Cientos de profesores italianos renuncian al puesto fijo por el coste de la vivienda
Por Francesco Olivo — Portada
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Los docentes dejan plazas vacantes porque prefieren la precariedad cerca de casa a vivir con el agua al cuello por un alquiler desorbitado

Una profesora de francés prepara una clase online, en Roma
GUGLIELMO MANGIAPANE / Reuters

Roma. Corresponsal
14/09/2026 06:00 Actualizado 14/09/2026 06:20 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
El sueño del puesto fijo en el sector público ha sido durante décadas una especie de mito transversal en Italia. Se han escrito ensayos, novelas y películas sobre esta ambición nacional. Y, sin embargo, hasta eso se ha convertido ahora en un lujo. Esta vez no por falta de plazas, sino por lo que implica aceptar una: encontrar una vivienda.
El fenómeno afecta especialmente a la escuela, un sector en el que históricamente la espera para obtener una plaza “de ruolo”, como se dice en italiano, podía ser larga y extenuante. Pero el encarecimiento de la vivienda ha generado una nueva paradoja: cada vez más profesores prefieren seguir encadenando sustituciones cerca de casa antes que aceptar una plaza fija lejos y asumir el coste del alquiler.
Mejor la precariedad cerca de la familia que un puesto fijo que obliga a vivir con el agua al cuello
Según los datos de los sindicatos y las administraciones regionales, en Toscana han renunciado este año a la incorporación definitiva unos 300 docentes y en Friuli-Venecia Julia otros 383. En Liguria solo se han cubierto 562 de las 1.407 plazas disponibles, mientras que en Lombardía siguen vacantes miles de puestos. Todo ello en un curso para el que el Gobierno había autorizado la contratación indefinida de hasta 46.642 docentes.
Hay además un fuerte componente territorial. El problema se concentra sobre todo en el norte, donde el coste de la vivienda es mucho más alto, pero también donde históricamente se ha producido el movimiento de profesores dentro de Italia: docentes del sur que, después de años de precariedad, aceptaban una plaza fija en Lombardía, Piamonte, Véneto o Emilia-Romaña.
Ahora ese mecanismo empieza a atascarse. Las cuentas son sencillas: un profesor recién incorporado cobra alrededor de 1.450-1.480 euros netos al mes, mientras que una habitación puede costar entre 500 y 700 euros y un pequeño apartamento alcanzar fácilmente los 1.000. A eso hay que sumar los viajes para regresar a casa. En Milán, el problema es mucho más agudo, según Immobiliare.it, una habitación individual cuesta de media más de 700 euros al mes. Para muchos, la conclusión es contraintuitiva pero racional: mejor la precariedad cerca de la familia que un puesto fijo que obliga a vivir con el agua al cuello.
Un maestro recién incorporado cobra un máximo de 1.480 euros netos al mes, y una habitación cuesta de 500 a 700 euros
Los salarios de los profesores italianos llevan años perdiendo terreno. Según la OCDE, los maestros de primaria cobran de media un 33% menos que otros trabajadores con formación universitaria, frente a una brecha del 17% en el conjunto mundial. Entre 2015 y 2024, mientras los salarios reales de los docentes aumentaron de media un 14,6% en la OCDE, en Italia retrocedieron un 4,4%.

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Y así, en las oficinas ministeriales se esperan aún más renuncias en los próximos meses. Los sindicatos sostienen que ya no se trata de casos aislados. La Uil Scuola reclama ayudas específicas para la vivienda y la movilidad. Otros sindicatos, como Anief, piden una indemnización para los trabajadores desplazados y desgravaciones en los alquileres y el transporte. En Toscana, la Flc Cgil sitúa ya en unas 400 las renuncias contabilizadas en su último balance. No todas responden al mismo motivo –también pesan la superposición de concursos y la presencia de los mismos candidatos en varias listas–, pero el sindicato sostiene que una parte importante se explica por razones económicas. Un problema que afecta sobre todo a las mujeres, que constituyen la mayoría del profesorado y que con frecuencia deben añadir al cálculo la organización familiar.
El resultado agrava otro problema crónico de la escuela italiana: la precariedad. En Toscana, por ejemplo, el sindicato calcula que en algunas categorías, especialmente entre los profesores de apoyo, cerca de la mitad de los docentes pueden seguir trabajando con contratos temporales. El sistema entra así en una especie de círculo vicioso: hay plazas estables que no se cubren y, al mismo tiempo, las escuelas siguen dependiendo de miles de suplentes.
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