Los ecos literarios de Carmen Laffón
Por Redacción La Vanguardia — Portada
<![CDATA[
En la primera sala de la exposición que el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid ha dedicado este verano a Carmen Laffón, hay una muñeca suspendida en una canasta, casi ingrávida, en la misma atmósfera sombría y onírica que reflejaron en una primera etapa otras pintoras de su época como Isabel Quintanilla o Esperanza Parada. Se trata de Marcelina viaja , un cuadro de 1965 que desprende el halo de fantasía e inquietud de Carmen Martín Gaite en El balneario: el aire de desasosiego y opresión que compartían la paleta oscura, entre expresionista y mágica, de esas artistas que comenzaron a pintar a finales de los cincuenta y la obra de algunas escritoras coetáneas que anticiparon, con su enfoque incómodo y perturbador de la realidad, una tendencia casi unánime en parte de la industria literaria actual que confluye también con el feísmo prevalente en el arte contemporáneo.
Fonte: Portada