Alberto de la Rosa, una vida de orgullo por la música jarocha
La Jornada
El arpista es considerado uno de los mayores exponentes del instrumento en el mundo // Es fundador del grupo Tlen Huicani, que hoy cumple 53 años
“El movimiento arpista de Veracruz está vivo y con mucha fuerza”, afirma Alberto de la Rosa, compositor, arreglista y uno de los mayores exponentes del arpa jarocha en el mundo. Para el artista de 79 años, si antes ese instrumento estaba en Mandinga y Boca del Río, ahora Xalapa es uno de los principales centros de esta expresión, junto con Coatepec y Xico.
En el contexto del 53 aniversario del grupo Tlen Huicani, que se cumple hoy, De la Rosa afirma a La Jornada que la vigencia del arpa jarocha se explica por el apoyo de la Universidad Veracruzana (UV), los ayuntamientos locales, y sobre todo por el interés de la población en estudiar y ejecutar este instrumento.
Como muestra de su vitalidad, citó El Jarochódromo y el récord La Bamba, encuentros que reúnen a cientos de personas que bailan son jarocho en Coatepec y Xalapa, y que este año tendrán su octava y duodécima edición, respectivamente. También mencionó el Festival Internacional del Arpa Alberto de la Rosa, que en junio se realizó por cuarto año consecutivo, y convoca a músicos nacionales y extranjeros.
Entre los exponentes actuales, De la Rosa destaca a músicos jóvenes, como Horacio Martínez y Raúl Monge, quien canta, toca arpa y tiene en su haber más de 50 composiciones. Resalta la presencia de las mujeres, que en los años recientes se han interesado en la ejecución del instrumento.
Sobresale el caso de su hija María Cristina, quien en abril ganó el Premio del Público en el Concurso Mundial de Arpa 2026, que se celebra cada dos años en Holanda. “Logró ese reconocimiento por la emoción que despiertan sus interpretaciones y consiguió que los ojos del mundo artístico se fijen en México”.
De la Rosa se acercó a la música y aprendió a tocar la guitarra en Acayucan, en el sur de Veracruz, donde vivió hasta los 12 años. Recuerda que en un tiempo en que la radio y la televisión no eran frecuentes en los hogares veracruzanos, las familias se organizaban para realizar tertulias.
Los domingos, su mamá ponía una tarima y la música del arpista Andrés Huesca para bailar en su casa. “Era algo familiar; incluso, la palabra fandango ni siquiera se usaba, nada más decían: ‘va haber tarima’”, menciona.
“¿Yo por qué voy a tocar a Elvis?”
Entre los años 1950 y 1960, cuando el rock irrumpió con fuerza en México, De la Rosa quedó cautivado con Elvis Presley, y si bien lo siguió por un rato, llegó un momento en que se cuestionó sus gustos: “¿Yo por qué voy a tocar esa música, si soy veracruzano y mi música es el son jarocho?”.
A los 12 años, durante una semana del estudiante de la Escuela Preparatoria de Xalapa, presenció un concierto de arpa que desencadenó su interés por el instrumento. “Estaba escuchando al intérprete, cuando un amigo me contó que en su casa había un arpa, le pregunté quién la tocaba y me respondió que nadie. Así que le pedí que me la prestara y al otro día fui por ella”.
De la Rosa aprendió a tocar el arpa de forma autodidacta: escuchando discos y acercándose a quienes tocaban. “Los músicos de aquel tiempo eran celosos, quienes aprendían a tocar lo hacían de su papá o del tío. Yo me arrimaba a ellos y poco a poco hice amistad con algunos, hasta que Arcadio Solís me invitó a tocar con él”.
En las épocas de Carnaval o de Semana Santa, De la Rosa se unía a varios conjuntos. “Para que me dejaran andar con ellos no aceptaba nada de lo que ellos ganaban. Y como iba aprendiendo, y se corrió la voz de que no cobraba, otros grupos me empezaron a llamar”.
Después de un breve paso por la Escuela Nacional de Música, en la Ciudad de México, que se vio interrumpido por el movimiento estudiantil de 1968, De la Rosa regresó a Xalapa, adonde ingresó a la Normal Veracruzana Enrique C. Rébsamen, que tenía una intensa actividad artística. Era la época de Miguel Vélez en la danza, Mateo Oliva en la música y Antolín Guzmán, músico muy interesado en los jóvenes.
Como parte del Ballet Folklórico Veracruz, De la Rosa hizo una gira por Sudamérica, que se convirtió en una epifanía. “Me encontré con la sorpresa de que en todos los países había arpa; establecí relación con los intérpretes, traje un paquete de música e incluso un arpa de Venezuela, que es diferente a la nuestra”.
Después de aquellos recorridos, conformó el grupo Tlen Huicani, que dio su primer concierto oficial el 12 de septiembre de 1973, en el Teatro del Estado Ignacio de la Llave. Pronto, la UV se incorporó a la agrupación junto con la Orquesta Sinfónica de Xalapa y Orbis Tertius. “Más que pagar un sueldo, con la bandera de la universidad comenzamos a recibir invitaciones de muchas partes del mundo”.
Con casi 53 años de trayectoria, Tlen Huicani ha tenido presencia en 62 países. “Hemos dado la vuelta al mundo saliendo por el este y regresando por el oeste… infinidad de grabaciones, y Xalapa se ha convertido en la Ciudad del arpa”, subrayó.
Cuando se le pregunta qué enseñanza le ha dejado este instrumento, De la Rosa responde: el orgullo por la música veracruzana. “Ahora que hay una invasión de música de todo tipo, de alguna que podemos decir corriente, donde el éxito es la vulgaridad de los textos, tocar música jarocha es ir en contra de todo eso”.
En un mensaje para las nuevas generaciones, el arpista les pide “que echen un ojo y pongan el oído a la música folklórica. Muchos la consideran de segunda, pero no es así, a diferencia de otras expresiones que son pasajeras, ésta es nuestro orgullo y se mantiene en el tiempo”.
A las autoridades pide que abran más foros que permitan el intercambio de grupos como Tlen Huicani, con exponentes como Fernando de la Mora o la cantante Olivia Gorra, con quienes han alternado en otras ocasiones.
De cara al futuro, habló de la necesidad de documentar a los exponentes del arpa veracruzana y sus composiciones. “Hay gente que me ha preguntado: ‘¿cómo quisieras ser recordado?’ No, no me interesa ser recordado así. A mí me gustaría que sea recordado todo aquello por lo que he luchado, que sea recordado el son jarocho y que se fortalezca. Yo sólo fui y he sido uno de tantos que va pasando”, concluyó Alberto de la Rosa.
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Fonte: La Jornada

