Elena Alameda, psicóloga: “El silencio ayuda a activar el nervio vago, conectándonos con la calma”

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Por Marta Chavarríaseldiario.es – eldiario.es

Elena Alameda, psicóloga: “El silencio ayuda a activar el nervio vago, conectándonos con la calma”

Algunos estudios han demostrado que los periodos de silencio pueden ser incluso más relajantes que escuchar música

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Nuestro día a día está lleno de ruido con música, el sonido de la televisión, la radio, conversaciones, obras, tráfico, sirenas… Si nos paramos un momento a pensar, notamos que son pocos los momentos al día que pasamos en silencio, algo que puede tener consecuencias para nuestra salud. Por ejemplo, según este estudio realizado por la Organización Mundial de la Salud y el Centro Común de Investigación de la Comisión Europea, una exposición constante a la contaminación acústica podría provocar un aumento de la presión arterial.

Así, no es de extrañar que las investigaciones apunten a que el silencio sea bueno para sentirnos menos estresados, más concentrados y que, además, nos ayude a descansar mejor. Algunos estudios han demostrado también que los periodos de silencio pueden ser incluso más relajantes que escuchar música. Esta investigación, por ejemplo, indica que trabajar en silencio reduce los niveles de cortisol en comparación con trabajar escuchando conversaciones o ruido. 

El importante efecto calmante de pasar momentos de silencio

El silencio, algo tan simple y a menudo ignorado, puede ser una de las herramientas más importantes para nuestro bienestar y descanso. Ni música, ni radio, ni voces que proceden de conversaciones. Tan solo un espacio tranquilo y silencioso. Por un instante, parece que todo está en calma. Estos momentos nos permiten desconectar del ajetreo diario y le dan a nuestro cerebro sobreestimulado la oportunidad de recuperarse de toda la información que recibe.

Para Elena Alameda Jackson, psicóloga de Cuidado Psicológico, el silencio tiene muchos beneficios. “Uno de los que más se ha hablado en los últimos años, y que nos ha traído la neurociencia, es que estar en silencio dos horas al día nos puede ayudar a crear nuevas neuronas en el hipocampo, el área del cerebro más relacionada con la memoria, el aprendizaje y la regulación emocional”. 

Aunque generalmente solemos considerar el silencio como un vacío, un estado de ausencia de ruido y estímulos, también puede percibirse como un estímulo, lo que da lugar a una reacción. La idea del silencio como algo que se puede percibir no es algo imaginario. De acuerdo con un estudio de la Universidad Johns Hopkins, el cerebro procesa el silencio del mismo modo que proceso los sonidos. Por tanto, lo ‘percibe’: podemos llegar a ‘escuchar el silencio’. 

Y, si somos capaces de hacerlo, nos ayuda a descansar mejor porque tiene un importante efecto calmante en el cuerpo. Así como el ruido puede desencadenar respuestas de estrés, los momentos de tranquilidad y silencio ayudan al sistema nervioso a restablecerse, disminuyendo la presión arterial y aliviando la tensión. “El silencio ayuda a activar el nervio vago, conectándonos con la calma, la serenidad y la regulación”, afirma Alameda, que añade que estos ratos “son una buena manera de desactivar el modo ‘lucha-huida’ en el que solemos vivir, dando paso al equilibrio”.

Y es que, de acuerdo con este estudio publicado en JAMA Internal Medicine, dedicar un tiempo cada día a estar en silencio, en concreto a la meditación de atención plena, reduce el insomnio y la fatiga en adultos mayores. Si el estrés suele desencadenar la respuesta de lucha o huida, que eleva los niveles de cortisol y aumenta la frecuencia cardiaca, el silencio, en cambio, puede activar el sistema de descanso y digestión del cuerpo, lo que permite la relajación física. 

El silencio también le da espacio a la mente para respirar. En la quietud, los pensamientos comienzan a calmarse, creando un espacio para la claridad, la creatividad e incluso para la reflexión. El silencio también es importante porque nos ayuda a conocernos mejor: “Son momentos en los que decidimos replegarnos en nosotros mismos, de encuentro íntimo, algo que a veces da miedo”, explica Alameda. 

Porque, según la experta, puede ocurrir que nos dé “miedo que acabe el sonido externo y quedarnos frente a frente con nuestra mente y su auto-diálogo, con nuestro cuerpo y sus sensaciones. Pero solo cuando hablamos desde dentro, desde cada respiración, podemos conocernos”.

Silencio, ¿solo ausencia de ruido?

El silencio no solo es externo, sino también interno. Porque cuando estamos en silencio estamos intentando observar los pensamientos que surgen en nuestra mente. Para Alameda, es clave distinguir entre ruido externo e interno. “En muchas ocasiones silenciamos el ruido externo pero sentimos que, en nuestro interior, aún ruge ese ruido que ya no está fuera, pero que se ha quedado cautivo en nosotros, en nuestro cerebro, en nuestro sistema nervioso”, matiza Alameda que, como especialista en Personas Altamente Sensibles (PAS), ha visto cómo “el ruido externo sobreestimula mucho, algo que deja huella en la mente en forma de pensamientos, diálogo interno, activación de recuerdos, etc.”.

La psicóloga recomienda en cualquier caso practicar el silencio interno para “darle tiempo a nuestro cerebro para que se deshaga de ese eco de sobreestimulación y sobreinformación constante”. Para liberarnos de este ruido interior puede ayudar “poner por escrito lo que pensamos, caminar en silencio de forma consciente, lo que puede ayudarnos también a reducir poco a poco la activación de nuestro cuerpo”, admite Alameda.

Cómo encontrar espacios para disfrutar del silencio

¿Cuándo fue la última vez que nos sumergimos por completo en el silencio? Incluso cuando sentimos que por fin estamos en un ambiente tranquilo, porque los niños no están en casa o porque la televisión está apagada, seguimos percibiendo sonidos del exterior, como el tráfico de los coches o las voces de los vecinos. Por tanto, encontrar y disfrutar del silencio en nuestra vida cotidiana no es fácil. 

“Para empezar a disfrutar de él, podemos exponernos a la naturaleza: escuchar el sonido del viento entre las ramas, el canto de los pájaros que activa nuestro nervio vago, nuestras pisadas sobre la tierra… la naturaleza no espera nada de nosotros y eso nos libera”, afirma Alameda. Además, la experta aconseja tres prácticas esenciales para incorporar el silencio en nuestro día a día: 

  • Hacer tres pausas diarias de cinco minutos para respirar de forma consciente. “Si cerramos los ojos podremos conectar mejor con el movimiento natural de la inhalación y exhalación”, afirma Alameda.
  • Caminar al menos 15 minutos en un entorno natural. “El movimiento físico nos ayuda a tranquilizar la mente y conectar de nuevo con la sabiduría del cuerpo”, explica la experta. 
  • Dejar de luchar contra nuestros pensamientos. “Cuanto más lo hacemos, más fuerza toma, de ahí que el silencio interior se logre observando la mente pero sin discutir con ella. Escribir o meditar son mis estrategias preferidas para aceptar a mi mente tal y como es”, concluye Alameda.

Fonte: eldiario.es – eldiario.es

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