¿Existió el rey Arturo? Las múltiples capas que construyeron el gran mito medieval
Por Iván Giménez Chueca — Portada
¿Existió el rey Arturo? Las múltiples capas que construyeron el gran mito medieval
La forja de una leyenda
Las figuras históricas detrás de este monarca ayudan a comprender la historia medieval de las islas británicas más allá de las brumas de la leyenda

‘Los Caballeros de la Mesa Redonda’, de Evrard D’Espinques, BIBLIOTHEQUE NATIONALE DE FRANCE
Álbum
Iván Giménez Chueca
13/09/2026 06:30 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
Un caudillo romano que lideró a un grupo de jinetes sármatas o un líder britano que peleó contra los sajones son dos de las teorías para darle un trasfondo histórico a la figura del rey Arturo. Las hazañas de este monarca y sus caballeros han fascinado a miles de personas desde la Edad Media, con unos elementos muy arraigados ya en la cultura popular: Excalibur, Ginebra, Merlín, Camelot…
Los historiadores llevan décadas debatiendo sobre si hay algo de cierto detrás de la figura del rey Arturo y rastrean las fuentes para dar argumentos a favor o en contra de su existencia. Las dificultades para identificar a un ser real no impiden que acercarse a este personaje ayude a conocer mejor distintos aspectos del Medievo en Inglaterra y en Europa.

Arturo y sus compañeros de la mesa redonda son la representación más genuina de la caballería medieval, cuya imagen más idealizada comenzó a gestarse hacia el siglo XII. Pero, para empezar a rastrear sus posibles raíces históricas, hay que situarse unas cuantas centurias antes, en el final del dominio romano sobre Britania.
Un héroe desconocido frente a la invasión sajona
El emperador Honorio decidió abandonar Britania en 410, ante la necesidad de centrarse en los problemas en otros lugares, como la misma Italia (invadida por los visigodos de Alarico por aquel entonces). La antigua provincia ahora tenía que depender de sus propios recursos para defenderse de las incursiones de pueblos vecinos como los pictos o los escotos.
Así, los britanos contrataron a mercenarios provenientes de pueblos germanos como los sajones, jutos o anglos, por entonces establecidos en territorios de los actuales Países Bajos o en el norte de Alemania. La solución fue solo transitoria, ya que muy pronto estos soldados de fortuna descubrieron que era más rentable establecerse en las tierras fértiles del sureste de la isla, en lugar de combatir en la frontera septentrional.

Lee también
Daniel Fernández de Lis, escritor: “El rey Arturo vale por lo que es: un mito con una riqueza extraordinaria”
Iván Giménez Chueca
A partir de mediados del siglo V, y durante la siguiente centuria, los conflictos entre los antiguos mercenarios y los britanos por el control de esos territorios fueron constantes. Poco a poco, los segundos quedaron en el oeste de la isla; de hecho, los sajones los llamaron “wealhas”, un término que significa extranjero y que dio origen al topónimo Gales.
En este contexto de luchas surgen las primeras pistas de un Arturo histórico. Es una época con fuentes poco fiables, y la información que ha llegado hasta nuestros días se escribió mucho después.

San Gildas es el único cronista britano del siglo VI cuyo testimonio se ha conservado. Su obra De Excidio et Conquestu Britanniae (Sobre la ruina y conquista de Britania), escrita hacia el año 540, detalla la invasión sajona y la victoria britana en la batalla de Badon (516), pero no habla de ningún rey o caudillo llamado Arturo.
Gildas sí que habla de Ambrosius Aurelianus, el líder que organizó la resistencia a la invasión de finales del siglo V. Algunos historiadores han sugerido que la figura de Arturo podría ser una elaboración posterior de este personaje real, cuyo nombre se cambió en favor de uno más mítico y resonante.
Lee también
El rey Arturo: ¿cómo pasamos del hombre a la leyenda?
Historia y Vida

Para hacerse una idea de la escasez de fuentes, hay que saltar al año 828 para encontrar otro indicio. Está en la Historia Brittonum, una crónica posiblemente escrita por el monje galés Nennio. Pretendía reivindicar a los britanos como los legítimos dueños de la isla, en un momento en el que la pujanza sajona estaba en uno de sus puntos más altos con la consolidación del reino de Wessex.
Nennio se remonta al siglo V para presentar a Vortigern, un rey britano que permitió la entrada de los sajones –presentado como un pueblo traicionero y bárbaro–, quienes acaban atacando a sus patrones. A partir de aquí la crónica relata una docena de batallas donde destaca un líder local llamado Arturo que sale victorioso en todos los combates.

Esta primera referencia a Arturo no lo presenta como un monarca, sino como un “dux bellorum”, un comandante militar. Nennio no específica sus fuentes para hablar de algo que ha sucedido hace más de cuatrocientos años, por lo que se considera que el monje galés pretendía crear un héroe nacional britano que, en su día, resistió contra los antepasados de los mismos enemigos que ahora amenazaban su tierra.
Hay que dar otro salto temporal importante para encontrar una nueva mención. Se trata de los Annales Cambriae, o los Anales de Gales, textos del siglo X que hablan de un líder llamado Arturo que muere en la batalla de Badon contra los sajones.

Lee también
El rey Arturo y las trabas para demostrar su existencia
Carles Padró Sancho
Investigadores más cercanos en el tiempo han planteado sus propias teorías sobre posibles entidades reales de Arturo. En 1925, el lingüista estadounidense Kemp Malone relacionó al rey con unas inscripciones romanas halladas en Podstrana (actual Croacia) que hablan de Lucius Artorius Castus, un oficial romano del siglo II d. C. que comandó tropas de caballería sarmática en Britania.
Algunos investigadores han especulado con que sus hazañas, amplificadas por generaciones de tradición oral, podrían haber alimentado el mito del rey caballero, pero la distancia temporal es muy grande hasta su consolidación medieval.
El historiador británico Geoffrey Ashe –una de las autoridades sobre cuestiones artúricas– propone un candidato: Riotamo. Se trata de un caudillo britano del siglo V que, aliado con los romanos, lideró un ejército contra los godos en la Galia. Según este experto, estas campañas habrían inspirado los relatos que hablan de aventuras del legendario monarca en Europa.
Una herramienta de legitimación
¿Por qué un posible líder britano acabó convertido en el modelo de monarca medieval? Más allá de su exactitud histórica, las crónicas de Gildas o Nenio tuvieron una repercusión escasa fuera de las islas británicas. No sería hasta el siglo XII cuando el clérigo Geoffrey de Monmouth proyectó la imagen de Arturo por buena parte de Europa al publicar, hacia 1136, Historia Regum Brittanniae (Historia de los reyes de Britania).
Monmouth presenta a un Arturo con una imagen ya reconocible para un lector del siglo XXI: dirige a sus huestes de caballeros en la conquista de lugares como Irlanda o Islandia. En una narración anacrónica, el relato sitúa en 542 una gran batalla contra el Imperio romano en la Galia y la traición de su sobrino Mordred, quien le ha arrebatado el trono de Britania.

Además, Historia Regum Brittanniae buscaba glorificar a la dinastía normanda que gobernaba en Inglaterra desde 1066, tras la subida al trono de Guillermo el Conquistador. Estos nuevos gobernantes quisieron vincularse a la tradición previa a los sajones que habían derrotado.
La figura de Arturo cumplía a la perfección con ese propósito: era un rey presajón, de raíces celtas y romanobritanas, que había unificado la isla y proyectado su poder sobre el continente. Asimismo, algunos britanos habían emigrado en los siglos V y VI a Francia, a territorios que habían quedado bajo soberanía normanda, por lo que la legitimación era completa.

Lee también
Los Nueve de la Fama, los héroes Marvel de la Edad Media
David Martín González
El prestigio creciente de la dinastía normanda ayudó a difundir la Historia Regum Brittanniae por toda Europa. Las hazañas de Arturo comenzaron a ganar popularidad en las cortes y se hicieron centenares de copias del texto.
La dinastía Plantagenet –que gobernaría Inglaterra entre 1154 y 1485– utilizó también la imagen de Arturo para vincularse a un pasado glorioso, aunque estuviese cubierto por las brumas del mito.

En la época se dio credibilidad al relato de las gestas artúricas. Monmouth aseguró que se había basado en un antiguo manuscrito galés para componer este relato, y las discrepancias no llegaron hasta mucho tiempo después. Uno de los primeros en cuestionar esta historia fue el monje inglés Ranulf Higden, que en su obra Polychronicon (escrita a mediados del siglo XIV) se preguntaba por qué un rey tan poderoso había pasado desapercibido para los cronistas del siglo VI.
El relato de Monmouth inspiró a trovadores y otros autores para crear más historias, dando lugar a lo que hoy en día se conoce como el ciclo artúrico –todo el conjunto de relatos sobre los caballeros de la mesa redonda–. Poco a poco, estas narraciones fueron introduciendo personajes y elementos que hoy asociamos con el gobernante de Camelot.
Por ejemplo, en 1155, el poeta normando Wace escribió Roman de Brut, una adaptación lírica de la obra de Monmouth donde, por primera vez, se mencionaba la mesa redonda, que tenía esa forma como símbolo de igualdad entre los caballeros.
El gran impulsor del mito de Arturo sería Chrétien de Troyes, poeta en la corte del condado francés de Champaña y considerado el padre de la novela occidental. En sus obras, escritas a lo largo de la segunda mitad del siglo XII, fue aportando más elementos al ciclo artúrico: Lanzarote como el caballero perfecto, su adúltero romance con la reina Ginebra, la búsqueda del Santo Grial…

Precisamente, esta reliquia sirvió para vincular a Arturo con el cristianismo. Al principio, el Santo Grial no era el cáliz de la última cena, sino un recipiente mágico, que Troyes presenta más como el objeto de una búsqueda espiritual. Autores posteriores como Robert de Boron o el alemán Wolfram von Eschenbach recogieron los elementos que vinculaban la reliquia con Jesús.
A finales de la Edad Media, en 1485, se culminó el ciclo artúrico clásico con la publicación de la novela de caballerías La muerte de Arturo. Escrita por sir Thomas Malory, trató de crear un relato coherente con todos los elementos que habían ido añadiendo los autores anteriores: Excalibur, Camelot como corte ideal, Morgana como hechicera ambigua, Mordred como traidor…
Un debate actual
La potencia del ciclo artúrico ha contribuido a mantener vivo el debate hasta la actualidad. En el siglo XX, historiadores británicos apostaron fuerte por la figura real de un Arturo, un jefe militar del siglo V. Un caso destacado fue el del británico Robin George Collingwood, un arqueólogo de prestigio en el período de entreguerras, quien llegó a asegurar que había encontrado la mesa redonda en una excavación en Penrith (noroeste de Inglaterra), pero se demostró que eran restos neolíticos.
En las siguientes décadas, los expertos se mostraron más convencidos de que este personaje era un mito. El historiador David Dumville aseguró en un artículo académico de 1977 que “no hay evidencia histórica sobre Arturo; debemos rechazarlo de nuestras historias y, sobre todo, de los títulos de nuestros libros”.

Lee también
Janina Ramirez: “El mundo medieval era tan complejo como el de hoy”
Abril Phillips
Otro arqueólogo como Nowell Myres, quien había apoyado los postulados de Collingwood durante los años treinta, aseguró en su libro The English Settlements (Oxford University Press, 1986) que “ninguna figura en la frontera entre la historia y la mitología ha malgastado más tiempo del historiador”.
Más recientemente hay acercamientos más ponderados. Tal y como ha explicado a Historia y Vida Daniel Fernández de Lis, autor de Tras las huellas del rey Arturo (Edhasa, 2026), “Arturo vale por lo que es: un mito con una riqueza extraordinaria”. Cree que llevarlo al rigor histórico es no comprender su verdadera dimensión.

Para Fernández de Lis, lo importante es “conocer cómo se construye ese mito, capa a capa, siglo a siglo, desde las supuestas fuentes históricas del siglo VI hasta la enorme tradición literaria que lo fue convirtiendo en el personaje que hoy conocemos. La propia historia de la construcción del mito es la que hace que la figura de Arturo sea realmente apasionante”.
Etiquetas
Mostrar comentarios
Fonte: Portada