica que debía corregirse
Sea como fuere, ha pasado a la historia la noción, de moda hace tan solo una década, de que entrábamos en una era de “estancamiento secular”. La idea de que el mundo se enfrentaba a un panorama permanente de baja inversión, exceso de ahorro y, por lo tanto, tipos de interés reales muy bajos. Esta es una de las tesis que se utilizó para justificar la perniciosa política de tipos de interés muy bajos, cuando no negativos.
De hecho, precisamente desde una perspectiva secular, los tipos reales por los suelos fueron una anomalía histórica que debía, tarde o temprano, corregirse. Y así ha sido. A ello ha contribuido tanto el extraordinario rebrote inflacionario del 2022-2024 como el surgimiento de una nueva tecnología de gran potencial y propósito general, como la IA. En los últimos cien años, el tipo real a largo en EE.UU. ha sido en promedio del 2%, con oscilaciones tanto al alza como a la baja. La situación que vivimos tras la gran crisis financiera fue excepcional –como la propia crisis– y no una “nueva normalidad” como algunos pensaron. En el mercado de las ideas había apetito por nuevas explicaciones y las que ofrecían una receta intervencionista –más gasto público, más expansión cuantitativa de los bancos centrales– encontraron fácilmente compradores entre los responsables políticos.
La ciencia económica quiere ser eso, ciencia. Pero trabaja con una realidad cambiante, difícil de aferrar. Y lo que es peor, los aspirantes a científicos son, ellos mismos, actores de la realidad que tratan de medir y sobre la que especulan en sus modelos teóricos. Por ello, es una ciencia más sujeta a las modas y a la influencia política que las ciencias experimentales. Toménse, por tanto, con un buen grano de sal la lectura de mis pronósticos y los de mis compañeros de profesión.
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