José Blanco: El letargo
Por José Blanco — La Jornada
l 11 de septiembre de 2001, cuatro aviones que viajaban desde el noreste de Estados Unidos a Los Ángeles y San Francisco, fueron secuestrados en pleno vuelo por 19 “terroristas de Al Qaeda”. Los secuestradores estaban organizados en tres grupos de cinco y un grupo de cuatro. Cada grupo tenía un secuestrador que había recibido entrenamiento de vuelo y que se hizo cargo del control de la aeronave. Su objetivo: estrellar cada avión contra un edificio prominente, causando bajas masivas y destrucción de los edificios.
Ese horror, con el tiempo, quedó fuera del radar de la opinión pública, aunque por años hubo dudas inacabables sobre los informes de EU y decenas de teorías sobre lo sucedido. Era increíble que la mayor potencia tecnológica no se percatara de esos 19 hombres que operaron como en kinder garden.
En el extremo, una postura conjeturaba que el gobierno de George W. Bush era el autor de los atentados. El objetivo habría sido doble: crear la más grande y profunda organización de control de los ciudadanos de ese país –lo que ocurrió– e iniciar un ataque militar a gran escala contra Oriente Medio. Respecto al segundo objetivo, Ignacy Sachs ha argumentado que, durante los últimos 30 años, las acciones militares y de inteligencia de Estados Unidos (EU) han obedecido a un plan de largo plazo impulsado por Israel para asegurar su dominio en Oriente Medio; con referencia a un contexto más amplio, Sachs argumenta que EU ha intentado preservar inútilmente un orden mundial unipolar bajo su dominio.
En 2002, un año después del 11-S, Immanuel Wallerstein (IW) escribió un largo artículo: “The Eagle Has Crash Landed” ( Foreign Policy). IW describe el declive de EU y lo relaciona con la crisis económica de inicios de los años 70 y, en gran medida, con la guerra de Vietnam. “El éxito de EU como potencia hegemónica en el periodo de posguerra creó las condiciones para el declive de su hegemonía. Este proceso queda plasmado en cuatro símbolos: la guerra de Vietnam, las revoluciones de 1968, la caída del muro de Berlín en 1989 y los atentados terroristas de septiembre de 2001. Cada símbolo se construyó sobre el anterior, culminando en la situación en la que EU se encuentra actualmente (2002): una superpotencia solitaria que carece de poder real, un líder mundial al que nadie sigue y al que pocos respetan, y una nación que va a la deriva peligrosamente en medio de un caos global que no puede controlar”.
Todo ha ido para peor para EU, desde 2002, porque la historia comporta acumulaciones especialmente en el ámbito de la economía y de la geopolítica. La historia no es progresiva en mil asuntos; pero en muchos otros de peso formidable la acumulación tiene efectos, cambios y, a veces, transformaciones sin reversa. La acumulación de capital ocurre cada día articulado al día anterior, no hay aquí sucesos independientes. Hay transformaciones, producto de la acumulación. El PIB de EU creció aceleradamente en la segunda posguerra y en 1972/1973 el crecimiento cesó. Cesó porque se frenó el ritmo de ascenso de la productividad laboral. Esa lenta marcha se tradujo en decisiones del capital de eliminar al máximo los sindicatos y aplastar los salarios. El sistema produjo así los más altos niveles de desigualdad social conocidos. El capital produjo también una forma inédita de control de las mentes, mediante la tecnología digital. Grandes porciones de la sociedad se convirtieron en consumistas de todo, especialmente de imágenes. La historia y la memoria fueron proscritos mediante ese control. ¿Se quedarán así las cosas?
“Vietnam, escribió IW, no fue meramente una derrota militar o una mancha en el prestigio de EU. La guerra asestó un duro golpe a la capacidad de EU para seguir siendo la potencia económica dominante del mundo. El conflicto resultó extremadamente costoso y agotó, en mayor o menor medida, las reservas de oro estadunidenses, que habían sido tan abundantes desde 1945. Además, EU asumió estos costes justo cuando Europa Occidental y Japón experimentaban importantes repuntes económicos. Estas circunstancias pusieron fin a la preeminencia estadunidense en la economía mundial…” Además, “el colapso del comunismo significó, en la práctica, el colapso del liberalismo, al eliminar la única justificación ideológica que sustentaba la hegemonía estadunidense, una justificación que contaba con el apoyo tácito del supuesto adversario ideológico del liberalismo… La verdadera cuestión no es si la hegemonía estadunidense está en declive, sino si Estados Unidos puede idear una forma de descender con dignidad”. El declive no es una catástrofe. Las que fueron potencias hegemónicas cayeron pero se acomodaron entre las demás, como Países Bajos o Reino Unido.
Las cosas empeoraron para EU porque advino el crecimiento espectacular de China del siglo XXI. Y el declive que veía Wallerstein en EU en 2002, es ahora más grande, más intenso, más profundo. EU pervivirá volviéndose menos.
Las cosas marchan mal porque el viejo topo ha sido dopado. Con imágenes del celular. Nada es para siempre; el viejo topo saldrá de su letargo.
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Fonte: La Jornada

