Isabel Muñoz: “No se puede mostrar el cielo sin tocar el infierno”

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Por Francisco Rafael Lozano MorlesinPortada

Isabel Muñoz, la belleza como arma de combate: “No se puede mostrar el cielo sin tocar el infierno”

Fotografía

La barcelonesa inaugura en Biarritz ‘Somos agua’, una exposición en la que muestra la íntima unión entre el hombre y los mares 

Una de las platinotipias de la exposición, una técnica en las que Muñoz es una maestra Ampliar

Una de las platinotipias de la exposición, una técnica en las que Muñoz es una maestra

Isabel Muñoz / Cortesía Galerie Daltra

Francisco Rafael Lozano Morlesin

Rafael Lozano

13/09/2026 06:30 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

Todo el dolor que ha vivido no le ha dejado ni un matiz de dramatismo. Isabel Muñoz (1951), hija del empresario barcelonés Julio Muñoz Ramonet, creció en una familia acomodada, en un palacete de la calle Muntaner repleto de obras de arte y rodeado de jardines con estatuas y estanques con plantas acuáticas, pero se mudó a Madrid por amor en plena juventud. Dos accidentes de tráfico han marcado su vida: en el primero, a los 24 años, perdió a la hija que esperaba y casi le cuesta la vida; el segundo, de moto, en 1990, se llevó a su hijo Julio, de 17 años. El larguísimo litigio con el Ayuntamiento de Barcelona por la propiedad de los cientos de obras de arte de su padre ha añadido pesar a su vida en los últimos años.

La apneísta japonesa Ai Futaki es la modelo de muchas de las fotos de esta exposición; Muñoz la considera casi una sirena Ampliar
La apneísta japonesa Ai Futaki es la modelo de muchas de las fotos de esta exposición; Muñoz la considera casi una sirena Isabel Muñoz / Cortesía Galería Daltra

Nada de esto exhibe Muñoz en la conversación, en la que como datos personales solo menciona, con orgullo, a su hijo Manuel, gemelo de Julio, y sus cinco nietos. Si habla de dolor, lo hace con empatía, refiriéndose al del “otro”, nunca al suyo. En los sentimientos de los modelos ha afilado su mirada. Una mirada que ha llevado por todo el mundo: España, Cuba, Mali, Burkina Faso, RD Congo, México, Japón, Camboya, Turquía, Borneo… en una evolución de lo estético a lo antropológico y lo espiritual que cuando hace falta incide también en lo social (“no me gusta hablar de denuncia, mejor de compartir sentimientos”, define esta vertiente”), y siempre enfocando sobre el ser humano.

Muñoz acumula algunas de las más altas distinciones que puede recibir un fotógrafo, de las que tampoco hace alardes: el premio Nacional de Fotografía, dos World Press Photo, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes y otros dos premios PHotoEspaña la sitúan en la cumbre de la fotografía española contemporánea, una condición que completa una decena larga de galardones más, nacionales e internacionales. Todos ellos, ganados a pulso en una trayectoria que comenzó de muy niña, aprendiendo a mirar antes incluso de tener su primera cámara, que se compró a los 13 años con la paga semanal que le daban en casa. En esos más de sesenta años de pasión por su trabajo ha conseguido responder a su propia definición de lo que es un buen fotógrafo: “Aquel que hace que el otro se abandone y te lo dé todo”. Algo que consigue incluso con los peces y los caballos, como se verá en la exposición Somos agua en la galería Daltra de Biarritz del 18 de septiembre al 1 de noviembre, “una exposición pequeñita, pero hecha con mucha admiración y cariño”, explica.

Un buen fotógrafo es aquel que hace que el otro se abandone y se lo dé todo”

Isabel Muñoz

Fotógrafa

Estos días está cerrando en Madrid la exposición Las piedras del cielo, enmarcada en PHotoEspaña 2026 y parte del trabajo que está realizando en El Escorial. ¿Cómo está funcionando?

Estoy muy contenta con ese trabajo. Soy una privilegiada por haber tenido ese encargo. Además de ser algo que me interesaba, te das cuenta a lo largo de la vida de que las cosas no son ni blancas ni negras, y para mí ha sido un descubrimiento muy interesante.

Ese encargo es parte de un proyecto mayor, ¿no?

Sí, los Cuadernos de Campo, una iniciativa de PHotoEspaña, Acciona y Patrimonio, y es el sueño de cualquier fotógrafo. Eligen cada tres años a un premio nacional para, a través de un monumento, hablar de qué es la naturaleza, de la preservación. Cuando me llamaron en diciembre, estaba intentando poner en marcha un proyecto sobre la Alhambra y estoy muy interesada en los orígenes del arte, la necesidad de crear y de compartir que ha tenido siempre el ser humano, como unido a la parte espiritual. Y llevo desde el mes de diciembre fascinada, descubriendo y enamorándome de un proyecto totalmente desconocido, todo lo que me interesa de esa época.

La artista, fotografiada por Ximena y Sergio Ampliar
La artista, fotografiada por Ximena y Sergio Ximena y Sergio

¿Qué es lo que le interesa tanto?

Me enamoré de la biblioteca. Y me di cuenta de lo que representó en esa época El Escorial: se convirtió en el centro del saber, porque allí se dieron cita los mejores filósofos, matemáticos, médicos y todos con la protección del poder, pero a espaldas de otro poder. Realmente lo que más interesa es descubrir ese círculo, a Benito Arias Montano [alma del proyecto cultural], también la parte humana que a veces el poder no nos deja ver. Y me interesó descubrir la parte humana de Felipe II, el monarca que nos ha dejado todo eso.

¿Qué hay tan interesante en la biblioteca?

Ha sobrevivido a incendios e invasiones como de una forma mágica. Y contiene manuscritos en árabe, en hebreo, en asirio, verdaderas joyas. Y eso me dio la idea de cómo contar esa historia. Siempre estoy buscando nuevas formas de contar, para mí es un reto y una búsqueda. Y sigo fascinada con la historia.

Siempre estoy buscando nuevas formas de contar historias, para mí es un reto y una búsqueda”

Isabel Muñoz

Fotógrafa

¿Qué se siente más, fotógrafa, artista o descubridora de la realidad?

Todo. Pero yo creo que somos contadores de historias y utilizamos distintos medios. A veces es una imagen, otras veces es un vídeo. Ojalá pudiera yo tener la facilidad que tienen los periodistas para escribir. Yo me considero una contadora de historias y de alguna manera creo que para poder plantearlas es importante también cómo nos han contado esa historia, sobre todo por el momento cultural en el que vivimos.

¿Qué la inspira?

Creo que mi inspiración es la vida, y el ser humano y sobre todo observar. Observar para luego compartir. Yo creo que los seres humanos nos inspiramos en todo, que nuestro cerebro y nuestro corazón, que están conectados, están abiertos a aprender. He aprendido de la vida, muchas cosas.

Las obras de Muñoz demuestran un dominio de la técnica y un criterio estético excelentes Ampliar
Las obras de Muñoz demuestran un dominio de la técnica y un criterio estético excelentes Isabel Muñoz / Cortesía Galería Daltra

¿Qué es lo que la emociona?

Me emocionan muchas cosas, pero siempre tiene que ver con el ser humano. Me encanta la escultura, el cine, la luz, la naturaleza, el mar, el amor, los sentimientos. Yo creo que estamos con los ojos del alma abiertos de alguna manera.

¿Cuando quiere captar una imagen, qué es lo más importante?

El respeto. Pero el respeto no solo al ser humano, sino el respeto a todo. Yo creo en las energías. Me gusta planear las fotos. Normalmente, a veces, veo imágenes sin cámara que luego quiero plasmar. Pero me gusta acceder a ellas con todo el respeto. Yo creo que el respeto es amor.

Lo más importante para tomar una foto es el respeto, al ser humano y a todo”

Isabel Muñoz

Fotógrafa

Ha fotografiado cuerpos humanos en todo el mundo y desde todos los puntos de vista, incluso el del sufrimiento. ¿Qué busca en ellos?

He utilizado el cuerpo, y también la danza, porque yo creo que nuestro cuerpo habla de nosotros, del ser humano. A veces vivimos tan rápido que no vemos. Pero a través del cuerpo he encontrado el pretexto para contar esas historias. Por eso normalmente procuro, y a veces lo he conseguido, despojar ese cuerpo de máscaras, empezando por la ropa, que también es una máscara. A veces no puedes, porque hay muchas que no se pueden dejar atrás. Lo que me interesa es lo que no se ve de ese personaje, lo que me gustaría captar es el alma, los sentimientos, muchas cosas. Pero también depende del tema.

Aparte de personajes concretos, su tema es la humanidad en conjunto.

Cierto, siempre me ha gustado investigar sobre de dónde venimos, dónde estamos y qué vamos a dejar a los jóvenes, a mis nietos. Desde que empecé, siempre han estado esa preocupación y esa búsqueda, Siempre ha sido el ser humano. Hasta cuando no hacía fotos con cámaras.

Muñoz explica que, bajo el mar, los plásticos y las redes que matan a los peces resultan de una belleza impresionante Ampliar
Muñoz explica que, bajo el mar, los plásticos y las redes que matan a los peces resultan de una belleza impresionante Isabel Muñoz / Cortesía Galería Daltra

¿Qué ha encontrado en esa investigación? ¿Qué buscaba, por ejemplo, en sus trabajos con primates, en su mirada?

Para mí eso fue un descubrimiento y me hizo cambiar mi forma de ver el mundo animal, aprendí mucho. Me acerqué a ellos y me di cuenta de que son capaces de amarte; que un macho alfa, por ejemplo, se puede convertir en madre, de alguna manera. Son capaces de dejar de comer para dar su comida a otro, de arreglar societariamente sus problemas haciendo el amor, como los bonobos. Y, sobre todo, tienen sentimientos como nosotros. Y son capaces de reconocer a su madre a través de una imagen. Eso me causó bastantes problemas. Tengo trabajos que desde que hice ese proyecto ya no puedo defender.

¿A qué trabajos se refiere?

Por ejemplo, a la tauromaquia, que estuve trabajando durante años. Me cuestioné hasta qué punto tenemos derecho a hacer sufrir al otro solo porque no pueda expresarse. No hay nada que justifique el sufrimiento del otro, y digo el otro porque los animales también son otros. Después de estar con los primates, aprendí a ver la naturaleza de otra forma. Desde entonces, he fotografiado la naturaleza de otra manera. Desde las piedras que tienen vida, los árboles, las plantas, desde ese trabajo he visto el mundo de otra forma.

Trabajando con primates me planteé hasta qué punto tenemos derecho a hacer sufrir al otro solo porque no pueda expresarse”

Isabel Muñoz

Fotógrafa

¿Sigue con sus investigaciones sobre la prehistoria?

Sí, aunque es complicado, pero soy una persona que necesita soñar y no abandono nunca un proyecto. Ha habido proyectos que han tardado 25 años en poder hacerse realidad, aunque en aquella época podía esperar y ahora podré esperar menos, pero sí, siempre sigo pensando, y me interesa buscar la primera vez que el ser humano necesita compartir a través del arte. Yo creo que la necesidad de compartir y de conectar con lo que no se ve es lo que nos ha hecho evolucionar con nuestras luces y nuestras sombras. Con esa parte espiritual que todos necesitamos y de la que no nos podemos olvidar. Me di cuenta cuando tuve la gran oportunidad de trabajar en Turquía justo cuando se acababa de descubrir una nueva civilización que ha cambiado todas las ideas preconcebidas que había sobre el neolítico…

Se refiere a las fotos de Una nueva historia que hizo en los yacimientos de Anatolia…

…sí, y ahora tengo la ilusión de poder trabajar sobre nuestro arte paleolítico en Cantabria. He podido trabajar en una cueva maravillosa, en la Garma. En Cantabria hay setenta y tantas cuevas con pinturas. Es increíble el patrimonio que contienen y la fascinación que sientes cuando te pones delante y dentro de esas piedras. Mi sueño sería poder trabajar en 15 de esas cuevas.

Uno de los intereses de Muñoz es investigar cuándo el hombre sintió por primera vez la pulsión artística, cosa que ha hecho en Turquía y, ahora, en Cantabria Ampliar
Uno de los intereses de Muñoz es investigar cuándo el hombre sintió por primera vez la pulsión artística, cosa que ha hecho en Turquía y, ahora, en Cantabria Isabel Muñoz

Me decía que piensa que el arte nos ha hecho evolucionar.

Sí, en Turquía, cuando estaba en Göbekli Tepe y en Karajan Tepe, me di cuenta de que los seres humanos hemos evolucionado, pero la necesidad y la pulsión creativas siguen siendo las mismas. Culturalmente hemos cambiado, pero creo que si hay alguien que pueda estar cerca de los artistas que realizaron aquellas obras de arte es cualquier artista, porque tenemos esa misma forma de amar y esa necesidad de crear. Me gustaría que lo entendieran los arqueólogos porque, con mucho respeto, esa visión también les puede enriquecer a ellos de alguna manera. Es una forma de aportar a través de nuestro trabajo una visión nueva.

¿Qué la llevó en un momento dado a hacer fotografía social?

Yo creo en el destino. Estaba en Camboya y quería fotografiar la danza camboyana con toda la historia de represión que sufrió bajo el gobierno de Pol Pot, que acabó con todas las bailarinas. Para hacer la historia corta, estábamos en la zona de los templos, buscando bailarinas con las que poder trabajar, y me dijeron que por allí estaba un sacerdote español, Kike Figaredo, y yo dije que no había cruzado el mundo ni me estaba saltando el toque de queda para ver a un sacerdote español. Pero me dijeron que también había un fotógrafo, Gervasio Sánchez, una fuerza de la naturaleza y alguien que cuenta las historias desde el respeto, que no va con la cámara como si fuera una metralleta.

En Camboya me di cuenta de que no puedes hablar del cielo sin hablar del infierno”

Isabel Muñoz

Fotógrafa

Colaboró con Magazine muchos años, lo admiramos y queremos.

Gervasio conoce a las personas, y eso se nota a la hora de fotografiar. Él sabe captar los sentimientos. Y es una bellísima persona en todos los sentidos. Entonces, me encontré con él y con Kike, otro descubrimiento. Y me dijo: Isabel, acaban de cortarle la pierna a Sokoen, ¿quieres venir conmigo al hospital por la mañana? Sokoen era un niño de seis años a quien le había estallado una mina antipersona. Y yo le dije que sí. Era la época en que no había medicamentos contra el dolor, y me encontré con un hospital donde no se oía un chillido, solo… A veces, el ser humano, cuando tiene mucho, mucho dolor, no chilla, ruge. Sokoen sonreía, y entonces me sentí muy mal porque me di cuenta de que estaba contando una media mentira y no una media verdad, que es una gran mentira.

¿A qué se refiere?

A que yo estaba fotografiando el cielo, y tú no puedes hablar del cielo sin hablar del infierno. Y entonces me lo planteé y dejé de hablar del cielo y empecé a hablar también del infierno.

Muñoz siempre intenta captar los sentimientos de sus modelos, su alma, como en esta imagen captada en RD Congo Ampliar
Muñoz siempre intenta captar los sentimientos de sus modelos, su alma, como en esta imagen captada en RD Congo Isabel Muñoz

Ahí se enganchó a la fotografía comprometida.

Ahí empecé, y en el momento en que te das cuenta del poder que tiene la imagen y el contar esas historias que si tú no las cuentas no existen, ese poder de cambio, como digo siempre, esos pequeños gritos que luego hacen un gran grito, se han convertido en un enganche que además, a medida que vas cumpliendo años y te das cuenta de que te quedan menos, ha ido in crescendo.

También ha dedicado mucho tiempo y trabajo a los transexuales. ¿Es militante en esta causa?

Soy de una época en la que, bueno, no hace falta que cuente lo que pasó en España hasta los años después de la muerte de Franco, a principios de los ochenta. Para mí sí que los temas de género han sido importantes. No nos podemos olvidar de que, hasta ese momento, y desgraciadamente aún en muchos otros países del mundo, no puedes elegir amar libremente. Sí que soy militante de las causas por la falta de libertad. De hecho, hice un trabajo, El derecho a amar, que comenzó Christian Caujolle, una persona que murió este año y a la que le debemos muchísimo todos los fotógrafos españoles.

Aún en muchos otros países del mundo no puedes elegir amar libremente”

Isabel Muñoz

Fotógrafa

¿Qué hizo que fue tan importante?

Caujolle fue fundador de la agencia VU y una gran persona. Tuvo peso en el mundo entero, pero sobre todo nosotros, los españoles, los de mi generación, le debemos el poder seguir fotografiando y contando esas historias, desde Ricard Terré, Cristina García Rodero, Alberto García Alix, Chema Madoz… Cuando en España la fotografía no estaba reconocida, él la puso en el mapa y nos permitió trabajar. Para mí está siempre muy presente. Compartíamos muchas cosas, y una de ellas era nuestro amor por Camboya. Pero no es solo eso…

¿Qué más hizo?

Tras la rebelión de la plaza de Tiananmen, en Pekín (junio de 1989), VU consiguió las fotos que hizo Gao Bo (de la matanza de manifestantes por el ejército), pero no las publicó hasta que consiguió sacar de China a Gao Bo y tenerlo seguro en Francia. No todo el mundo hace cosas así. Hay que recuperar su memoria, porque cuando la gente se va no siempre nos acordamos.

En El Escorial, Muñoz está desarrollando el proyecto ‘Las piedras del cielo’, parte del cual ha expuesto en Madrid recientemente Ampliar
En El Escorial, Muñoz está desarrollando el proyecto ‘Las piedras del cielo’, parte del cual ha expuesto en Madrid recientemente Isabel Muñoz

Sus fotos están llenas de referencias a la memoria.

Sí, tengo varios trabajos sobre este tema. Es algo que me da pena y me preocupa. Yo creo que somos lo que ellos fueron. Y esa memoria no se puede perder.

¿Qué queda de esa implicación social en sus trabajos más actuales?

Yo creo que todos los trabajos se nutren de los antiguos y vas aprendiendo a medida que vas trabajando, que vas contando historias. Por ejemplo, aprendes a contar historias desde el respeto al otro y a buscar esa luz dentro de la oscuridad. Porque te das cuenta a lo largo de los años de que muchas veces la gente tiene bastante con las mochilas que tiene que llevar y muchas veces no quiere ver esas cosas. Por eso, lo que me ha interesado ha sido buscar esa luz que he encontrado a través del arte para que el observador no lo rechace antes de estar dentro. Para que sea el espectador, cuando está dentro, el que se cuestione y sea él el que intente solucionar esas cosas. Hoy estaba en el mar y me preguntaba, Isabel, ¿por qué te gusta tanto este mar? Y lo miraba y me di cuenta: me gusta porque es de color verde esmeralda, el agua está limpia, puedes ver las piedras. Me recuerda a cuando de niña me llevaban al mar en Barcelona, me acuerdo de que veía el camino que dejaban las estrellas de mar en la arena de la playa.

No me gusta decir que en mi obra hay denuncia, pero sí que hay una forma de compartir sentimientos”

Isabel Muñoz

Fotógrafa

Comparto con usted esa memoria…

Es que ahora ni hay estrellas de mar ni ves nada. Creo que es algo que debemos contar y que debemos de alguna manera mostrar para que se ame, porque no puedes defender nada que no ames. Yo busco contar ese tipo de historias. El mar nos lo da todo, y no cuidamos las cosas cuando nos las dan, ¿sabes? Pero bueno, sí que hay… no me gusta decir denuncia, pero sí que hay una forma de compartir sentimientos.

Sus fotos son muy estéticas, muy bellas. ¿No teme que la belleza de esas imágenes distraiga, que pese más que el mensaje que quiere hacer llegar?

Nunca estás seguro de nada. Lo que pasa es que me da más miedo el rechazo a que esa imagen llegue. Cuando expuse en Tánger ‘Somos agua’, y vino a la inauguración el escritor Tahar ben Jelloun, un hombre al que admiro muchísimo y que tuvo la gran deferencia de coger el micrófono y hablar de lo importante que es hoy que el arte, la belleza y la luz nos permiten vivir. Y cuando le oí decir eso me dio fuerza. Yo creo que la cuestión es: ¿qué puedes hacer tú? Porque no todo el mundo es capaz de contar la historia. Yo creo que estamos compuestos de luces y sombras y aunque estés en la parte más oscura siempre buscas esa luz.

En su obra, la estética quiere reforzar el mensaje al atraer la mirada del espectador Ampliar
En su obra, la estética quiere reforzar el mensaje al atraer la mirada del espectador Isabel Muñoz

La veo esperanzada.

Hablando de naturaleza y del mar, creo que todavía estamos a tiempo de poder devolver a nuestros nietos, en mi caso, un mar, por lo menos, como el que nosotros hemos recibido. Y lo digo porque he tenido la gran suerte de trabajar en la reserva marina que hay frente a Alicante, en la isla de Tabarca, donde en 35 años de trabajo se han recuperado dos metros de altura de posidonia verde esmeralda, verdaderas praderas. Si somos capaces de cuidar un poco la naturaleza, ella nos lo devuelve. Mire lo que pasó durante la covid.

Se refiere a cuando el confinamiento redujo la contaminación y la vida natural rebrotó brevemente…

Sí. Me gusta buscar esa luz también en la vida, y procuro contar las historias en ese sentido.

Todavía estamos a tiempo de poder devolver a nuestros nietos un mar, por lo menos, como el que hemos recibido”

isabel Muñoz

Fotógrafa

Pero es que, en las fotos de Somos agua, hasta los plásticos que matan a los peces aparecen hermosos.

Yo no soy buena buzo, aprendí a bucear para hacer este trabajo. Es cierto que cuando estás bajo el mar, esos plásticos son de una belleza es alucinante. Las redes de los pescadores parecen anémonas, hasta que te acercas y te das cuenta de que no, que son trampas mortales para los peces porque ellos no saben que no son anémonas. Yo procuro hacer lo que yo sé hacer, que llegue al máximo de gente y que sirva para algo. Creo que el arte me lo ha permitido y espero que me lo siga permitiendo.

Usted se ha pasado la vida viajando, ¿esta exposición es también en cierta manera un viaje?

Yo creo que siempre hacemos un viaje, Y en este trabajo, efectivamente, ese viaje está. Al hacerlo se me abrió Japón después de 25 años, que era uno de los sueños que tenía desde muy pequeña. Y en Japón trabajo debajo del agua. Ahí hay un viaje en todos los sentidos, en el espacio y al meterme en el mar. También es como un viaje al vientre materno. Y sigo viajando, porque es un trabajo que seguiré haciendo mientras pueda, no sé hasta que edad me dejarán bucear, pero quiero hacer trabajos que todavía me quedan con Ai Futaki y seguir hablando del mar.

Muñoz aprendió a bucear para poder hacer las fotos de ‘Somos agua’ Ampliar
Muñoz aprendió a bucear para poder hacer las fotos de ‘Somos agua’ Isabel Muñoz

Ai Futaki es la apneísta que aparece en sus fotos.

Sí, es una mujer fascinante. Yo iba buscando a Amaterasu, la diosa japonesa de la luz, y me encontré con esta mujer. Me dijeron: tiene dos récords Guinness de apnea, y yo pensaba, a mí la apnea no me interesa nada. Pero cuando la conocí me dijo: mira Isabel, esos dos récords Guinness los hice porque yo no tenía voz y quería tener voz. Y cuando la miré a los ojos, dije, ya está. Y llevamos años trabajando juntas. Además, es una magnífica fotógrafa que va a tener ahora una exposición en el Museo de Ciencias Naturales en Madrid. Yo digo que es como una sirena porque en cuanto sus pies tocan el agua, he visto cómo los animales creen que es su mamá y juegan con ella. Sí, los mamíferos y los peces también nos reconocen, lo que pasa es que no pueden hablar.

Usted ha explicado que a veces, cuando está haciendo una sesión de fotos casi es como si entrase en trance. ¿Cree en algún tipo de trascendencia?

Más que trascendencia, creo que es conexión con lo que no se ve. Yo creo que trascender tiene otra connotación, que es perdurar. Eso no me interesa tanto. Me interesa más esa otra conexión. Y yo sí que creo, porque, además, durante muchos años he estado trabajando sobre esa línea que hay entre esa forma de conectar con lo que no se ve. Hay religiones que lo logran a través del dolor. Yo creo que algo debe de pasar en el cerebro que cuando estamos creando algo o apasionado con algo, entra en ese estado en el que deja de sentir dolor. Creo que nos pasa un poco a todos, que pierdes un poco la relación con la tierra, y a veces es peligroso porque no te das cuenta de que a lo mejor tienes heridas o que hace frío o que… Porque estás en otra dimensión.

Durante muchos años he trabajado sobre esa línea que hay entre esa forma de conectar con lo que no se ve”

Isabel Muñoz

Fotógrafa

¿Se reconoce de alguna manera creyente?

Yo creo muchas cosas. Pero no soy talibana. Me gustaría creer que cada uno pudiera creer libremente en lo que sea.

Además de bellas, sus fotos son técnicamente perfectas. ¿Qué relación hay en su obra entre la forma y el fondo?

Para mí la forma es importante y se va haciendo más importante a medida que la fotografía, las artes audiovisuales van avanzando. Creo que esa necesidad que tenemos de compartir y de contar historias también se centra en esto de alguna manera. Yo vengo de la época de lo analógico y necesito tocar, no solo con las manos, sino también con los ojos y con el corazón. Y necesitaba poder, por ejemplo, tener objetos con la sensualidad del papel de acuarela. Esas técnicas son lo que me meto a investigar. Pero hoy en día, con todo lo que nos estamos rodeando, ya no tengo bastante con una imagen fija, necesito apoyarme con instalaciones, con vídeos. Y allí va esa investigación. ¿Cómo voy a convertir este objeto para hacer más potente lo que quiero contar? O sea, que no es una investigación de virtuosismo. Por ejemplo, con la nacarotipia.

Muñoz apoya a la Asociación Contra la Ceguera Internacional (ACCI), que reúne a un equipo de oftalmólogos de Alicante que viaja a Burkina Faso para operar cataratas y tratar casos de ceguera evitable; en el 2021 les acompañó Ampliar
Muñoz apoya a la Asociación Contra la Ceguera Internacional (ACCI), que reúne a un equipo de oftalmólogos de Alicante que viaja a Burkina Faso para operar cataratas y tratar casos de ceguera evitable; en el 2021 les acompañó Isabel Muñoz

Imprimir fotos con polvo de conchas de molusco…

Sí. Lucho para conseguir las nacarotipias porque primero me entero de que las conchas polucionan y digo bueno pues si yo pudiera triturar esas conchas que tiramos al mar e imprimir con ellas, ya le estoy dando ese mensaje y lo mismo con el coral y las coralotipias. O sea, que voy utilizando materiales que me permiten ir más allá a la hora de crear objetos. Yo creo en la magia de los objetos.

¿Qué técnicas utiliza habitualmente?

Muchas, depende de cada tema. Por ejemplo, he disfrutado y he trabajado mucho ahora en ‘Las piedras del cielo’. Porque para aquella gente la construcción era muy importante, y pensé si yo podría imprimir sobre el mortero sagrado, la misma composición de mortero y cal muerta que ellos usaban para construir. Hay unas piezas que están impresas en mortero sagrado. Y luego, en unas obras la parte de abajo es de plata amalgamada, en otras es de cobre, porque Felipe II se arruinó varias veces y trajo a los mejores alquimistas para intentar conseguir oro y plata. Por eso juego con todos los metales alquímicos. Siempre hay un porqué llego a ello.

Creo que debemos apoyar las iniciativas de la gente joven porque no lo tienen muy fácil”

Isabel Muñoz

Fotógrafa

¿Qué tiene de especial la exposición de Biarritz?

Es una galería pequeña que ha abierto una pareja de chicos jóvenes. Empezaron sin galería en París. Y ahora ha podido abrir esta Creo que tiene mucho mérito, y les tengo mucho cariño. O sea, que va a ser una exposición pequeñita, pero, por mi parte, con mucha admiración y cariño. Creo que debemos apoyar las iniciativas de la gente joven porque no lo tienen muy fácil.

Y aparte de esto, ¿otros proyectos en curso?

Estoy trabajando con un grupo de oftalmólogos alicantinos que llevan veintitantos años dedicando una semana de su mes de vacaciones para erradicar la ceguera en África. Es gente que tiene una pequeña oenegé y a la que he tenido la gran oportunidad de poder dar voz. El trabajo ya está hecho y ahora intentaremos conseguir una sala. Es importante darles voz, no solo porque ellos representan a muchos otros grupos, sino también porque está habiendo un fenómeno importante: en muchos países se está prohibiendo que vayan las oenegés extranjeras y que operen gratis. Y a mí eso me revuelve, porque entonces ¿solo se van a poder operar las personas que tienen dinero?

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