Encuentran en la Antártida las primeras huellas de un mamífero carnívoro de hace 50 millones de años
Por Antonio Baena — eldiario.es – eldiario.es

Este rastro localizado en la isla Rey Jorge es la primera evidencia directa de un mamífero terrestre del Eoceno en la Antártida
Un fósil de hace 324 millones de años ayuda a entender cómo los insectos modernos salieron del agua
Una huella de apenas dos centímetros ha permitido descubrir una pieza desconocida de la vida que habitó la Antártida hace unos 55,5 millones de años. Un equipo de paleontólogos ha identificado en la isla Rey Jorge, en las islas Shetland del Sur, el primer rastro fósil inequívoco de un mamífero terrestre. La marca quedó grabada en un sedimento volcánico de grano fino, que incluso conserva detalles de la forma de las extremidades.
Este descubrimiento procede de la Formación Fossil Hill, un yacimiento especialmente valioso para conocer cómo era la Antártida durante aquella época. En sus sedimentos han aparecido restos de plantas, plumas y huellas de aves e invertebrados, pero hasta ahora no se había encontrado allí una evidencia directa de la presencia de mamíferos terrestres. El nuevo fósil, catalogado como T-373, permite saber que uno de estos animales caminó por aquel paisaje antes de que la Antártida adquiriera el aspecto helado que conocemos actualmente.
Una huella que permite reconstruir al animal
Asimismo, los investigadores estudiaron la marca con modelos tridimensionales y observaron una pisada compatible con un animal que caminaba apoyándose sobre los dedos. La impresión muestra varios dedos dispuestos en arco y una zona compacta correspondiente a la almohadilla de la extremidad. A partir de sus dimensiones, los científicos calculan que el animal que dejó el rastro pesaba al menos 1,3 kilos, un tamaño considerable para los pequeños mamíferos conocidos hasta ahora en el registro fósil antártico.
Sin embargo, identificar exactamente qué especie dejó la huella resulta mucho más complicado. El fósil no conserva huesos ni dientes que permitan asignarlo de manera definitiva, por lo que los autores evitan darle un nombre concreto. Aún así, sus características y dimensiones apuntan hacia un pequeño mamífero carnívoro parecido a los esparasodontos.
Cuando la Antártida estaba conectada con Sudamérica
La hipótesis encaja además con la geografía de aquel momento. Hace unos 55 millones de años, la Antártida todavía mantenía conexiones terrestres con Sudamérica, lo que habría facilitado el desplazamiento de determinados animales entre ambos territorios. Las condiciones climáticas también eran muy diferentes de las actuales.
Recreación del mamífero del que se han encontrado huellas
Hasta ahora, buena parte de lo que se sabía sobre los mamíferos del Eoceno antártico procedía de dientes y fragmentos óseos encontrados principalmente en la isla Seymour, también conocida como Marambio. Muchos de estos restos pudieron ser desplazados después de la muerte del animal. En cambio, una huella ofrece una información distinta, ya que demuestra que un animal vivo estuvo físicamente en ese lugar.
La importancia del descubrimiento va precisamente en esa dirección. El fósil T-373 constituye la primera evidencia directa de un mamífero terrestre del Eoceno en la Antártida y amplía el retrato de aquellos ecosistemas, hasta ahora construido a partir de restos muy fragmentarios. La presencia de un pequeño depredador sugiere que las comunidades terrestres de la región eran más complejas de lo que podía deducirse anteriormente.
Un continente muy distinto al actual
Cabe destacar que la Antártida del Eoceno era un lugar radicalmente diferente, recuerdan los científicos. Crecían bosques y existían condiciones suficientemente favorables para mantener comunidades de mamíferos, aves y otros animales. Con el paso del tiempo, el aislamiento del continente, el enfriamiento progresivo y los cambios ambientales transformaron por completo estos ecosistemas hasta desembocar en la Antártida helada.
Por lo tanto, la huella encontrada en la Isla Rey Jorge permite mirar hacia una etapa en la que la Antártida formaba parte de un mundo mucho más cálido y conectado. Aunque una sola huella no basta para reconstruirlo por completo, sí demuestra que un pequeño mamífero carnívoro recorrió aquel territorio hace más de 55 millones de años.
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